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Publicado el 10/02/2009

Una ciudad que ya existía cuando se fundó

Un 10 de febrero de 1874 se fundaba "oficialmente" Mar del Plata, aunque "La Perla del Atlántico" había nacido mucho antes.

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Mar del Plata "nació" en los papeles un 10 de febrero de 1874, fecha en que, por solicitud de Patricio Peralta Ramos, el gobierno bonaerense de entonces autorizó a ese pionero a fijar los límites y dimensión de una población que, en los hechos, ya existía desde hacía varios años y que durante mucho tiempo careció de nombre "oficial", a tal punto que ni siquiera figuraba en los mapas elaborados por Catastro de la provincia.

En efecto, el incipiente caserío era en esos tiempos denominado Puerto de Laguna de los Padres y se hallaba en jurisdicción del deshabitado partido de Balcarce (tiempo después dividido en dos, cuando se creó el de General Pueyrredón).

Peralta Ramos dueño de los terrenos en que se asentaba un grupo de viviendas ("un pueblo ya formado" fundamentaba ante la Provincia), establecimientos comerciales y dos puntos de embarque para veleros de carga y pesca artesanal propuso a las autoridades bonaerenses llamar Mar del Plata al poblado para el cual solicitaba un reconocimiento oficial de su existencia.

Pese a todas las versiones, mitos y leyendas que llenaron páginas de la historia lugareña, nunca hubo una prueba fehaciente sobre el verdadero origen de ese nombre. Tal vez lo más lógico era que Peralta Ramos buscaba asociar el mar que baña nuestra costa con el Río de la Plata.

Por todo ello, si nos atenemos a la clásica concepción que suele tenerse de la fundación de una ciudad (traza sobre un terreno yermo y posteriores asentamientos) lo que luego se llamaría Mar del Plata no se "fundó" literalmente en esa fecha. Ni siquiera se puede precisar cuándo se construyó la primera vivienda, ni quién la hizo.

Todo empezó con el saladero

Sí se sabe que varios años antes de la fundación "formal" ya existía aquí el saladero del portugués Coelho de Meyrelles, cuyas instalaciones habrían sido el grueso de la protociudad. ¿Y antes del saladero?... No hay registro. Salvo que tengamos en cuenta la Reducción del Pilar que por un tiempo (1746-1751) los jesuitas Falkner y Cardiel levantaron en el siglo XVIII junto a la laguna Las Cabrillas (hoy De los Padres) probablemente en el mismo lugar en que hoy existe el Museo José Hernández.

A fines de la segunda década del siglo XIX, el estanciero Ladislao Martínez les compró a los herederos del español Pedro Capdevilla (primer propietario de tierras registrado en esta parte del sudeste bonaerense, merced a una concesión gubernamental después anulada) los derechos de explotación de miles de leguas cuadradas en cuya jurisdicción se hallaban la histórica laguna y las lomas sobre las cuales hoy está Mar del Plata.

Martínez levantó algunas viviendas en cercanías de la laguna, ya entonces con su actual nombre en homenaje a los jesuitas, y tiempo después creó la "Estancia de la Laguna de los Padres".

Ese establecimiento rural, pionero de la agricultura y ganadería del lugar, fue comprado en 1847 por José Gregorio Lezama, quien subdividió los inmensos terrenos y fundó las estancias "La Armonía" y "San Julián de Vivoratá" (así llamaban los indios a un arroyo de la región).

Las empresas del portugués

En 1856, derrocado Rosas, quien fue gran amigo de Lezama, éste vende todas sus propiedades rurales a una sociedad integrada por portugueses, entre ellos José Coelho de Meyrelles, quien al año queda como único propietario.

El portugués, ocupado de matar hacienda alzada, vender sus cueros y salar sus carnes, se vio obligado a poblar para mantener estable su empresa.

Y así nació el saladero, con las viviendas del personal, corrales, barracas, muelle y demás dependencias. Todo ello construido en lo que hoy es el sector más céntrico de Mar del Plata (Punta Iglesia). Y el lugar se llamó Puerto de Laguna de los Padres por una sencilla razón: había un muelle de hierro para embarcar los productos que elaboraba Coelho (los envíos por carretera a Buenos Aires se dificultaban por la inexistencia de caminos y los continuos desbordes del río Salado) y la administración comercial se efectuaba desde la citada estancia ubicada al borde del mencionado espejo de agua.

La incipiente población se encontraba entonces en jurisdicción del flamante partido de Marchiquito, que comprendía al actual de nombre parecido (Mar Chiquita) y los de Balcarce, Pueyrredón, Alvarado y Lobería.

Peralta Ramos, el visionario

El auge económico que iba cobrando la zona llegó a oídos de inversores de Buenos Aires y así atrajo a un próspero comerciante y agricultor, Patricio Peralta Ramos, quien en 1860 adquirió, además del saladero, las tres estancias de Coelho de Meyrelles (Laguna de los Padres, San Julián de Vivoratá y La Armonía) organizando un nuevo establecimiento que denominó "Cabo Corrientes", años después base del llamado Pueblo Peralta Ramos y actualmente barrio Punta Mogotes.

El impulso que le dio Peralta Ramos a la región lo llevó a agrandar las instalaciones del saladero, levantándose así numerosas viviendas y comercios. Y la población fue creciendo.

El fundador subdividió los campos y vendió gran parte de ellos, reservándose para sí el lote XIII, en el que después se desarrollaría Mar del Plata.

Más tarde, Peralta Ramos trajo un agrimensor francés, Carlos de Chapeaurouge, y le encargó la traza cuadriculada de la futura ciudad a partir de un punto de referencia: la capilla Santa Cecilia, construida en 1873 en homenaje a su amada esposa Cecilia Robles (fallecida en 1861) y que hoy se halla en el mismo lugar casi tal cual era entonces.

El vasco emprendedor

De humilde origen e inmigrante de los Bajos Pirineos, Pedro Luro, quien fuera en sus comienzos peón del saladero, viajó desde Buenos Aires a la campiña bonaerense y creció muy rápido en la faz económica: fue pulpero en Dolores y luego estanciero, haciéndose cargo en 1877 del establecimiento construido por Coelho de Meyrelles y más tarde adquiriendo gran parte de la tierra que rodeaba a Mar del Plata, con algunas parcelas en condominio con Peralta Ramos.

El emprendedor vasco impulsó el saladero, hizo construir otro muelle, una nueva barraca, un molino harinero, un almacén de ramos generales y un hotel. Además propulsó la agricultura con la introducción de las primeras máquinas a vapor, iniciando además, entre otras empresas, la fabricación de ladrillos en gran escala, lo que facilitó la industria lugareña de la construcción, en la cual hasta esa época predominaban el adobe y la piedra.

Hacia los tiempos modernos

Lo demás, lo que ocurrió a partir de allí, es historia conocida jalonada por sucesos puntuales: el primer tren, la construcción del puerto, la llegada de la aristocracia porteña entusiasmada con una nueva moda europea: tomar baños de mar y enrojecer (un poco, no mucho) al sol la pálida piel de sus rostros, la construcción de las grandes mansiones al estilo Biarritz (balneario del norte de Francia), la ruta 2, la Base Naval, el Casino, el aeropuerto, el turismo sindical y popular en la etapa peronista y la erección de altos edificios sobre los demolidos chalets de estilo normando.

Con errores y con aciertos, con lentitud y apresuramiento, con dejadez y pujanza, el pequeño poblado evolucionó hacia una gran ciudad, al principio turística y más tarde también industrial y pesquera.

¡Feliz 135° cumpleaños, Mar del Plata!

 

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