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Opinión 11 de marzo de 2018

La foto que definió el álbum del verano

por Ramiro Melucci

La foto fue una de tantas. La imagen muestra al intendente Carlos Arroyo, al ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, al diputado nacional Guillermo Montenegro y al ministro de Producción bonaerense, Javier Tizado. El lugar, el aeropuerto Astor Piazzolla. El momento, el lunes pasado, cuando el ministro de Mauricio Macri anunció una inversión de $ 230 millones para mejorar sus instalaciones.

La foto refleja como ninguna la realidad política de Mar del Plata. Arroyo, que habla de reelección pero no tiene quién lo respalde en la Nación y la Provincia, mira serio al frente, con una expresión que denota más preocupación que satisfacción. Dietrich, micrófono en mano, aparece concentrado en sus palabras. A su lado, Montenegro, el candidato que quiere instalar el Gobierno en Mar del Plata y tiene la posibilidad de participar desde lugares privilegiados de los actos oficiales, muestra toda su dentadura pulcra en una sonrisa ancha. Tizado también está serio, acaso atento a lo que está diciendo el ministro para luego sintonizar con su discurso.

La foto es una postal de la interna de Cambiemos en Mar del Plata. Forma parte del mismo álbum en el que aparece Montenegro conduciendo la silla de ruedas de la vicepresidenta, Gabriela Michetti, en la playa pública que en verano armó Vidal en Constitución y la costa. En el que también se puede encontrar la imagen del diputado con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, en la rambla. O la de él junto a la gobernadora María Eugenia Vidal y el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, en la presentación del Operativo Sol.

En poco más de dos meses, Montenegro acumuló esas instantáneas y varias más. Las suficientes para que ya no haya lugar a dudas: es el hombre elegido por Macri y Vidal para posicionar al PRO en Mar del Plata de cara a las elecciones del año que viene. Aunque no diga que es candidato a intendente. Aunque sólo se le haya escapado a Martín Yesa, el alcalde de Pinamar, en una actividad con jóvenes del oficialismo un sábado a la mañana.

Esa colección de fotos son más que un permiso a Montenegro para que se sienta en libertad de entrar en la contienda del oficialismo marplatense. Confirman, también, el desencanto de Macri y Vidal con Arroyo, al que si no le soltaron la mano todavía es porque ellos mismos lo ayudaron a alcanzar el éxito en 2015.

Es un vínculo desvencijado en el que no se avizora ningún indicio de reparación. Hay un inconveniente: el intendente no quiere bajarse de la pelea de 2019. Ya habló una y otra vez de reelección. Su ex yerno, Mauricio Loria, dijo en el Concejo que quedan seis años de Arroyo. Con la posibilidad de ir por adentro de Cambiemos aparentemente vedada, la opción de que se postule por afuera también desagrada en el oficialismo. Especulan con que el intendente podría obtener un porcentaje de votos que, si bien no le serviría para ganar, le restaría al candidato oficialista. Ergo, habrá arduas negociaciones para que decline sus aspiraciones. No deberá sorprender si algún integrante de su entorno alcanza un lugar expectante en alguna nómina oficialista.

Que en la foto en cuestión no aparezca Vilma Baragiola también marca el pulso de la interna. Mientras Dietrich hablaba en el aeropuerto, la jefa del bloque de concejales radicales estaba con vecinos del barrio Las Dalias. Es una muestra del perfil bajo que busca cultivar la ganadora de las elecciones del año pasado para conservar su capital político. Dicen que por ahora no quiere pelearse con nadie. Mucho menos con Maximiliano Abad, el jefe del bloque de diputados de Cambiemos en la provincia, otro radical que nunca ocultó su deseo de gobernar Mar del Plata.

Llegado el momento, las encuestas darán su veredicto y los altos mandos de Cambiemos decidirán la estrategia a seguir en Mar del Plata. Con un objetivo claro: obtener la mayor cantidad de votos no sólo para retener el municipio, sino también para apalancar las reelecciones de Macri y Vidal.