Fuentes y su romance eterno con Buenos Aires
por Leticia Pogoriles (*)
Hace pocas semanas Carlos Fuentes, que falleció en México, volvió a Buenos Aires, la ciudad donde pasó buena parte de su adolescencia, donde se enamoró, escuchó sus primeros tangos de la orquesta de Aníbal Troilo y óperas en el Teatro Colón, leyó cuanto libro pudo de Jorge Luis Borges e incluso, las calles porteñas, fueron la inspiración para su novela "Instinto de Inez".
"Crecí viajando y es inevitable que aparezca en mi novela. Mis padres eran diplomáticos del servicio exterior mexicano, conocí muchas partes del mundo y nunca sabes qué parte de la vida se va a convertir en ficción", dijo hace diez años.
En una entrevista reciente que salió publicada en el diario El País de España, Fuentes contó que llegó a Buenos Aires en 1943 junto a su madre y a su padre, Rafael Fuentes Boettiger, por ese entonces consejero de la embajada de México.
"En la escuela se daba una educación fascista. Y le dije a mi padre: 'Mira, yo vengo de la escuela pública de Washington, no soporto esto`. Y me dijo: `Tienes toda la razón, tienes 15 años, dedícate a pasear'. Y eso hice", rememoró.
"Durante un año me convertí en hincha de la orquesta de Aníbal Troilo. Lo seguí por todos lados. La librería Ateneo me alimentó con literatura argentina, me enamoré de una vecina que me doblaba la edad. Yo tenía 15 años, ella 30. Y siempre que regreso tengo la sensación de que rejuvenezco, de que vuelvo a tener 15 años y dónde está la francesita de enfrente, ¿no?", contó en una de las últimas entrevistas que concedió.
En 1996 escribió un artículo sobre el libro "Santa Evita" de Tomás Eloy Martínez, allí Fuentes vuelve sobre la ciudad: "En 1943, yo vivía en la esquina de Quintana y Callao. Acababa de cumplir quince años, pero no iba a la escuela para evitar la ideología fascista promulgada por el ministro de Educación, Martínez Zuviría (que escribía novelas con el seudónimo de Hugo Wast). Quería regresar a México, y la Argentina era un compás de espera".
Pero enseguida encontró lo que una y otra vez volvía a añorar: "En vez de estudiar, me dediqué a leer a Borges, seguir a la orquesta de tangos de Aníbal Troilo, ir a los cines de la calle Lavalle y oír novelas radiofónicas", agregó quien fuera un eximio bailarín de tango.
A las diez de la mañana, recordaba, se quedaba solo en su casa, con Eva Duarte en la radio de fondo y el temblor de un romance furtivo con la vecina. Así, un pícaro Fuentes respondió hace poco que en esa aventura pasional fue "Mmmuy correspondido porque el marido estaba dirigiendo películas el día entero".
En otra entrevista de Mercedes Giuffré y Pablo Rodríguez Leirado realizada cuando presentó "Instinto de Inez" en el año 2000 en el Malba, el mexicano habló sobre la verdadera inspiración para ese trabajo.
"Esta novela nació en Buenos Aires, cuando estaba aquí en los años de la Segunda Guerra Mundial. Los grandes músicos europeos y los cantantes habían dejado un continente dominado por los nazis y a muchos de ellos pude escucharlos por primera en esta ciudad, en el Teatro Colón. Pero nunca supe que iba a escribir una novela con tema de ópera".
"Así suceden las cosas, la semilla se entierra y, si no muere, a veces da sus frutos y uno los recibe. Es el caso de esta novela y de `Gringo viejo`, que empecé cuando tenía 17 años en un viaje en ferrocarril por el norte de México, por los desiertos de Chihuahua, y que luego terminé escribiendo treinta o cuarenta años después".
"Siempre -siguió Fuentes- es un misterio qué es lo que desencadena la creación literaria, cuál es el gatillo para iniciar un proyecto. No hay una programación previa, no está computarizado sino que una buena mañana uno se despierta y hay un sol interior que dice hoy te sientas y te pones a escribir. Eso es lo que pasó con esta novela".
Sobre su última visita, la que lo volvió a reencontrar con su público argentino, Fuentes dijo sobre Buenos Aires:"Ha cambiado muy poco, es una ciudad idéntica a sí misma. Era una ciudad que se hizo en el gran auge ganadero y agrícola, desde Sarmiento (1811-1888) hasta 1940. Pero están las mismas grandes avenidas, los mismos grandes hoteles..."
"Era una aldea en 1820 y dio un gran salto y se convirtió en Buenos Aires, que era la ciudad más atractiva, más moderna de América Latina. En esos años los argentinos despreciaban mucho al resto de América Latina: los brasileños eran macacos, los mexicanos éramos pistoleros. Y ahora ya somos iguales todos", remató Fuentes hace pocos días.
(*): Télam.
