19 de abril de 2017
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El nebuloso trasfondo del crimen del cardiólogo Roberto Tortorella

Mientras aún se aguarda que dicten la prisión preventiva para las dos mujeres acusadas del crimen, trascendieron detalles del expediente. Un caso con una trama que mezcla drogas, prostitución, corrupción policial y soledad.

Hace poco más de un mes era asesinado el cardiólogo Roberto Tortorella (72), un crimen que conmocionó a la ciudad y por el que permanecen detenidas dos mujeres, una de ellas policía.

El fiscal Leandro Arévalo, aunque pidió una prórroga para solicitar la prisión preventiva de las imputadas, parece tener resuelto un homicidio brutal, en el que conviven la droga, la prostitución, la corrupción policial y la soledad.
Débora Faijós (28) y la policía Rosa Saino (30) están acusadas de cometer el crimen, robar objetos de valor, ocultar el cuerpo y luego extraer dinero de cajeros automáticos con tarjetas del cardiólogo.

En un principio el fiscal se había inclinado por la idea de la participación de tres mujeres, incluyendo a una joven amiga de ambas. Sin embargo, el correr de los días y la acumulación de pruebas descartó esa posibilidad y limitó la hipótesis acusatoria hacia Saino y Faijós.

Para el fiscal Arévalo no quedan dudas de que el viernes 17 de marzo a las 9 de la mañana, aproximadamente, la policía Rosa Saino llegó hasta la vivienda El Zorzal al 400 del barrio Colinalegre y tras coordinar con Débora Faijós -pareja ocasional de Tortorella- ingresó por una puerta lateral. Dentro de la casa y utilizando su arma de fuego que ocultaba en una mochila de color negro, tomó por detrás a Tortorella y le propinó varios culatazos. Faijós colaboró con ella.

Ambas llevaron al conmocionado y dolorido Tortorella hasta la habitación secundaria de la finca, en donde lo pusieron sobre la cama y le colocaron una almohada en el rostro y una de ellas se sentó encima. Antes le habían colocado dos medias dentro de la boca. Entonces Saino lo esposó en manos y pies y de esa manera logró desmayarlo.

Después de limpiar la habitación envolvieron a la víctima en una cobija que tomó del lugar, arrastraron el cuerpo hasta la camioneta Chery Tiggo del cardiólogo y se hicieron de una pala.

Ambas se robaron dos computadoras portátiles, un reloj pulsera, una linterna recargable, tarjetas bancarias y un teléfono inalámbrico junto a su base.

Faijós, que se mantuvo dentro de la casa todo el tiempo, manejó el rodado por el camino Los Ortiz hasta detenerse en proximidades del arroyo De los Padres. Allí las mujeres hicieron un pozo no demasiado profundo y abandonaron el cuerpo de Tortorella. Al día siguiente, a las 18.30, el cadáver fue descubierto.

Pero esta historia comenzó mucho antes.

Deudas y amistades

Faijós fue la única de las imputadas que declaró y admitió el homicidio, aunque colocó en su amiga Saino toda la responsabilidad. Pero su versión de los hechos, por natural garantía de su derecho a defenderse, puede contener falsedades.

En cambio, la gran cantidad de testigos que engrosan el expediente revela una historia desde otro plano en el que puede advertirse un trasfondo turbio que se inicia con la relación amistosa entre Saino, Faijós y una tercera mujer. Esta última fue alguna vez novia de Faijós, ya que ambas se manifestaban bisexuales.

Pero para intentar comprender por qué una mujer policía termina involucrada en un hecho tan grave hay que transitar por lo que dicen de ella los testigos. Saino, que surge de un entorno familiar complejo, ingresó a la fuerza policial pero siempre tuvo un comportamiento indisciplinado. Su legajo muestra sumarios abiertos en Asuntos Internos debido a distintas acciones que, incluso, se vinculan con el desconocimiento de la línea de jerarquía.

Saino tiene un hijo pequeño producto de una relación con un ciudadano ruso que se fue del país. A pesar de trabajar en su turno de la subcomisaría Casino y horas adicionales no le alcanzaba el dinero para pagar sus deudas. Eso la llevó a sacar un préstamo con un financista pero con el respaldo de una compañera de trabajo, otra mujer policía. Lo cierto es que Saino nunca pagó y a quien le terminaron embargando el sueldo fue a quien le había pedido el favor.
Todo ese contexto de deudas fue el que habría llevado a Saino a pensar en cometer un robo en la casa de Tortorella.

Para ello se valió de su amistad con Faijós, quien desde hacía unas semanas vivía en la casa del cardiólogo. En realidad, Saino era más amiga de una mujer de nombre Erika que había sido novia de Faijós. Todas se conocían del barrio Centenario.

Soledad y
compañía

Tortorella había quedado solo en la vida hace algunos años y moraba solitariamente en su casa de la calle El Zorzal de Colinalegre.

En los últimos tiempos prefería mantener relaciones ocasionales con mujeres, la mayoría de ellas prostitutas que ofrecían sus servicios en la ruta 88. Algunas prestaron declaración en la causa y destacaron a Tortorella como un hombre amable, simpático y que buscaba compañía. Aseguraron que las llevaba a comer o las invitaba a su casa a tomar helado, se ofrecía para atender a parientes con problemas médicos y que les proponía noviazgo, quedarse a vivir con él.

Tortorella fue más allá y logró el contacto con Faijós, una mujer que no se prostituía, con serios problemas de adicciones, tan así que una testigo dijo que no podía usar teléfono celular porque “teléfono que tenía, teléfono que vendía”.

A mediados de enero esa relación circunstancial progresó en el sentido que quería Tortorella y Faijós se fue a vivir con él. “Le compraba ropa, la llevaba a comer, se quedaba en la casa”, refiere el expediente.
Fue entonces cuando, según la hipótesis del fiscal Arévalo, a Saino se le ocurrió coordinar con Faijós el robo en la casa de Tortorella.

Investigación

Aunque la detención de las dos mujeres se demoró algunos días, desde un primer momento la pesquisa estaba orientada. Cruces telefónicos, testimonios y rastros levantados en la casa de Colinalegre permitieron identificar a las sospechosas. Después fue cuestión de reunir algo más de prueba para que la Justicia de Garantías autorizara sus detenciones.

También fue clave que Faijós se presentara por sus propios medios y completara con su versión -como se dijo, de verdades supeditadas a la evidencia- la reconstrucción de lo sucedido.

Lo que también pudo establecer la investigación de Arévalo y de la DDI local fue que el mismo día viernes en que fue atacado Tortorella, la joven Faijós hizo un raíd por distintos cajeros automáticos para extraer dinero con las tarjetas de débito robadas. En total obtuvo 5.800 pesos de los bancos Galicia y HSBC.

Debido a cierta complejidad en la causa y a la espera de resultados de diligencias pendientes, el fiscal Arévalo pidió prórroga para que dicten la prisión preventiva. Mientras tanto, ambas mujeres permanecen alojadas en Batán.

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