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01-09-2010

Estados Unidos sustituye a su general en Irak tras fin de misión de combate

Estados Unidos inició ayer la última fase de su campaña militar en Irak con el reemplazo del comandante de los 50.000 soldados que permanecerán en el país para entrenar al ejército iraquí.

BAGDAD, Irak.- Estados Unidos inició ayer la última fase de su campaña militar en Irak con el reemplazo del comandante de los 50.000 soldados que permanecerán en el país para entrenar al ejército iraquí, en medio de advertencias del nuevo general de persistentes amenazas de "elementos hostiles".

El cambio de mando se realizó con una ceremonia en Bagdad horas después de que el presidente estadounidense, Barack Obama, declarara la noche del martes oficialmente el fin de las operaciones militares norteamericanas en Irak para preparar a las fuerzas locales a fin de que asuman plenamente las tareas de seguridad.

El gobierno iraquí celebró el martes el fin de las operaciones estadounidenses y se manifestó listo para tomar las riendas de la seguridad y asumir el combate a una insurgencia debilitada respecto de su apogeo entre 2005 y 2007 y lidiar con las históricas pero renovadas tensiones entre las etnias iraquíes.

Sin embargo, la falta de un gobierno desde hace seis meses tras unas elecciones sin ganador definido genera temores de inestabilidad y dudas sobre la capacidad del gobierno de mantener la lucha contra los rebeldes, según advirtió Estados Unidos, que exhortó a las partes a ponerse de acuerdo y formar un gobierno.

El nuevo comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses, general Lloyd Austin, dijo en la ceremonia de sustitución de mando que Irak sigue amenazado por "elementos hostiles" y que el "compromiso nacional" de Estados Undios en el país árabe "no cambiará", informó la cadena CNN.

El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, el secretario de Defensa, Robert Gates, el jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, almirante Mike Mullen, así como el reemplazado general Ray Odierno, asistieron al acto, que se realizó en una base militar estadounidense en el suroeste de Bagdad.

Más de 4.400 soldados norteamericanos y un número estimado en 100.000 iraquíes murieron en Irak desde la invasión estadounidense sin aval de la ONU de marzo de 2003, que derrocó al ex presidente iraquí Saddam Hussein.

La violencia cayó significativamente en Irak desde el pico de la violencia insurgente e intercomunitaria, en 2006 y 2007, aunque los ataques no cesaron del todo, incluyendo esporádicos atentados con numerosas víctimas.

El número de militares estadounidenses desplegados en Irak cayó este mes por debajo de la marca simbólica de 50.000, y a partir de hoy estos efectivos dejarán de prestar tareas de combate y su misión será "entrenar y asesorar" al ejército iraquí hasta su retirada total, prevista a fines del año próximo.

La última brigada de combate estadounidense salió de Irak hace diez días y cruzó al vecino Kuwait, con lo que quedaron en suelo iraquí 49.700 efectivos norteamericanos, menos que la tercera parte de los 170.000 que llegó a haber en 2007.

Al anunciar el martes por la noche el fin de las operaciones estadounidenses en Irak, Obama dijo desde el Salón Oval que era tiempo de "dar vuelta la página" y dejar que los iraquíes asuman la seguridad del país.

El mandatario rindió tributo a los soldados norteamericanos que pelearon en la guerra pero dijo que es tiempo de dedicarse a la recuperación de la economía y el empleo de su país, golpeados por la crisis financiera golbal.

El presidente Obama fue crítico de la guerra desde su comienzo, se pronunció en contra de la invasión pergeñada por su antecesor George W. Bush y durante su campaña presidencial prometió sacar las tropas estadounidenses del país árabe.

Con el argumento de que Saddam tenía armas de exterminio y vínculos con Al Qaeda, Bush invadió Irak con la aprobación de un Congreso todavía influenciado por la tragedia de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Las armas de destrucción masiva nunca fueron halladas ni se probaron lazos entre Saddam y Al Qaeda, y toda la operación quedó muy desprestigiada ante la opinión pública mundial y dañó las relaciones entre Estados Unidos y Europa, donde Francia y Alemania lideraron la oposición a la invasión.

El secretario de Defensa Gates dijo ayer que la historia juzgará si valió la pena la guerra, que además dividió profundamente a los estadounidenses.

"El problema con esta guerra, creo, para muchos estadounidenses, es que la premisa con la que justificamos el ir a la guerra resultó no ser válida", dijo Gates al visitar a soldados estadounidenses en la ciudad Ramadi, antes del acto en Bagdad.

"Incluso si el resultado es bueno desde la postura de Estados Unidos, siempre estará ensombrecido por la forma en la que comenzó", agregó el jefe del Pentágono.