3 de marzo de 2018
Comentarios

En esta nota

Gustavo Sierra: “El 68 nos muestra que hemos involucionado en muchos aspectos”

En su nuevo libro, el periodista hace hincapié en el año que marcó a la Argentina y el mundo durante los siguientes cincuenta años.

Gustavo Sierra. Foto: Télam | Fernando Gens.

La transformación social registrada en los años 60, con epicentro en la Europa del Mayo francés, el rechazo a la guerra de Vietnam en los Estados Unidos y los acontecimientos que provocaron el Cordobazo en la Argentina son abordados en el libro “El 68” por el periodista Gustavo Sierra, quien considera que muchos de esos hechos devinieron en “una revolución cultural” liderada por jóvenes que dejaron un sello hasta nuestros días.

El libro, que abre con el asesinato del Che Guevara en Bolivia, es una invitación a recordar un tiempo convulsionado y de quiebre social que en Francia se inició con el reclamo de reformas educativas por parte de los estudiantes a las que se sumaron miles de obreros, y que en la Argentina tuvo su correlato en el Cordobazo de 1969, que produjo la caída de la dictadura de Juan Carlos Onganía y permitió elecciones democráticas.

El ensayo, editado por Planeta, recoge en más de 500 páginas las distintas coyunturas que marcaron esa década con testimonios de muchos de sus protagonistas y un racconto de episodios que dan cuenta de la resistencia de los pueblos latinoamericanos contra las dictaduras, que en el caso de México derivaron en la sangrienta matanza de estudiantes en Tlatelolco.

“El 68” también rescata hechos que se reactualizan constantemente en la Argentina como el asesinato, por orden de Luciano Benjamín Menéndez, del sacerdote tercermundista Carlos de Dios Murias, que podría ser beatificado por el papa Francisco como una forma de homenajear a otros religiosos desaparecidos durante la dictadura en 1976.

Sierra, que cubrió las guerras de Irak y Afganistán, y es autor de los libros “Bajo las bombas” y “Los chicos del ISIS”, entre otros, dijo en diálogo con Télam que al escribir el libro se propuso que los jóvenes “miren en profundidad lo que sucedía en los 60 para pensar que había gente que quería cambiar las cosas. No me gustaría que piensen en hacer la revolución con un fusil al hombro”.

– Revisar una década es una forma de poner en juego la memoria, ¿qué te llevó a realizar esta investigación y qué hechos activó en tu memoria?

– El 68 fue un año relevante y cuando empecé a investigar me sorprendí de la cantidad de elementos extraordinarios que ocurrieron en ese momento de hace 50 años. Todo lo que comenzó allí marcó a mi generación y a muchos otros en el mundo. En Francia si sos del 68 para algunos sos un héroe y para otros, un traidor a la patria. Lo mismo ocurre en Alemania y en los Estados Unidos, donde las nuevas generaciones van a buscar en esos hechos algo de donde beber cuando quieren efervescencia social.

– En el libro se dice que esos movimientos produjeron cambios profundos pero no una revolución en el terreno político.

– El Mayo del 68 no produjo una revolución, a tal punto que en las elecciones legislativas que siguieron gana De Gaulle, pero por ejemplo en la Argentina devino en situaciones como el Cordobazo, lo que fue muy importante por la caída de Onganía que desembocó en elecciones democráticas. Pese a eso está en un nivel de fracaso por la primavera de Praga, los asesinatos del máximo líder negro Martin Luther King y de Bobby Kennedy. Al mismo tiempo el 68 produjo un cambio social y esas ideas, esas aspiraciones libertarias, ese liberalismo no dogmático -a pesar que venían de dogmas como el maoísmo y el trostkismo- juntó algo que parecía imposible como la política y el psicoanálisis, y la filosofía como práctica dentro de la política. Todo eso hizo que perdurara como idea y provocara esa revolución cultural.

– Esa década estuvo marcada por los movimientos de izquierda y el reclamo de las libertades individuales. ¿Cómo analiza el giro conservador que se registra a nivel mundial medio siglo después?

– A 50 años de ese momento hubo una vuelta de los movimientos populistas que no llevaron a ninguna transformación. Creo que la izquierda está desaparecida en muchos aspectos y han fracasado los intentos en Europa, los Estados Unidos y también en la Argentina, lo que hizo que aparecieran movimientos populistas. Hoy la contracara del populismo son los movimientos conservadores. Creo que el avance científico y tecnológico que estamos viviendo transforma de alguna manera nuestras vidas. Estamos muy atrasados, el 68 nos muestra que hemos involucionado en muchos aspectos y en lo único que veo una evolución enorme es en este salto científico y tecnológico. Si bien la situación ha mejorado por la inclusión de gente que estaba en la absoluta pobreza, mayoritariamente en Asia, en América Latina ha habido un retroceso, particularmente en nuestro país hoy la situación social es peor que hace 50 años.

– Los jóvenes y estudiantes fueron en los 60 los protagonistas fundamentales de esos movimientos revolucionarios, ¿que evaluación hace hoy de la juventud a nivel mundial?

– Hoy y siempre hubo movimientos estudiantiles contestatarios y algunos produjeron algunos cambios y otros no. En este momento me parecen muy interesantes las respuestas que están dando los millennials en las escuelas secundarias de los Estados Unidos en contra de la segunda enmienda de la posesión de armas, después de la matanza en Florida, pero al mismo tiempo habrá que ver si eso tiene algún futuro o pasa a ser uno más de los movimientos como ocurrió en Chile con las manifestaciones universitarias y secundarias durante varios años que consiguieron modificaciones pero que no fueron lo profundas que se esperaban.

– ¿Qué opinión le merece el movimiento de mujeres por el derecho al aborto, teniendo en cuenta que el feminismo tuvo un papel destacado en los 60?

– Con este movimiento de mujeres hay una cultura que desaparece de un cachetazo, en este sentido, en el 68 hubo una raíz de todo esto que fue la segunda ola del feminismo. La primera tuvo que ver con la lucha por el voto femenino, y la segunda se originó en la gran liberación a raíz de la píldora anticonceptiva, que por un lado les dio a las mujeres una libertad extraordinaria, y además fue una reacción a lo que había ocurrido durante la Segunda Guerra mundial: las mujeres habían sido el reemplazo de los hombres en el trabajo, fundamentalmente en los Estados Unidos, y cuando volvieron los hombres las dejaron de lado. En los Estados Unidos hace unos años hubo manifestaciones a favor y en contra del aborto, y ahora se da en la Argentina, donde evidentemente estamos atrasados y las mujeres están a la vanguardia.

– ¿Considera que lo ocurrido en los 60 fue único e irrepetible, o ese fermento revolucionario perdura y puede adquirir otras características?

– Fue único e irrepetible como tal, pero podríamos repetirlo (risas). Creo que nada de todo eso se va a dar de la misma manera y tampoco se puede pensar de la misma manera, porque el nuevo Marcuse estará pensando en Alemania nuevas alternativas, y aquí tendremos a los que estarán a la vanguardia de los trabajadores como Agustín Tosco en su momento, pero de otro tipo y de otra forma, porque creo que si seguimos buscando respuestas en ideologías de hace 70 años no las vamos a encontrar. Nuestro sistema político tiene que ser repensado: no puede ser que tipos como Berlusconi tengan la posibilidad de volver este fin de semana a formar gobierno, no puede ser que tipos como Putin puedan permanecer en el poder de forma eterna, y no puede ser que no haya gente pensando en lo que creo que es la pospolítica. No se pueden combatir los problemas nuevos con herramientas viejas.

Télam.

Subir