CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
La Ciudad 28 de julio de 2017

No tenían techo y ahora mantienen el nuevo hogar municipal en la Laguna

El hogar de la Laguna de los Padres finalmente abrió sus puertas y dejó conocer las historias de quienes colaboran con el mantenimiento del lugar.

El cielo se mantiene gris hace dos días y una llovizna constante hace estragos en el camino de tierra que permite acceder al Hogar Autogestionado Laguna de los Padres, otro espacio municipal para brindar asistencia a personas en situación de calle inaugurado el martes último.

Pese al barro de la entrada, el nuevo parador esta reluciente, estado que los encargados obligan sutilmente a mantener colocando en cada uno de los espacios del edificio alfombras para limpiarse los zapatos antes de ingresar.

“Este lugar es de todos y los que vienen saben que tienen que cuidarlo”. El dueño de esas palabras cargadas de solidaridad y compromiso es Hugo, quien junto a Daniel y Oscar conforman el “equipo fijo” de mantenimiento del nuevo espacio. Además de compartir el compromiso de hacer del parador un lugar más que sólo habitable, los une el infortunio de conocer en carne propia lo difícil que es no tener un techo, experiencia que motiva la responsabilidad y el esfuerzo.

“Estuve más de un año y medio viviendo en la calle, hasta que el año pasado fui al parador donde hacían el operativo frío, en Brown y Santa Fe. Como vieron que era muy tranquilo me pasaron a El Campito y ahí empecé a trabajar con ellos, sobre todo haciendo trabajos de pintura”, contó Daniel a LA CAPITAL, patrón que se repite en las declaraciones de los demás.

“Todo destruido”

“Cuando terminó el verano nos dijeron que nos iban a traer para acá, donde comenzamos a trabajar de cero porque estaba todo destruido, se caían pedazos de mampostería”, recordó. Según indicó, el estado del inmueble llevó a demandar la colaboración de más de diez personas, pero una vez puesto en marcha lo esencial, Daniel, Hugo y Oscar pasaron a ser los principales responsables de seguir acondicionando el edificio que un día supo ser un hogar de ancianos municipal caído en el abandono.

Las tareas están divididas en función de las habilidades: Daniel se encarga de la pintura y mantenimiento general, Hugo de los trabajos de electricidad y Oscar fue proclamado por sus compañeros el cocinero del parador. Al momento de la visita de LA CAPITAL, Oscar se encontraba haciendo unos trámites pero su lugar en la cocina estaba siendo suplido por Manuel, un hombre de 57 años que fue trasladado desde el hogar ubicado en Etchegaray 252. “A él le decimos ‘El mago’, porque cuando lo conocimos siempre andaba con una galera”, indicó Daniel, bajo la sonrisa cómplice de Manuel, quien dejó de pelar papas para unirse a la charla.

El nuevo espacio

La demora en la apertura del nuevo parador, sumado a la llegada de las bajas temperaturas de invierno y la muerte de tres hombres en situación de calle, generó fuertes críticas por parte de la oposición, organizaciones sociales y la Iglesia. Esta última llegó incluso a anunciar la apertura de un nuevo espacio en la parroquia Santa Rita para agosto.

Lo cierto es que la información oficial había llegado el 16 de marzo cuando, en el marco de la puesta en marcha de un nuevo programa para asistir a personas en situación de calle coordinado por Desarrollo Social, la secretaria del área por aquél entonces, Vilma Baragiola, aseguraba la inminente inauguración de un nuevo parador.

Sin embargo, llegó julio y nada se sabía del nuevo espacio, mientras que la primera candidata a concejal de la alianza Cambiemos le adjudicaba la tardanza a un “problema de cloacas”.

El esperado día llegó finalmente este martes cuando, sólo con una gacetilla de prensa, el municipio informó que el hogar ya estaba en funcionamiento. Según se consignó en una primera etapa, este hogar tendría la capacidad para alojar a 60 personas y, en una segunda instancia -proyectada para el próximo verano-, se incrementaría a 100 plazas.

Además de contar con cocina equipada, termotanque, baños y mobiliario nuevo, comedor renovado y dos dormitorios comunitarios, el parador le brinda la posibilidad a los asistentes de dejar pertenencias en un depósito bajo llave.

