27 de diciembre de 2017
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Hizo escuela

Por Vito Amalfitano
@vitomundial

“Alguna vez quiero dejarle a Mar del Plata algo que quede”, me confesó hace mucho tiempo. Estaba pensando ya en lo que luego fundó. Pero, por su humildad característica, soslayaba todo lo que ya le había dado a la ciudad.

Llenó un vacío y, en efecto, le dio algo valioso a Mar del Plata. Una escuela de periodismo. Pero Juan Carlos Morales ya era una escuela de periodismo en sí mismo antes de traer en 1995 DeporTEA, el “Taller Escuela Agencia” y el “Periodismo por Periodistas” que estaba dejando marca en Capital Federal y que llegó aquí de su mano, pero con impronta propia. Tuvimos el honor de acompañarlo, con colegas como Julio Macías y Rodolfo Puleo, en el inicio de esa aventura que es hoy una realidad consolidada de formación de nuevos periodistas.

Pero cuando prácticamente no había institutos oficiales más o menos consolidados y confiables, cuando Morales decía que tenía que dejarle algo a Mar del Plata, ya estaba formando periodistas. Nos estaba formando a nosotros y a otros tantos. Era una escuela en sí mismo, sin edificio, sin marca, sin programa de estudios. Una escuela de periodismo y de vida. Su línea de conducta nos marcó el camino a varios en nuestros comienzos y continuó siendo hombre de consulta siempre. El docente ya existía, antes de DeporTEA. Con más ejemplos que palabras, con más hechos que promesas.

Ya en aquellos primeros tiempos cuidaba el lenguaje en el relato y en el periodismo de manera enfermiza. Por ese detalle, hoy no siempre tan bien valorado en nuestro oficio, Morales fue más el continuador de Fioravanti que el de José María Muñoz, pese a que quedó marcado en la historia como “el sucesor” del relator de América, por el solo hecho que era “el 2” en Radio Rivadavia y después pasó a ser “el 1”.

Ese cuidado del lenguaje, en el “suplemento rosa” de El Atlántico, en LA CAPITAL, y fundamentalmente en sus memorables relatos, ya lo ejercía antes que los programas de DeporTEA dijeran que había que escribir las crónicas con sujeto y predicado, que había que evitar los sobrenombres (porque si hablamos de “el Burrito”, “el Piojo”, “el Pato”, “la Gata”, nos estamos refiriendo más a un zoológico que a un partido de fútbol; porque si abusamos del “mil rayitas” nos olvidamos que se llama Peñarol) y que los nombres de equipos no van con artículo, porque nosotros no decimos el River como ellos dicen el Barcelona.

Ese ejercicio que nosotros le dabamos para hacer a los alumnos en los inicios de DeporTEA, de escribir un artículo sin adjetivos, no solo para evitar exageraciones sino para ser contundentes con los hechos, él nos lo transmitía cada día del comienzo de nuestras carreras sin necesidad de llenar un papel. “No esperes que Juan Carlos te elogie, si él no te dice nada es porque vas por el buen camino”, me deslizaron en LU9 en aquellos inicios, después que me llevara a hablar con él Sergio Vangelista y me temblaran las piernas. Aprendí entonces que era mucho mejor que me eligiera a que me elogiara. Economía de palabras para cuidar el lenguaje, las formas, la conducta.

Antes que ese aporte docente, en efecto, ya Morales le había dado mucho a Mar del Plata con su representación. Por haber sido él el elegido para ser el relator “número 2” de José María Muñoz en la época de Oro de Radio Rivadavia. Por haber sido un embajador de la ciudad en el periodismo nacional e internacional. “El mejor relator argentino”, dice siempre nada menos que Víctor Hugo Morales. Y ayer lo recordó Rubén Aguilera. Todavía hoy en los centros de prensa en Mundiales de fútbol, Copa América y Juegos Olímpicos periodistas de todas las nacionalidades nos preguntan por Juan Carlos Morales apenas decimos que somos de Mar del Plata.

Juan Carlos Morales fue homenajeado por el Concejo Deliberante, por los representantes de la ciudad. Vecino Destacado es el título. Formador de periodistas, de personas, embajador de Mar del Plata, habría que agregar. Al maestro con cariño.

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