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08-02-2010

De película

por Sebastián Arana

"Nunca, en cien años de historia, un club marplatense logró tanto en un deporte colectivo. Doy otros cien años de ventaja y no sé si se podrá repetir. Lo voy a escribir, lo voy a poner en una botella y lo voy a enterrar. Y que lo desentierren dentro de un siglo para ver qué pasó", decía, a quien quisiera escucharlo, un eufórico Domingo Robles por la segunda consagración de Peñarol como campeón de la Liga de las Américas de básquetbol.

Parece un cuento. O una película. Un club de barrio, en tres temporadas, coronó dos veces la cima del mejor básquetbol de América.

De película fue la definición del certamen. Aflojada de Quimsa mediante a primera hora con Espartanos, Peñarol tuvo que jugar una final con Halcones de Xalapa sin ventaja alguna. A "cara de perro". La dominó en su primera mitad con una sólida actuación colectiva. Pero perdió el control en la segunda porque los mejicanos demostraron que también defendían y que podían jugar en bloque sin depender excesivamente de su tiro externo. Y porque anularon al hombre que hace jugar a todos: Leo Gutiérrez.

Acorralado, sin respuestas colectivas en ataque, parecía que la ilusión del título se desvanecía. Pero el gran protagonista de la película se reveló hacia el final. Kyle Lamonte arregló todos los problemas con decisión, talento y puntería.

Claro que el suspenso fue hasta insano. Porque el equipo marplatense perdió una ventaja de siete puntos en cincuenta segundos y hubo que ir a alargue. Porque en el suplementario perdió a Gutiérrez. Porque recién vio la luz con un triple muy afortunado de Tato Rodríguez cuando el balón parecía perdido y faltaba sólo un minuto. Y porque Lamonte, después de comandar la nave una vez más, erró dos tiros libres y Halcones tuvo en sus manos la posibilidad de empatar una vez más.

De película, también, fue el torneo. Tuvo un partido inolvidable ya en la primera jornada con el espectacular Quimsa -Halcones. Una actuación colectiva de Peñarol para recordar por mucho tiempo en el segundo día para "destrozar" a Quimsa. Un cabal campeón, más allá del sufrimiento del segundo tiempo ante Halcones. Y la más dramática de todas las definiciones de la Liga de las Américas.

De película, asimismo, fue que este Final Four se haya jugado en Mar del Plata. Con una buena organización montada en una semana. Mérito, en gran parte, de los reflejos de Domingo Robles -dio una prueba más de ser, por lejos, aunque no lo reconozcan quienes reconocen, el mejor dirigente deportivo de la ciudad- para aferrar la oportunidad ni bien consumada la clasificación que el equipo de Sergio Hernández consiguió en Panamá.

Y, a propósito de Robles, de película también es esta parábola de Peñarol. Que a fines de 2001, cuando se incendiaba el país, estaba, según las particulares definiciones de su presidente, "intentando subirse a la lona porque ni en la lona estaba". Y que hoy tiene un mejor club, una muy buena villa deportiva, más socios, unas inferiores envidiables y recuperó su condición de potencia dentro del país. Ah, y es el mejor equipo de básquetbol del mundo FIBA en toda América. ¿The end?