17 de febrero de 2017
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Las fiestas clandestinas, una pesadilla para los vecinos

Música a volumen muy alto, jóvenes excedidos de alcohol y otras sustancias durmiendo en la vía pública y suciedad son algunas de las consecuencias que padecen los vecinos de distintos barrios.

La casa ubicada en la neurálgica esquina de Aristóbulo del Valle y Peña es una de las sedes de las fiestas clandestinas.

Una de las problemáticas recurrentes en esta temporada de verano en la ciudad son los conflictos generados por las fiestas clandestinas, que provocan serios problemas de convivencia entre “los fiesteros” y los vecinos de esas locaciones, que en general son casas de grandes dimensiones ubicadas en barrios como Playa Grande, Stella Maris y San Carlos, entre otros.

Una de esas viviendas utilizadas para fiestas nocturnas es la ubicada en Aristóbulo del Valle y Peña, en el corazón de Playa Grande. “Vienen grupos de chicos, por una semana o quincena, y hacen fiestas todas las noches. No se puede dormir de los ruidos y el volumen de la música. La última vez se trató de un grupo de Rosario que vinieron a una despedida de soltero”, contó un vecino de la casona de dos pisos.

Una situación similar sufren en el barrio San Carlos. “Vienen grupos de jóvenes y se instalan una semana o la quincena y hacen fiestas todas las noches, ni van a la playa. Ves cada cosa, chicos borrachos o drogados, chicas que entran y salen y muchas son menores, quedan arruinados, pero el problema es que no podemos dormir. Yo soy docente y estas son mis vacaciones”, contaron a LA CAPITAL.

El modus operandi se reitera: los grupos de jóvenes, que van de 10 a 20 personas, pagan “100 mil pesos la quincena o 50 mil pesos la semana”, según los testimonios que consiguieron los damnificados de los propios protagonistas de las fiestas. Y se repiten tanto durante el verano, como en vacaciones de invierno y fines de semana largos. Incluso, muchas veces cobran entrada o piden “una colaboración” para las consumiciones.

Sin escrúpulos

“El problema son los inescrupulosos que alquilan estas casas a esos muchachos. Yo pago mis impuestos y bien caros, la Municipalidad me tiene que dar una solución”, reclamó una mujer vecina del lugar.

Otras de estas viviendas que son sedes de fiestas están ubicadas en Güemes y Vieytes; en Alvear al 4200 y en barrios del sur de la ciudad, como Los Acantilados.

“Pasamos días sin dormir, tenemos que mandar a los chicos a la casa de amigos o a lo de los abuelos, no se puede vivir así. No van ni a la playa, duermen todo el día y a la tardecita empiezan otra vez con los preparativos para la noche”, resumió quien vive en Playa Grande desde hace más de 30 años.

La situación no es nueva, viene reiterándose desde hace unos 5 años y las soluciones no llegan. Al llamar a la policía, los uniformados se apersonan, les piden que bajan el volumen de la música y al retirarse vuelve todo a como estaba en un principio. “La policía y la gente de Ruidos Molestos ponen voluntad, pero no se llega a ninguna solución. De hecho, hace falta una ley que regule esto, no se puede seguir así”, coincidieron los denunciantes.

La cuestión no solo atañe a casas, sino que también afecta a departamentos, dónde los grupos de “fiesteros” son un poco más reducidos y los encuentros se centran “durante la denominada previa”.

Otra de las viviendas denunciada por ruidos molestos es la ubicada al 4200 de Alvear.

Otra de las viviendas denunciada por ruidos molestos es la ubicada al 4200 de Alvear.

Orden municipal

Las denuncias por ruidos molestos se reciben en Belgrano 3467, de lunes a viernes, entre las 8.30 y las 14, en la oficina de “Ruidos Molestos” que dependen de la subsecretaria de Inspección General de la municipalidad de General Pueyrredon. Se considera ruidos molestos cuando las emisiones sonoras superan una medida determinada.

De acuerdo al protocolo reinante, el denunciante deberá llenar un formulario con sus datos y los del denunciado, como así también el horario de los ruidos y la naturaleza de quien o qué los produce. Luego ese papel ingresa en la mesa general de entradas del Palacio Municipal y una vez que la denuncia llega al área de Ruidos Molestos, comienza la etapa de mediación, se notifica al denunciante y se los cita en busca de una solución.

En la etapa de mediación “se notifica al denunciante (y al propietario también, si corresponde) y se los cita para tratar la problemática y buscar una solución. Entendiendo que a nadie le gusta realizar un trámite de denuncia, tratamos de amenizar las formalidades y enfocar toda la energía en la solución, tratando de dejar las contemplaciones y problemáticas vecinales a un costado. De generar esa buena voluntad, el motivo de la denuncia en mayor o menor medida suele solucionar”, explicó el titular de Inspección General, Emilio Sucar Grau.

Divisiones

Si esto no ocurriese, por motivos varios (el vecino subestima el reclamo o no cumple con lo acordado entre las partes o simplemente adopta una conducta irresponsable) “se le reitera la queja formalmente, estableciendo que se le realizará medición de ruidos a demanda del denunciante”, sin que el denunciado conozca día y horario.

“Con la primera constatación en carácter de ruidos molestos -añadió el funcionario-, se realiza una intimación formal al denunciante advirtiéndolo que, en caso de una nueva constatación, deberá comparecer ante el Tribunal de Faltas”.

El área de Ruidos Molestos cuenta con una capacidad operativa de cuatro agentes, de los cuales tres inspectores trabajan en horario nocturno y uno en horario diurno.

Por otra parte, Sucar Gay reconoció que “es importante ordenar la legislación vigente para que sea más adecuada a los tiempos que corren, adaptarla a los tiempos modernos” y en pos de eso adelantó que este año elevarán un proyecto de ordenanza en ese sentido.

Si bien describió que las denuncias “son amplias y abarcan distintas problemáticas”, reconoció que muchas están enfocadas en “domicilios particulares, ya sea porque hacen fiestas clandestinas o tienen un festejo de cumpleaños y piensan que tienen derecho a pasar toda una noche haciendo ruidos que se exceden”, describió el funcionario.

Con ley o sin ella, los vecinos esperan una pronta solución. Se sabe que no se puede vivir sin dormir.


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