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Interés general 18 de septiembre de 2016

Caballos y niños con discapacidad: un vínculo que sana y fortalece

La equinoterapia no es solo subir al paciente a un caballo. Se basa en los principios básicos de la estimulación temprana.

Niños y adolescentes que conviven con discapacidades motoras y mentales mejoran su calidad de vida gracias a la sesiones de equinoterapia.

Niños y adolescentes que conviven con discapacidades motoras y mentales mejoran su calidad de vida gracias a la sesiones de equinoterapia que ofrece en forma gratuita y por derivación médica, el Regimiento de Granaderos a Caballo (Buenos Aires) a través de un equipo de profesionales que es modelo en el mundo.

“El caballo en su andar tiene un efecto mecedor que estimula los músculos de pies a cabeza, ayuda a sostener una postura y a trabajar la simetría, a la vez que fortalece la confianza y seguridad del jinete desde una altura que hace que “al bajar se haya producido un cambio”, contaron especialistas a Télam durante una sesión compartida en el predio del regimiento, en el barrio porteño de Palermo.

“Cuando un niño o adolescente -sea cual sea la problemática- baja del caballo, no será el mismo que subió 30 minutos antes de la sesión. El impacto de la técnica pedagógica ecuestre se ve en el cuerpo, en la cara, en la sonrisa”, dijo Marcela Aldazábal, jefa de Equinoterapia del Departamento Materno Infantil del Hospital Militar.

El programa ya tiene 16 años en el país y es modelo, no sólo en la región, sino en el mundo, destacó la profesional antes de iniciar su jornada como instructora del grupo de niños que se prepara en un sector lindero al picadero.

La equinoterapia, según Aldazábal, “no es solamente subir al paciente a un caballo. Se basa en los principios básicos de la estimulación temprana, El logro de postura y correcto asiento es fundamental. Deben coincidir los dos centros de gravedad: el del caballo y el del paciente para que la terapia tenga éxito”.

La sesión dura entre 30 y 40 minutos y se continúa en los talleres donde los chicos, desde los 3 años, vuelcan en dibujos y juegos la experiencia vital del picadero, explicó Silvia Perrone, licenciada en Servicio Social.

“A través de los talleres, Gastón pudo dejar de balbucear un sonido fuerte y discordante que producía mientras se subía y andaba a caballo. Trabajamos el miedo y el vínculo con el caballo y pudo tranquilizarse y empezar a disfrutar”, sostuvo la psicopedagoga Daniela Moreno Gramajo, otra integrante del equipo, a cargo de más de 20 adolescentes.

Equinoterapia2

La sesión empieza a media mañana de los martes y miércoles en un picadero techado o al aire libre, según el estado del tiempo. Para cuando llegan los chicos, un grupo de Granaderos ya se ocupó de preparar los caballos criollos para que estén disponibles para la actividad.

“El trabajo empieza ‘pie a tierra’, momento en que el chico se acerca al caballo y entra en contacto con el animal, lo acaricia, le habla y se sube en doble monta con el instructor o solo según la problemática que presente el paciente”, señala Valeria Moratorio, la instructora de equitación.

Ambas instructoras, que son pilares fundamentales del vínculo entre el caballo y los jinetes, definen al equino como integrador, motivador y facilitador de la terapia porque, además de permitir la rehabilitación, proporciona confianza, seguridad y autoestima.

Autismo, retraso madurativo, parálisis cerebral, problemas de conducta o de aprendizaje son algunas de las condiciones con las que conviven los niños y adolescentes que acceden al servicio de equinoterapia del Regimiento de Granaderos.

Los resultados se ven dentro y fuera del picadero, ya que en el curso de la sesión y a medida que pasan los minutos un niño llamado Santi, con discapacidad mixta -mental y motora-, empieza a relajar piernas y brazos mientras pone en eje su cabeza y al bajar su cuerpo ya habrá perdido la rigidez que mostraba al comienzo.

Desde que se incluyó a los animales en este tipo de terapias, los profesionales no dejan de celebrar el aporte que reciben del caballo criollo al que consideran, por sus medidas y condiciones, una pieza clave de la terapia en trastornos de tipo motor y mental.

Mansedumbre, calma y seguridad pero también fortaleza, equilibrio, confianza, y sostén son algunas de las características del caballo criollo que colabora y desafía a la vez porque exige poner límites y sortear obstáculos mientras -al no usar la palabra- se conecta sin invadir, una condición imprescindible para problemáticas como el autismo, sostuvo Germán Falke, jefe del Pediatría del Hospital Militar.

“Estos niños viven de consultorio en consultorio. Verlos rehabilitarse sobre un caballo al aire libre mientras es un logro de ellos y también un orgullo para nosotros”, aseguró el médico, que hace un seguimiento de los avances de los niños y adolescentes que disfrutan de la equinoterapia.



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