En sus propias manos
por Marcelo Solari
El promocionado y esperado duelo entre los dos líderes de la Liga Nacional "A" de Básquetbol -y hoy por hoy, principales candidatos a reeditar la final de la temporada 2008/09- careció de la vibración y emoción que cabía esperar. La superioridad de Peñarol fue tal que en sólo 20 minutos escribió la historia del partido con tinta azul y blanca. Sin embargo, aunque cualquier juego tenga esa potestad, porque siempre se obtienen datos que sirven, en la victoria y en la derrota, más que nunca tras este enfrentamiento en el Polideportivo "Carlos Ceruti" se revelaron algunas definiciones concluyentes.
Primera. A estas alturas de la competencia, a la hora de la definición de la fase regular, cualquier ventaja que se otorgue, por mínima que parezca, puede resultar decisiva. Atenas lo hizo. Porque se presentó sin dos fichas importantes, como Lo Grippo y Romero, y en pleno partido se le sumó el desgarro de Ferrini. Demasiado hándicap. Claro que de esas bajas, Peñarol no tiene la culpa y las supo capitalizar de movida para imponer condiciones.
Segunda. Esas ausencias de Atenas, que sin dudas influyeron en el desarrollo, de ningún modo le restan mérito a la labor integral de Peñarol. El conjunto de Sergio Hernández jugó un primer tiempo a la altura del que jugó en Mar del Plata frente a Libertad de Sunchales. No es sencillo ganarle casi por 30 puntos el primer tiempo al campeón en su propia casa. Y permitirle anotar nada más que 25 tantos en ese lapso, mucho menos.
Tercera. Es extremadamente difícil que Peñarol reitere dos falsas actuaciones seguidas. Puede perder dos partidos en línea. Tal vez tres. Pero no los va a entregar así nomás. Si el traspié sufrido en La Banda, ante Ciclista Olímpico (106 a 87) había generado algunas dudas, éstas se disiparon de inmediato. En Córdoba, el equipo no sólo volvió a ser en su esencia, sino que además ganó. Y con autoridad.
Cuarta. Más allá de regresos rutilantes a nuestra competencia, Leonardo Gutiérrez sigue siendo el número uno de la Liga. Peñarol, que ya lo había sufrido en carne propia (cuando el ala-pivote jugaba en Boca y en Atenas, por ejemplo), ahora lo disfruta. Lo trajo para eso. Es un ganador como pocos y ya logró dos títulos con la camiseta "milrayitas". Ojo, no juega solo. Pero no cabe duda de que se trata de un jugador distinto.
Quinta. Aquellas lagunas de atención, concentración e intensidad que supo tener el conjunto marplatense parecen haber quedado definitivamente atrás. Tanto, que apretar el acelerador, sacar una ventaja y después conservarla con inteligencia parece ser un contexto de partido que le calza justo como un guante a Peñarol. Antes no era así, porque tras conseguir una brecha en el marcador venía la "siesta" y el rival recobraba energía. Otro síntoma de madurez de un equipo que se muestra cada vez más sólido.
Ultima. Es cierto, no hay treinta puntos de diferencia entre Peñarol y Atenas (aunque por momentos, sí los hubo el domingo por la noche). Es cierto, también, que todavía quedan ocho fechas por delante (aunque ambos tengan todavía partidos pendientes). Pero una cosa es segura. Como había dicho Hernández antes del choque crucial: "Este partido no resuelve nada en forma definitiva. La única diferencia es que el que lo gane sabrá que dependerá de sí mismo para ser o no el número uno de la fase regular". Clarito y sencillo. El duelo lo ganó Peñarol. Ahora todo está en sus propias manos.
