10 de febrero de 2018
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Cruzar la vereda hacia la gloria

Cincuenta años del fútbol de verano.

Por Vito Amalfitano
@vitomundial

“Yo prácticamente vivía en el estadio San Martín, tenía mi casa a una cuadra y media… Cuando venía y jugaba Perfumo me volvía loco por verlo, era mi ídolo, después fue increíble formar parte yo de esa historia y jugar ahí, a cancha llena, con la camiseta de la Selección Argentina, nada menos”, recuerda con emoción el marplatense Jorge Mario Olguín y resume casi sin querer la importancia de esta historia, de estos 50 años del Fútbol de Verano en Mar del Plata, por la que pasaron los más grandes equipos del país, algunos de los jugadores más importantes del mundo y visitantes extranjeros de relieve.

Perfumo fue una de esas figuras. Y para Olguín, un vecino de la cancha, era el ídolo inalcanzable. Pero después el mismo Olguín fue protagonista de historias grandes del Fútbol de Verano, incluso más fuertes que las del propio “Mariscal”, ya que jugó para la Selección en el San Martín y para Independiente en el Minella, en aquel inolvidable 4 a 3 a River del 80.

“Muchos años después se lo conté a Roberto, se reía y no lo podía creer”, agrega Olguín. Perfumo fue uno de los mejores zagueros de la historia del fútbol argentino pero no pudo ser campeón del mundo con la Selección. Pero Olguín sí, el pibe que se cruzaba al San Martín para ver a su ídolo.

“Lo vio” Romay

Cuenta la leyenda que Alejandro Romay, “el Zar” de la televisión, fue, en realidad, el primer ideólogo del Fútbol de Verano en Mar del Plata. Eran ya los tiempos avanzados del “fútbol – espectáculo” de Armando y Liberti, pero al presidente de Boca le adjudican la “creación”, a “Pepe” Piantoni algunas iniciativas. Todo eso más allá de la organización precursora del recordado “Gordo” Martínez.

Pero Romay es quien “vio” antes el negocio y el show de la TV y para eso hizo iluminar el San Martín. Después vino el cambio de disposición de los arcos y todo el aporte de Armando y Boca a la organización.

Con el tiempo, el fútbol fue como Darío Vittori o Guillermo Bredeston. Una “marca” de los veranos en Mar del Plata. Con el avance de la organización del “Gordo” Martínez, que después continuó “El Gato” Mignini, los torneos se consolidaron con un espacio definido en el calendario del fútbol nacional.

Después llegaron los Vigil y Editorial Atlántida. Recova Producciones fue la transición a Torneos y Competencias y Albino Valentini, “alma mater” de los torneos de verano en 26 de los últimos 28 años, con el respaldo de Jorge Bosco, también histórico presidente de la Liga Marplatense de Fútbol, personalidad importante para la continuidad de la competencia.

Ahora tomó “la posta” Alex Ganly, director de Eventos de Torneos. Y siempre la Liga para apuntalar, ahora con Roberto Fernández al frente.

De Pelé a Maradona, de Bochini a Riquelme…

Del viejo y querido estadio General San Martín al estadio Ciudad Mar del Plata (luego José María Minella) en el 79.
Difícil distinguir hitos entre tantos acontecimientos y partidos salientes. La elección para este suplemento fue una mezcla de documentación y sentimientos. También historias que superan la mera estadística, como aquel primer inesperado campeón, Vasas de Budapest; la noche en la que cantaron más por Boca que por la Selección que un año después fue campeona del mundo o cuando la selección de Mar del Plata e Independiente dejaron la cancha en el 71 y en el 93 respectivamente.

De Pelé a Maradona, de Passarella a Bochini, de Francéscoli a Batistuta, de Caniggia a Riquelme. Grandes estrellas que por aquí dejaron su aureola en algunos casos, o que tuvieron momentos que pusieron un mojón en sus carreras. Passarella, el Gran Capitán de la Selección Argentina, el primer argentino que levantó la Copa del Mundo, debutó en el Fútbol de Verano. “Batigol” “nació” aquí. Enzo hizo la jugada de su vida, más allá de todo lo que le dio a River.

El espectáculo más convocante

El Fútbol de Verano es una marca indeleble de Mar del Plata. Después de la discusión por los números previa a la última temporada, tras un intempestivo cambio de reglas de juego que pretendió instalar a último momento el Secretario de Hacienda, quedó claro que el valor de los torneos para la ciudad es superior a cualquier canon. El primer Superclásico del año casi siempre se juega aquí, las imagenes de Boca y River y el resto de los grandes llegan al mundo desde Mar del Plata, ya hay un turismo estacional “de fútbol”, cientos de marplatenses cumplen tareas directamente en la cancha, en la organización, en los controles, y miles tienen trabajo indirectamente, desde los puestos de “choripán” a los mozos que hay que agregar después de cada partido en los restaurantes o pizzerías tradicionales, por ejemplo. El beneficio es sustancial no solo, y fundamentalmente, los fines de semana “pico”. Este verano de 2018, por ejemplo, nada menos que ocho mil hinchas de Temperley se trasladaron a la ciudad para un partido que se jugó ¡un lunes!, ante Racing. Nunca hubieran venido a gastar en la ciudad tan masivamente si no hubiera sido por ese debut inédito en el Fútbol de Verano.

Hace mucho tiempo dejaron de ser simples amistosos. Aquí, por resultados de los torneos de verano, terminaron ciclos de entrenadores históricos, como Ramón Díaz en River, Alfio Basile en Boca, nada menos.

Aquí varios pibes debutaron, como el propio Passarella, y después fueron estrellas de relieve mundial. Incluso todos los años se escucha el clásico “tal equipo juega con suplentes”. Y siempre alguno de esos suplentes termina siendo una figura al final del año.

Prácticamente cada temporada “oficial” del fútbol argentino empieza con los torneos en Mar del Plata. Y en una ciudad que es única por la acumulación de cientos de piezas, obras, shows, recitales, en tan poco tiempo, en un mes y medio promedio de cada temporada, el espectáculo pago más convocante en 50 años ha sido y sigue siendo el fútbol. La suma de espectadores en el San Martín y el Minella supera incluso la de todos los teatros por los que pasan las mejores estrellas cada año en la ciudad.

Vio “la veta” Romay, se lo cargó al hombro “el Gordo”, nadie quiso cortar la cadena, más allá de lo que sufrió Valentini por el paréntesis del 94. Más de un pibe que vive por Ortiz de Zárate o por Vértiz seguramente se emocionó con el sonido de ovaciones de fondo, sin poder entrar a la cancha. Algunos hasta se habrán podido dar el gusto de ingresar al Minella para ver a sus ídolos. Incluso chicos marplatenses cumplieron el sueño de sacarse una foto con Riquelme en el último Superclásico, cuando como casi nunca, la estrella de afuera eclipsó a todas las de adentro. Ojalá alguno de esos pibes pueda repetir la historia de Olguín con Perfumo. Cruzar la vereda hacia la gloria.

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