“La gente de la calle siempre anda con muchas cosas encima, entonces nosotros se las guardamos acá para que vayan más tranquilos”, señaló Daniel, mientras encabezaba la guía por el lugar y señalaba otras dos habitaciones a medio terminar. “Ahí se va a terminar la dirección y la enfermería, porque hay algunos que llegan en muy mal estado”, aseguró, dando cuenta, una vez más, de la importancia de conocer las consecuencias de pasar frío y abandono.

Según Daniel, el parador “hacía falta”, sobre todo porque “cada vez hay más gente en la calle”.

“Lo que ocurre mucho es que vienen de otras ciudades con la intención de trabajar y desgraciadamente Mar del Plata está para atrás en eso”, explica Daniel, al tiempo que respira y dice, un tanto más aliviado: “Por suerte existen estos lugares”.

Los “tíos”

En varios tramos de la conversación, los tres hombres hacen referencia a los coordinadores de los paradores como “tíos”. “Somos como una familia”, explica Hugo, quien asegura que encuentra en ellos “la contención que hace falta”.

Durante la noche y gran parte del día, siempre hay tres coordinadores que acompañan en el lugar, además de las asistentes sociales y demás profesionales de la salud que trabajan bajo la órbita de Desarrollo Social.

“Estar acá es más tranquilo, es un lugar donde vos venís y te aislás de toda la sociedad que te excluye. Porque es así, la sociedad excluye a la gente de la calle. Hay gente que no, que da una mano como los tíos, pero hay muchas otras personas que no hacen nada”, esboza Hugo, casi sin pensar y con la mirada pegada al piso.

“¿Sentís eso? ¿sentiste la indiferencia?”, preguntó LA CAPITAL y Hugo volvió a sincerarse, pero ahora con la cabeza en alto: “Hay mucha indiferencia y por eso es que muchos son como son, se emborrachan adelante de la gente y reaccionan así. Un tiempo la pasé, pero por suerte ahora no, tengo compañeros que no son así”, agradeció.

“Esa solidaridad es la que tiene la gente de El Campito, yo este año pude renovar el registro gracias a ellos y ya es una cosa más que suma: además del oficio, tengo más herramientas”, agregó Daniel, quien también celebra el reconocimiento. “El viernes pasado, antes de la apertura, hicieron un lechón acá para reconocer el trabajo que estábamos haciendo y vinieron todos”, mencionó.

La inclusión como salida de la calle

Cada uno de ellos, al igual que las personas que ingresan al parador durante la noche, cargan con el peso de sus historias. Algunos prefieren no contarlas -o no recordarlas- y otros, como Daniel y Hugo, encuentran en el recuerdo la motivación que los impulsa a seguir hacia adelante.

“Yo trabajé durante diez años en el teatro Re Fa Si, en Luro. Ahí hacía operación técnica y mantenimiento general del teatro. La verdad es que todo lo que aprendí ahí lo pongo en práctica acá”, señala Daniel, quien terminó quedándose sin trabajo y sin posibilidad de sostener un alquiler por sus propios medios. Por primera vez cuenta que tiene un hijo de 6 años autista que ve “seguido”. “Vive con su mamá”, cuenta y, sin querer entrar en detalle, agrega: “Por eso más que nunca necesito trabajar”.

Hugo, en tanto, confiesa uno de sus desafíos más difíciles. “Aprendí el oficio de electricista por mi papá, pero la verdad es que me mandé muchas cagadas. Después de estar en el parador de Brown, tuve la posibilidad de alquilar pero tuve una recaída, me enganché en la falopa y caí de nuevo”, lamenta Hugo.

Sin embargo, todos asienten cuando Daniel pone en palabras lo que piensan: “Acá lo que es necesario es la capacitación y la educación, hay muchos chicos que tienen que tener la posibilidad de la inclusión. En El Campito funcionaba el Fines y una escuela primaria, que también nos dijeron que va a empezar a funcionar acá. Estaría bueno que le insistan a los chicos a que participen”.

Hacia el final, Daniel sólo asegura que necesitan dos cosas: herramientas y ropa y calzado de hombre. “No importa si es viejo, nosotros los refaccionamos”, señaló, mientras levanta la mirada y pone de ejemplo el nuevo parador. “Sabemos que todavía falta pero bueno, ya estando instalados es otra cosa”, reconoció.