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Interés general 15 de octubre de 2017

Francia estudia crear una patrulla policial contra el acoso callejero

Estaría formada por agentes encargados de controlar, atrapar y denunciar conductas por halagos con tonos sexuales. Prevén que empiece a funcionar en 2018.

El debate sobre el daño que puede causar el acoso callejero está hoy más vivo que nunca. Las primeras campañas serias para erradicarlo se iniciaron en Argentina, Chile o Perú.

Un movimiento que saltó el Atlántico y desembarcó en Europa hace un par de años, cuando Bélgica legisló sobre el tema y decidió castigar este tipo de acoso. Portugal también aprobó una ley específica sobre el asunto el año pasado. Castiga el acoso verbal callejero como delito con multas que van desde los 120 euros a penas de un año de prisión. El problema, en ambos países, es que no siempre resulta fácil imponer los castigos si no hay testigos del acoso. Es la palabra de la piropeada contra la del halagador.

 

 

Ahora el debate acaba de plantearse en Francia con una propuesta inédita y que podría acabar con la impunidad con la que actúan los acosadores callejeros. En ese país se ha creado hace unas semanas un grupo de trabajo para estudiar el asunto y plantear un proyecto de ley. La novedad radica en la creación de una Policía de Seguridad Diaria (PSD).

“Es mentira que a nosotras nos gusten este tipo de piropos o que los hayamos tolerado. Lo que hemos hecho ha sido sobrevivir a ese acoso.” asegura Marisa Soleto, directora de la Fundación Mujeres.
Se prevé que estos agentes antipiropo empiecen a patrullar por las calles en el 2018. Su misión: estar muy atentos a lo que se dice en la calle y transportes públicos para denunciar conductas de acoso. La innovadora plantea aún muchos interrogantes: ¿bastará una sola vez para condenar?; ¿la víctima podrá denunciarlo aunque no haya testigos?; ¿cuál será el importe de las multas?

 

 

Las escaramuzas políticas para acabar con la intimidación padecida por muchas mujeres en la calle proliferan al mismo ritmo con que aparecen vídeos (las redes sociales han sido claves en este proceso) de casos concretos de acoso callejero. “Existe una generación de mujeres jóvenes que están utilizando estas herramientas audiovisuales para desmontar la idea del galán espontáneo”, indica Marisa Soleto. En esas imágenes se ve a mujeres que con independencia de su indumentaria o actitud son abordadas cuando andan por la calle. “¡Y ojo con contestar!”, exclama. La respuesta del acosador se repite: “fea, puta, bollera…”.
“Un comentario sobre la apariencia externa de una mujer implica relegar a esta a una condición inferior, ya que en estos mal llamados piropos raras veces se valora su capacidad intelectual o valía profesional, pero sí su sexualidad. Y eso, por sí solo, es ya un claro indicador de superioridad del otro grupo, el de los hombres”, afirma Lorena Garrido, profesora asociada de Filosofía del Derecho de la Universitat Autónoma de Barcelona e investigadora del Grupo Antígona.
Marisa Soleto confiesa estar cansada de oír voces que acusan a los grupos feministas de querer acabar “con la pretendida belleza del piropo, como si esto fuese una bonita tradición o un acto cultural”. El debate –continúa– no es este. De lo que estamos hablando es de educación, de respeto y convivencia entre hombres y mujeres”. A nadie le amarga un halago. “No conozco a ninguna mujer ni ningún hombre al que no le guste”, añade Soleto. “Pero tampoco conozco –sigue– a nadie que le guste que le intimiden por la calle o tener que escuchar groserías de personas a las que no conoce de nada”, concluye.



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