Una mirada sobre el pasado y la crisis de Europa
La española Mercedes Cebrián es una de las participantes de la edición 2012 del FILBA. Llegó para presentar "Oremos por nuestros pasaportes", una antología de relatos y poesías.
por Julieta Grosso (*)
La escritora Mercedes Cebrián llegó a la Argentina para participar del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA) y presentar "Oremos por nuestros pasaportes", una antología de relatos y poesías que permite ver el carácter exploratorio y singular de quien está considerada una de las voces más interesantes de la nueva literatura española.
Un clima onírico que articula ensoñaciones, pesadillas y apuntes de corte sociológico sobre la declinación de Europa vincula los tres libros y textos dispersos que conforman esta flamante antología, integrada por "El malestar al alcance de todos" (2004), el poemario "Mercado Común" (2006) y las dos nouvelles reunidas en "La nueva taxidermia" (2011).
"Tener reunido en un sólo volumen mis tres libros publicados hasta la fecha más algunos textos sueltos, permite detectar los núcleos temáticos de mi obra: en primer lugar, la observación del mundo contemporáneo desde una perspectiva de extrañamiento (la única posible en mi escritura ya que jamás podría utilizar formas vehementes para explicar un hecho)", explica Cebrián a Télam.
"Por otro lado, también hay distintas apreciaciones sobre España y su posición en Europa, asociado a esto la idea de cómo determina una identidad el hecho de haber nacido en una geografía", acota.
Además de dedicarse a la literatura, Cebrián es autora de artículos publicados en diarios como El País y La Vanguardia y traductora al español de Georges Perec y Alan Sillitoe.
En "Oremos por nuestros pasaportes", recién editado por Mondadori, no hay grandes artificios literarios ni escenas grandilocuentes: por la mayoría de sus personajes circula una corriente subterránea de malestar o inquietud cuya naturaleza debe descifrar el lector.
"Mis personajes, sobre todo en el último libro, recorren caminos más largos o intrincados para llegar a un destino, es decir, parten de una incomodidad o incapacidad para aceptar un orden convencional y al final recorren caminos con más obstáculos que el común de la gente, pero terminan viviendo con mayor intensidad", apunta Cebrián.
Otro de los focos temáticos recurrente en la autora es el de la memoria: en "La nueva taxidermia", por ejemplo, la irrupción de un personaje que monta una empresa dedicada a recuperar el pasado de las personas motoriza una reflexión sobre la brecha que existe entre un episodio y los soportes materiales que lo recrean.
"Sí, el pasado está omnipresente en mi obra y también la relación con los objetos. En el caso de esta nouvelle, me interesa explorar en qué momento está siendo uno feliz, cómo se puede datar esa felicidad -analiza-. Quería trabajar temas diversos como el pasado y su imposible reconstrucción, la gestión del yo, la responsabilidad que implica el hecho de hablar...".
Los textos que integran "Oremos por nuestros pasaportes" pertenecen a formatos muy variados que van del relato y el manifiesto al poema y la nouvelle, una versatilidad que da cuenta de la relación que Cebrián mantiene con la escritura.
"A veces me da miedo que me resulte tan claro qué temas o tratamientos van para poesía y cuáles para prosa, como si fueran dos compartimientos bien diferenciados -indica-. Si quiero recorrer algo y darle muchas vueltas como un mantra opto por la poesía, pero si quiero desarrollar algo relativo al funcionamiento de las ciudad o el mundo, me tira más la prosa".
Desde el punto de vista estilístico, las obras de Cebrián ilustran de alguna manera el proceso de elección y calibración del lenguaje: a cada escena le corresponde un sistema de palabras que no puede ser fácilmente reemplazado por otro, y donde "pelo", por ejemplo, no es lo mismo que "cabello", tal como señala en un tramo del texto "Aluminosis".
"En mi 'savoir faire' literario tengo incorporada como consigna el no incorporar tramas muy complejas, y eso también está acompañado por mi escritura tan condensada. Le presto mucha atención a la adjetivación: los adjetivos son como esos alimentos de los que el médico te dice que no abuses, aunque sepa que te gustan mucho", ilustra Cebrián.
"De hecho, reniego de la literalidad. Prefiero siempre aquella literatura que no sea fácilmente trasladable al cine. Sospecho de las historias obvias, prefiero las que se presentan a priori como intraducibles a otra disciplina", explica.
Y así como reniega del exceso en la adjetivación, Cebrián también rechaza las formas tradicionales a la hora de organizar el relato: en sus tramas prevalecen las imágenes por sobre las historias y la mayoría de las veces el desenlace toma desprevenido al lector.
"Es cierto que tengo un interés por formas alternativas del relato, aunque por otra para todos lo distintos ya parece haber sido dicho. Por otro lado, muchas veces cuando leo a mis contemporáneos me doy cuenta de que nos me gustan ciertas descripciones pormenorizadas que no conducen a nada... esa idea de la ambientación gratuita me enfada mucho", concluye Cebrián.
(*): Télam.
