5 de octubre de 2017
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Los contrastes, los sentimientos y “los pliegues” de la Bombonera

La otra mirada.

Por Vito Amalfitano
@vitomundial
Desde Buenos Aires

Serge Fayad se vino desde Niza. Es libanés, vive en Francia, es “fanático” de la Selección Argentina. La sigue a todas partes. No solo en mundiales y Copa América, también en partidos cruciales de eliminatorias como este. Arrancamos un jueves especial en Buenos Aires con él. Y sus profundos conocimientos del fútbol argentino, a tal punto de explicarme porque tenía que jugar, por ejemplo, Emiliano Rigoni.

¿Hay en Argentina “fanáticos” de la Selección? Siempre decimos que el “hincha” de Argentina es diferente al de los clubes, no le va “la vida” en cada partido, casi siempre son familias que vienen del interior y sacan la entrada con mucha anticipación y lo toman como un espectáculo.

Sin embargo, cuando llega el momento del Mundial, o se arriba a estas instancias decisivas en las que se pone en peligro increíblemente la participación en la Copa del Mundo, aparece sí el fervor. Y también el morbo.

Y con el llamativo cambio de escenario curiosamente aparecieron también “súbitos fanáticos” que nunca cantaron por la Selección y ahora lo hicieron con fervor. Se notó mucho desde temprano. A las 18.45 ya la “barra” de Boca cantó bien fuerte “Pipa / Pipa”, con relación al delantero del club Darío Benedetto. Se notó mucho. Nunca pasa en un partido de Argentina, tanta “devoción” por un jugador de un club. ¿Cómo llegó la “barra” hasta acá? ¿Cómo se hizo de las entradas más caras de la historia para ver a la Selección? ¿Y cómo, de acuerdo a investigaciones publicadas en los últimos días, además les quedaron entradas para revender y varios estacionamientos para hacer negocio? En los pliegues del poder, desde dónde se tejió este arriesgado cambio de escenario, habrá que buscar las respuestas.

Increiblemente a las 19.20 el cántico que afloró es el de “el que no salta / se fue a la B”. Ya no solo de la “barra”. Parece que los hinchas y plateistas vip de un club determinado tuvieron privilegios sobre otros para conseguir boletos para este encuentro. Todo fue demasiado descarado cuando “la barra” cantó “ya lo veo / esta noche la alientan los bosteros…”.

Lo cierto es que, efectivamente,-más allá de estos “privilegios” inadmisibles-, la Bombonera generó un clima especial. Se sabe que vibra, late, se mueve. Y que su postal para el mundo es única. Algunos de esos mismos “pliegues del poder” que le trajeron la Selección, hasta hace poco la querían jubilar. En octubre conviene otra cosa.
La fiesta, garantizada. Al menos en la previa. Las incomodidades también. Son 10.000 lugares menos. Y también muchos menos pupitres para la prensa. Tanto que periodistas de prensa escrita, como los colegas de La Nación, no tuvieron dónde poder escribir. Un problema que excedió al departamento de prensa de la AFA. Dificultades de espacio físico que depararon el cambio de estadio.

Cuando la Bombonera vestida de celeste y blanco empezó a moverse al grito de “el que no salta / es un inglés”, poco le importaron estas cuestiones a Serge Fayad, el “fanático” genuino de otras latitudes; a los “súbitos” hinchas por único partido y a los millones que, a las puertas del Mundial, les aflora todo el sentimiento por la camiseta de Argentina y que vibraron y sufrieron esta noche, en este mítico escenario y en cada punto del país.

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