17 de abril de 2017
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Las fotos

Por Luciana Balanesi

lucianabalanesi@gmail.com

El mundo se está convirtiendo
en una caverna igual que la de Platón,
todos mirando imágenes
y creyendo que son la realidad.
José Saramago.

Adela y Vittorio se casaron hace casi cincuenta años. Ella, eximia ama de casa, vivió toda su juventud y madurez para y por su familia. El oficio de su marido y las largas ausencias cuando se embarcaba, le impidieron salir a trabajar. Tuvieron una vida austera, sencilla y feliz.

Nunca viajaron. Solamente una vez a Vittorio lo invitaron a su pueblo natal. Adela se quedó encargada ese mes también de las chicas y la casa a la que tiene y tuvo siempre impecable.

Por los pisos lustrados de las habitaciones se anda con patines por ella misma tejidos. El mueble del living parece una galería fotográfica en el que se pueden recorrer y recordar su boda, los nacimientos, bautismos, cumpleaños, actos de colegio y el viaje de Vittorio entre muchos otros.

Ahora las tres hijas están casadas pero a Natalia, la del medio, le surgió una interesante propuesta laboral y se fue a vivir a Canadá. Hasta hace pocos meses Adela no entendía de computadoras. Se manejaba como casi todas las mujeres de su generación y su barrio con las charlas en la vereda y los chismes en el almacén, con los canales locales en el televisor, con el teléfono fijo…

Como le sobra tiempo las hijas le compraron una computadora y está aprendiendo a usar los, para ella, nuevos medios de comunicación. Al principio le costó acostumbrar su mirada, que hasta ahora no tenía un horizonte más lejano que el de su barrio y el mar cuando su marido se embarcaba, al bombardeo de fotos con que las personas se muestran en las redes sociales.

Luego de haberse habituado a la infinidad de eventos que se comparten prácticamente en vivo, comprendió que dichas fotos son como las que tiene ella en el mueble de su casa… Detrás de cada imagen hay una historia que sólo conocen los protagonistas.

Adela sabe que nadie nota la cicatriz, fruto de una desilusión y un desengaño, que tiene la de su boda. Sólo ella sabe que partió la foto en dos y la unió tan bien que ni se percibe. Sólo Adela sabe que desde entonces ya nada fue igual.

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