Opinión

Narcos 3, una obra maestra

La tercera temporada de la serie duplica la intensidad que había logrado en el retrato de Pablo Escobar. Esta vez la trama se perfecciona en un relato de espionaje, drogas y miserias políticas.

por Agustín Marangoni

Muerto el patrón, la crueldad continúa. Esta vez sin masacres ni atentados. Las dos primeras temporadas de Narcos construyen un perfil sólido de Pablo Escobar, desde sus inicios en el negocio de la cocaína hasta su último suspiro entre los techos de Medellín. El imperio quedó liberado al primer heredero que tuviera la espalda suficiente para hacerlo funcionar. La historia es real. Atrás quedaron la megalomanía y esa necesidad de mostrarse como una figura emblemática para Colombia. El cartel de Cali ahora avanza en silencio, armado de una estructura de espionaje única. Los jefes mantienen una imagen sobria, aunque puertas adentro los asuntos pintan color infierno.

La nueva lógica en la estructura narco marca el ritmo de la narrativa. Los protagonistas son los contextos históricos: los cambios políticos, los cambios del mercado, los cambios de paradigma social. Los malos se adaptan o pierden. Los buenos no existen.

El cartel de Cali registra cada movimiento de la ciudad en una red artesanal de datos. Los taxis tienen grabadores, también las oficinas públicas, los teléfonos de las casas y, por supuesto, el aparato completo de ministerios y policía recibe sus buenos billetes. Los narcos hacen lo que quieren desde sus oficinas hasta el último callejón de Nueva York, sin disparar una bala de más. El uso de la tecnología es clave para el guión, en esta guerra disminuye la visibilidad de los líderes. Es una bisagra metodológica. Los integrantes del cartel, en sus orígenes, se dedicaban a la piratería por tierra. Demasiado riesgo. El narcotráfico, después de Escobar, se consagró como el negocio más rentable del mundo y se podía controlar con un teléfono.

Así es que el jefe de seguridad y comunicaciones del cartel, Jorge Salcedo, toma un rol protagónico. (El mismo Salcedo –todavía de incógnito por el programa de protección de testigos– fue entrevistado por la producción de Netflix para construir la historia.) El tipo se adelanta a todos los movimientos y revela cualquier filtración de datos, tanto interna como externa. La DEA la tiene mucho más difícil y lo sabe. El cartel de Cali no comete errores, no habla de más: es simpatía pura, asesina a sangre fría con una sonrisa. Y sin dejar huellas.

En Narcos 3 está todo bien hecho. La dirección de fotografía es perfecta, el guión es perfecto y el registro de los personajes es tan creíble que mete miedo. Como siempre en este estilo de productos, Estados Unidos termina elevando la bandera de la victoria. Sin embargo, la trama deja al descubierto cómo mete la cuchara en cada decisión del gobierno colombiano. Las intervenciones son jugadas sucias, cínicas, destructivas. Todo a favor de ellos y a cualquier costo.

La historia se expande a la concentración económica global. La política, las fuerzas de choque, las tareas de inteligencia y el aumento en el consumo de estupefacientes son los pilares necesarios para el nacimiento del capitalismo neoliberal propio de los noventa. Nadie se preocupa por frenar la venta, por el contrario, las drogas aparecen como una herramienta de dominación. Narcos 3 habla sobre la funcionalidad de las mafias para la estabilidad institucional de la derecha en democracia. Con estrategias tan pulidas que hasta los enemigos más acérrimos terminan jugando a favor de lo que quieren evitar.

El uso del archivo histórico es otro elemento fundamental. Esta vez con más documentación e imágenes para contrastar que en las dos primeras temporadas. Hay un paso a paso casi periodístico y el desarrollo está más ajustado a la realidad que en el inicio. Hasta se buscaron las similitudes físicas con los narcos verdaderos al momento del casting.

La cuarta parte hará foco en México y está en proceso de rodaje, con problemas serios: hace quince días asesinaron de un disparo en la cabeza a uno de los productores mientras buscaba locaciones para filmar en Hidalgo. Según deslizaron desde Netflix, la nueva temporada tomará vida y obra de Amado Carrillo, líder del Cartel de Juárez, también conocido como El señor de los cielos, fallecido en 1997 durante una cirugía plástica profunda para transformar su aspecto. La fecha de estreno, al parecer, será para la segunda mitad de 2018.

Mientras, quienes no vieron las otras tres, vayan corriendo a verlas. Eso sí, aprieten bien los dientes. Esto va más allá de cuatro o cinco escenas violentas.