30 de julio de 2017
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Padres distraídos y atrapados por la tecnología

Responder un llamado y mantener largas charlas por Whatsapp son parte de las actividades que hacen a diario madres y padres pero... ¿esto no influye en la atención a los hijos?

por Albertina Marquestau
@albermarquestau

¿Los padres hoy están distraídos? ¿Prestan más atención al celular que a sus hijos? ¿Por qué los chicos los llaman hasta gritarles reclamando atención?

En estos tiempos que se cuestionan tanto las horas que los niños y jóvenes le dedican a la tecnología, la “paternidad distraída” también crece. El tiempo que pasamos con nuestros hijos está interpelado por un teléfono que nos corre del eje de padres y madres. Ahí es cuando nos convertimos en trabajadores full time al contestar mails, mantener largas charlas con un cliente a la hora de la cena, responder consultas a través del Whastapp y, después de la cena, nos “relajamos” mirando la vida de los demás a través del Facebook e Instagram. Mientras todo esto ocurre, nuestros hijos intentan hablarnos, contarnos cómo les fue en la escuela y preguntan algo relacionado con la tarea. Todas prácticas habituales de los hijos de ayer, de hoy, y de siempre.

Es que a pesar de la incorporación de la tecnología a nuestras vidas, los chicos siguen teniendo las conductas típicas de hijos que buscan atención de sus progenitores.

“Hoy vivimos como sociedad uno de los fenómenos con más impacto sobre los niños y su futuro, esto radica en la mala utilización y hasta el abuso por parte de padres hiperconectados a las nuevas tecnologías, donde se desfila en un gran y variado secuestro de los adultos en el mundo de las apps y redes sociales”, asegura a LA CAPITAL Gustavo de Elorza, investigador en neurociencia cognitiva, escritor y consultor en neuroaprendizaje y virtualidad.

La pregunta que se hace de Elorza es ¿cuál es el poder que tienen las pantallas de los diversos dispositivos y que afectan nuestra conducta como padres? A lo que responde: “Los adultos hemos perdido un poco el rumbo ante estas nuevas demandas de la sociedad en la cual el “ser”, “estar” y “tener” implican estar conectados”. Pero aclara que “al momento de cuidar la conexión con el seno familiar observamos que nuestros hijos viven situaciones de orfandad con padres que están vivos-conectados, pero ausentes físicamente”.

Para el especialista en neurociencia cognitiva las conductas del mundo adulto en relación al uso de las nuevas tecnologías “están haciendo que los focos atencionales y de interés pasen más por estar conectados al ciberespacio, olvidándose y no cubriendo la mayor necesidad de atención que los niños y adolescentes requieren en este mundo hiperconectado”.

Asimismo dijo que las transformaciones comunicacionales “distan mucho de tener en cuenta al otro y esto se evidencia en que conversaciones importantes sean interrumpidas ante un sonido del móvil, una vibración o se ilumine la pantalla indicando que alguien nos comunica que quiere ser atendido”, entonces ahí “perdemos la atención inmediata del que tenemos enfrente, generando la necesidad de prestar oído y vista a ese llamado porque, de lo contrario, la sensación de desatención invade nuestro entorno.”

Nueva dimensión

Para Gustavo de Elorza, los abusos o malos usos de las redes sociales por parte de los padres “nos permiten reflexionar sobre cómo las nuevas tecnologías están otorgando una nueva dimensión al espacio y al tiempo”. Esto ofrece ventajas tanto en lo laboral como en los estudios, lo comunicativo y hasta lo social. “Pero no podemos dejar de advertir que esas transformaciones de tiempo y espacio que promueven dichas tecnologías están robando los tiempos y los espacios de la relación entre adultos y sus hijos, y esto debería alertarnos para no caer en la disgregación de las familias”.

El especialista redobla la apuesta y se pregunta “si los adultos distraídos de la vida de nuestros hijos, no estaremos inconscientemente esperando la aparición de una app que cubra estos espacios, perdiendo la verdadera conexión de la mirada, los valores familiares, las emociones, la empatía, la caricia, el reconocimiento, la valorización que hoy están hackeadas”.

Diferentes tipos

El psicólogo Pablo Kersner (MP: 45394) considera que existen dos tipos de paternidad distraída. “Encontramos padres que están distraídos por razones de la vida cotidiana (trabajo y responsabilidades diversas), y aquellos que se hacen los distraídos frente a los compromisos que deben asumir respecto a la crianza de los hijos”.

Para el licenciado en Psicología, el déficit de atención “es una máscara que encubre otras cuestiones”. Como ejemplo citó “la falta de deseo, de motivación y la ausencia de sueños o proyectos”. Asimismo entiende que “los padres hemos entrado en un extraño estadio del narcisismo, nos da por la reivindicación de derechos que debieron ser debatidos en la adolescencia y juventud, o nos da por una rara melancolía que nos deja con los brazos caídos a la hora de afrontar el presente”.

Kersner considera que el déficit de atención en los padres “se debe a esa inquietante soledad de no saber qué hacer muy bien con nuestra tan amada (a veces, no tanto) existencia”.

Consecuencias

Sin duda la paternidad distraída puede tener consecuencias inesperadas. Un estudio realizado por la investigadora y pediatra Jenny Radesky y sus colegas del Boston Medical Group revela que 40 de 55 adultos que estaban con niños en restaurantes usaban sus celulares durante la comida, y 16 lo hacían casi continuamente mientras duraba la comida. Algunos niños aceptaron la falta de atención, pero otros demostraron un mal comportamiento que iba en aumento. Los padres que estaban absortos con sus aparatos mantenían la mirada sobre ellos, incluso mientras respondían a las preguntas y con intención de hacerlo rudamente.

Para la especialista el uso desmedido de teléfonos celulares por los padres está afectando no solo cuánto hablan con sus hijos, sino también cómo se relacionan con ellos. Radesky revela que, tras décadas de investigación, se ha concluido que las interacciones cara a cara de padres con los hijos, desde sus primeros días de vida, son muy importantes para el aprendizaje, comportamiento y desarrollo emocional. “A través de la interacción cara a cara, los niños pequeños desarrollan no solo el lenguaje, pero también aprenden sobre sus propias emociones y cómo regularlas. Al observarlos, aprenden a cómo tener una conversación y a cómo leer las expresiones faciales de los demás y, eventualmente, a ser mejores comunicadores”, explica.

No se trata de demonizar la tecnología, pero sí de no hacer como padres lo que pedimos a nuestros hijos que no hagan: “Vivir distraídos por la tecnología”.

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