Publicado el 17/07/2012
por Víctor Molinero
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Twitter: @vhmolinero
Días atrás, LA CAPITAL publicó un amplio informe sobre la historia del último gran clásico que tuvo el fútbol marplatense. Porque en los próximos días se cumplirán quince años del último Aldosivi-Alvarado. Quince años. Desde entonces, los torneos de la Liga Marplatense, en su primera división, continuaron con una caída estrepitosa. Yendo a pérdida en cada jornada, con menos de 50 entradas vendidas inclusive en canchas donde se juegan dos partidos.
Por otra parte, los Alvarado-Aldosivi ni siquiera pudieron jugarse en forma ?amistosa?. Por incapacidades organizativas, por temores dirigenciales y/o policiales y por la intolerancia de aquellos hinchas que traspasaron la barrera del folklore en el fútbol.
Dicen que hoy, protagonistas de los dos clubes más convocantes de la ciudad en materia futbolística, hacen los primeros ?approachs? en silencio para intentar reflotar el clásico. No es una tarea sencilla. Pero al menos de los dos lados, después de varios años, se dieron señas de querer jugar. Es un principio.
Es que estos partidos son los que despiertan intereses olvidados. Contagian.
Un buen ejemplo se dio días atrás a pocos kilómetros de aquí, en la vecina localidad de Balcarce. Allí, después de 23 años volvieron a cruzarse en un partido oficial el Club Atlético San Agustín y Deportivo Los Pinos, los representantes de los pequeños pueblos homónimos que comprenden el partido de Balcarce. Para los sanagustinenses ?que supieron ganar la liga balcarceña en 1970 y enfrentar al histórico Kimberley de aquellos años en el Regional- fue además una esperada vuelta al fútbol, tras años de no presentar equipos en torneos oficiales.
El ?clásico chacarero?, como lo catalogó la prensa balcarceña, se robó todas las miradas. Los organizadores no salían de su asombro por las 750 entradas vendidas y por la buena renta que les dejó el buffet aquel día. Y hasta los propios referentes de la Liga serrana destacaron la gran concurrencia, como hacía años no sucedía. Fueron, por su puesto, muchos desde San Agustín y Los Pinos (pueblos que en la década del 50 tenían alrededor de 5.000 habitantes y que hoy apenas tienen un 10%) pero también varios ?imparciales? de Balcarce, amantes del fútbol, que no desaprovecharon la ocasión de vivir un partido ?distinto?. Ni siquiera una final anual del fútbol marplatense reúne esa cantidad de gente.
Los Pinos ganó 1 a 0 y el público se comportó de manera excelente. Tanto que, se supo luego, tras el festejo en caravana de los ganadores primero por Balcarce y luego por el pago chico, recibieron la visita de los perdedores. Como en un cuento, vencedores y vencidos terminaron disfrutando juntos la vuelta del clásico. Sin disturbios. Algo impensado hace medio siglo por aquellos pagos (donde los cruces eran más ?ásperos?) y mucho menos por estos lares, donde si hoy no se juega un Aldosivi-Alvarado es por el temor sobre lo que pueda suceder fuera del campo de juego.
Está claro que no se puede comparar el choque entre San Agustín y Los Pinos con un Alvarado-Aldosivi, que tendría sin dudas una dimensión y expectativa muy superior. Pero también parecen más ?complicados? y masivos los enfrentamientos entre Talleres-Belgrano, Unión-Colón, Estudiantes-Gimnasia, Newell?s-Central y San Martín-Atlético, entre otros. Y se juegan.
Pedir por el buen comportamiento de todos los asistentes a un posible clásico local ya parece una quimera. Pero tampoco es creíble que no se puedan tomar los recaudos necesarios para jugar el duelo como sucede en Córdoba, Santa Fe, La Plata, Rosario, Tucumán, o tantas otras ciudades del país que todavía vibran con esos partidos distintos.
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