11 de septiembre de 2017
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Hay que tener cancha

por Vito Amalfitano

Es insólito que hoy, ante la situación límite de la Selección Argentina de fútbol en las eliminatorias para el Mundial de Rusia, se este pensando en cambiar la cancha como algo prioritario.

No solo es increíble que se discuta. Ni siquiera debería considerarse. Porque la sola valoración del tema le quita prioridad a lo que realmente importa. Que la Selección tiene que jugar al fútbol para sortear este momento, que debe volver a las fuentes, que debe recuperar la autoestima pero a partir del orden y no del cáos y la confusión.

En los últimos dos partidos, los del nuevo entrenador, Jorge Sampaoli, estuvimos ante una teoría de buenas intenciones, de fútbol bien jugado y ofensivo; pero ante una implementación práctica de incongruencias tácticas y desorden.

Es el tiempo de pensar en que la heladera vuelva a la cocina, el inodoro al baño y el sillón al living. No en la casa dónde se deben hacer esos acomodamientos lógicos. Es el momento de jugar “a la argentina” por la camiseta de Argentina y no de pensar en quien va a cantar el himno, mucho menos si se elige un intérprete tan impresentable para la ocasión.

La Selección necesita que el 4 vuelva a jugar de 4, el 3 de 3, el 5 de 5. Que Mascherano deje de correr de atrás a un puntero, que Messi no tenga que volver a retroceder 30 metros para hacerse de la pelota, que Lautaro Acosta (si juega), deba preocuparse únicamente en atacar y no en defender, que un abastecedor como Banega no quede sometido a ser salida lenta sino a pasador rápido para Lío. Que el propio Banega no tenga que encargarse de cubrir el desorden y las tendencias a salir hacia los costados de Pizarro. Que haya un eje, un equipo parado sobre ese eje, un modelo, una idea clásica.

De eso, es de imaginar, se estará ocupando ya Sampaoli. Y de comprobar que el problema no era cambiar el 9 sino nutrirlo bien. Pero ni siquiera un segundo debería estar perdiendo Sampaoli, ni sus colaboradores, ni los jugadores, ni los dirigentes, en pensar en un cambio de escenario.

Y para ir nosotros sí al fondo de esa cuestión,-que sí nos podemos permitir darle un instante de atención al tema-, la cancha de River es el estadio natural de la Selección. Dónde salió por primera vez campeona del mundo y empezó a cambiar la historia. (ahorrense otras lecturas, a Holanda no le ganó la dictadura cívico – militar y se trataba de un equipo insospechado de cualquier especulación; también Hungría y Francia, los otros derrotados por Argentina en ese estadio en el 78). Dónde hay más lugar para público, y sobretodo para prensa, nacional e internacional, y protocolo.

La cancha de Boca, de todos modos, es única por su acústica. Es un templo del fútbol mundial. De hecho Menotti había pedido ser local allí en aquella Copa del 78. El público se siente como en ningún otro lado. Eso puede jugar a favor…Pero también en contra, sobretodo si se trata de un equipo que da la señal de estar más preocupado por el lugar dónde juega que por sus capacidades futboleras.

Por otra parte, es llamativo que ahora impulse a la cancha de Boca para la Selección el mismo dirigente que quiso “jubilarla” hasta hace muy poco, con el delirio de un estadio nuevo cuando el mundo entero admira a la Bombonera.

Lo apuntó muy bien Jorge Amor Ameal, ex presidente de Boca, en su cuenta de Twitter: “Te querían jubilar, te querían demoler, después hacerte cancha tenis. Hoy todos te piden para salvar a la Selección.”

Al fin y al cabo, lo que falta, a esta altura del partido, son dirigentes “con cancha”. Y, hasta el momento, también técnico y jugadores “con cancha”. Que la tengan, a la hora de la verdad.

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