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Deportes 10 de febrero de 2018

Los húngaros del Vasas, de “infiltrados” a admirados

Llegaron de un país comunista mirados con recelo por el gobierno de Onganía. Impresionaron con sus métodos y despojaron de la gloria a Racing y River. Los sorpresivos campeones del año inaugural.

Arriba: Kenderesi, Bajos, Mathesz, Kálmán Mészöly y Somogyvári. Abajo: Molnár, Puskas, Farkas, Fister y Menczel. El Vasas Budapest que sorprendió a todos en Mar del Plata.

Por Juan Miguel Alvarez

Los húngaros del Vasas Budapest escribieron la primera gran historia del fútbol de verano en Mar del Plata. Fue en su año inaugural, 1968, cuando ingresaron al país pese a los obstáculos del gobierno de facto de Juan Carlos Onganía y festejaron en un torneo organizado para regocijo de River y Racing en el viejo estadio General San Martín.

La ciudad ya era el centro de atención durante los primeros meses del año. José “Pepe” Piantoni y Samuel Ratinoff fueron los principales responsables para que Mar del Plata se constituyera también en la “capital nacional del fútbol”. Así, en la primera quincena de febrero gestionaron un cuadrangular con presencia de River y Racing, que se había coronado campeón mundial de clubes meses atrás. Para darle carácter internacional, completaron la nómina con la Selección de Checoslovaquia y el desconocido Vasas Budapest de Hungría, destacado en un octogonal reciente en Santiago de Chile.

Bajo el gobierno militar de Onganía, resultó intrincado el ingreso de los representantes de países comunistas. Sobre todo en una época marcada por la Guerra Fría, en pleno conflicto bélico en Vietnam.

No era un problema mayor la asistencia de los subcampeones mundiales de 1962 justo cuando se desarrollaba la Primavera de Praga -proceso político que buscaba dejar atrás los aspectos totalitarios del régimen soviético-, que se inició en enero de ese año y se extendió durante ocho meses, hasta su fin con la invasión de la URSS y los aliados del Pacto de Varsovia.

Pero sí incomodaba la presencia del Vasas, club húngaro del Sindicato de Obreros Metalúrgicos, considerado políticamente de izquierda y apoyado abiertamente por el gobierno comunista húngaro. Por eso, el plantel tuvo que hacer un visado especial para entrar al país, con una rigurosa declaración de datos personales.

Superados los obstáculos iniciales, el equipo magiar causó sensación y se quedó inesperadamente con la “Copa Ciudad de Mar del Plata”, donada por la Comisión Municipal de Turismo.

Entrenamientos novedosos y la comparación Carrizo-Yashin

Desde su llegada Vasas llamó la atención. Para la prensa local eran innovadores los entrenamientos en doble turno, en la Base Naval y Parque Camet: a la mañana hacían tareas aeróbicas y a la tarde fútbol. También dejó a todos boquiabiertos la entrada en calor previa a los partidos. “Vasas al ingresar sus hombres al campo presenta la novedad de no practicar con pelota frente al arco. Realizan movimientos gimnásticos y piques durante cinco minutos”, escribió LA CAPITAL.

El inicio del torneo no resultó tal lo esperado. Porque en el preliminar a River-Checoslovaquia, falleció un jugador de General Urquiza: Pedro Marcelo (28 años), quien sufrió un paro cardíaco. El fútbol siguió y en el plato fuerte de la noche el “millonario” ganó 3-1 con goles de los hermanos Ermindo y Daniel Onega (2).

Los húngaros observaron el partido en la tribuna. Y el defensor Kalmas Meszoly dio su impresión sobre River: “Pegan mucho y juegan poco. Solo el ‘viejito’ que estaba en el arco (por Amadeo Carrizo) y Ermindo Onega me gustaron”. Y se animó a comparar al histórico arquero riverplatense con la “Araña Negra” soviética, considerado todavía el mejor arquero de la historia: “Tienen la misma experiencia, pero creo que hay una leve diferencia en favor de Yashin”.

Después, Vasas habló en la cancha. El equipo de camiseta roja, pantalones azules y medias blancas dio el primer batacazo con un 3-1 sobre el Racing de Agustín Cejas, “Quique” Wolff, “Coco” Basile, “Chango” Cárdenas y “Bocha” Maschio, entre otros. “De fútbol simple y veloz”, lo describieron los medios.

Record, reventa, TV y un goleador bailarín

Así llegó a la definición contra River, que marcó record de recaudación en un partido de fútbol en la ciudad, con 9.727.800 pesos (superando los 8.500.000 de un Boca-Peñarol en los días previos) por la venta de 16.000 entradas. Fue tal la expectativa que esa misma noche del 12 de febrero, cerca de la hora de inicio de la final, los boletos para ingresar a la cancha costaban 1.000 nacionales (el precio oficial era de 500) en la ¡reventa de entradas! Sí, ya existía cincuenta años atrás. Como también la disposición de horarios en base a la televisión: arrancaron a las 22.15 para que puedan verse en vivo en Buenos Aires por Canal 13.

River apeló a la pierna fuerte y se quedó sin Cubilla. Vasas, con su clásico 4-2-4 (sistema que introdujo Hungría en 1954), aprovechó cada error rival y se quedó con un inapelable triunfo 3-0 en el partido decisivo.

La gran figura del campeón fue Janos Farkas, quien ya tenía un nombre por sus apariciones goleadoras en la selección magiar: le había anotado un tanto a Brasil en el triunfo 3-1 del Mundial 1966, año en el que también convirtió cuatro goles en un amistoso con Francia.

El ahora “niño mimado” del Vasas, sin embargo, no había pasado una feliz adolescencia bajo el gobierno comunista. También deseaba ser bailarín, actividad que le fue censurada por un tiempo. Recién después de casarse sí le permitieron dedicarle algún tiempo a la música y el baile, más allá de que ya había empezado a destacarse como futbolista, profesión que no abandonó.

Fue el mejor momento histórico del equipo de Budapest, que saltó a la fama en los ’50 con el famoso entrenador Lajos Baroti (dirigió los Mundiales de 1958, 1962, 1966 y 1978), con el que obtuvo su primera liga en 1957, año en el que fue eliminado por Real Madrid en las semifinales de la Copa de Europa. En los ’60 vivió su etapa de gloria, con los títulos de 1961, 1962, 1965 y 1966. Ganó una vez más en 1977 y después perdió protagonismo cuando cambió el régimen. Aquí dejó su huella en el primer año del fútbol de verano. Llegó como “infiltrado” y se fue de Mar del Plata por la puerta grande.