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11-02-2012

El peor final para Lazarte

Cuando llevaba bien la pelea en las tarjetas, Casimero sorprendió al marplatense con la guardia baja y se impuso por nocaut. El desenlace del combate dejó paso a la furia. El público atacó con saña al nuevo campeón y a su rincón, quienes todavía no se sabe cómo escaparon. La policía, bien gracias.

Por Sebastián Arana ([email protected]) - El sueño del marplatense Luis Lazarte de coronarse campeón por segunda vez tuvo el peor final. Con sus mañas y su agresividad, ganaba en las tarjetas. Pero Johnriel Casimero, nuevo campeón mundial interino de los minimoscas de la Federación Internacional de Boxeo, lo sorprendió con la guardia baja en el noveno y un round más tarde lo sacó por nocaut tras derribarlo cuatro veces.

Después, el escándalo. Once Unidos y la pasiva policía fueron testigos de una de las más salvajes agresiones hacia un púgil visitante que se recuerde. Casimero y su rincón fueron atacados a sillazo limpio y luego, cuando los vándalos ganaron el ring, a patadas y trompadas. El propio campeón, de milagro, pudo escabullirse y esconderse debajo del ring. Y salió de ahí unos minutos más tarde ante la sorpresa de todos. Una película de terror.

Enseguida se calentó la pelea. El calculado avance de Lazarte y la actitud de espera de Casimero duraron apenas un round. Porque ninguno de los dos escatimaron en utilizar la cabeza como un tercer puño y las infracciones se multiplicaron. Sobre el final de la primera vuelta, en una acción enredada, el marplatense se quejó visiblemente de un cabezazo que estuvo acompañado por una derecha posterior que llegó nítida a su rostro.

El árbitro mandó detener el reloj, los filipinos se quejaron de que el ?Mosquito? estaba simulando y el local comenzó su guerra dialéctica con los segundos del visitante.

Lazarte salió como un león herido en el segundo round. A achicar las distancias y a tirar golpes. Y logró un par de situaciones de desborde ante un adversario en extremo cauteloso y que no aprovechó su mayor alcance de brazos para tenerlo a distancia.

Esa postura de Lazarte se mantuvo en el tercer round y el cuarto fue el más favorable para sus posibilidades del primer tramo de la pelea. Allí colocó tres derechazos sólidos, importantes, por adentro de la guardia de Casimero, quien además sufrió el descuento de un punto por abrazar al local y hacerlo tropezar en una acción grotesca.

El neoyorquino Eddie Claudio, árbitro del combate, ya demostraba a esa altura poco carácter para frenar la catarata de infracciones de los dos. Lazarte, en ese juego, se sentía en su salsa. Y a comienzos del quinto derribó a Casimero con una derecha cortita. El asiático, mientras el rincón protestaba que no había existido el golpe y la emprendía contra el árbitro, se repuso rápido físicamente.

Pero boxísticamente poco comprendía sobre lo que le estaba ocurriendo, superado por un Lazarte mañero como siempre y agresivo como pocas veces.

El dominio del local sufrió un parate en el sexto cuando por fin Claudio se decidió a descontarle un punto luego de una de sus muchas infracciones. Casimero, un round más tarde, pudo por primera vez en la noche asumir la iniciativa y controlar el centro del cuadrilátero.Pero en su mejor momento, un round más tarde, sufrió el descuento de otro punto que lo frenó. Incluso, Lazarte terminó esa vuelta, la octava, colocando un par de buenos golpes.

Poco hacía presagiar el drama del noveno round. Porque Casimero, que ya mostrado sus dotes de gran contragolpeador ante el colombiano Canchila, sorprendió a Lazarte con la guardia baja con un derechazo que le conmovió hasta el alma y lo envió a la lona. El marplatense se levantó, pero ya estaba nocaut parado. Cayó una vez más en ese round y dos más en el décima hasta que Claudio, en su mejor decisión de la noche, detuvo el combate.

Y después el bochorno. El aluvión de sillas hacia el ring. Y la agresión salvaje de los particulares que ingresaron como Pancho por su casa hacia el rincón de Casimero y hacia el propio púgil filipino, a quien llegaron hasta patear en el piso. Una verdadera vergüeza. El sueño mundial de Lazarte tuvo el peor final. Y seguramente también sus posibilidades mundialistas. Al menos, aquí en Once Unidos, después de esta vergüenza, no combatirá más.