Este mes, la vida es un carnaval
Entre el 13 y el 16 de febrero se celebrarán los carnavales en varias partes del país. Sus orígenes, significados y rituales que tratan de resurgir, aun cuando ya no hay feriados, en esta nota con la antropóloga Analía Canale, becaria del Conicet.
Los carnavales se habrían originado en las "Lupercalias" o "Saturnalias" romanas en las que se permitía a amos y esclavos intercambiar vestimentas y roles. Durante la Edad Media fueron consideradas heréticas, aunque finalmente aceptadas y así nació el "carnevale" o "adiós a la carne" que precedió desde entonces a la Cuaresma.
Llegaron al Río de la Plata en tiempos de la colonia y su espíritu festivo se mantuvo a través del tiempo, sobre todo en los sectores populares, aunque las clases altas, como siempre, también disfrutaban de él. Cualquiera fuera la clase social a la que pertenecieran, los concurrentes usaban trajes de disfraz y antifaces.
Ya entrado el siglo XX, la costumbre se fortaleció aún más, siendo habitual la concurrencia de las familias a los bailes en los clubes barriales, con disfraces para no ser reconocidas.
Los tiempos cambian y lo que era una demostración popular de cuatro días, que hasta se la conocía como "las vacaciones de los pobres", devino también en un muestreo de intereses sociales, económicos, turísticos con regulaciones incluidas.
Y es que al uso del cuerpo, los juegos de indeferización en los que el hombre se disfrazaba de mujer, mostrando que era un tiempo marcado por la libertad, se convirtió en un gran espectáculo con vestuarios elaborados, comparsas y murgas con regulación horaria.
"La murga es mi existir"
Ese es el título de la canción de la Bersuit Bergarabat
"?Detrás de ese estandarte, se oye ruido a murgón.
Son latidos que delatan la pasión.
Con las caras pintadas y una gran ilusión.
Se preparan para su presentación...".
Sobre esto habló Analía Canale, licenciada en Ciencias Antropológicas, becaria del Conicet, en el instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía de la UBA. "Hay un resurgimiento de la murga. Basta recordar que un decreto de 1976 había eliminado los feriados de carnaval, pero a partir de mediados de los ?80 con la vuelta de la democracia, surge esta expresión como algo cultural que apunta a estimular la creatividad, saliendo a la calle y ganando el espacio público".
Así se recuperaron las murgas como formas populares con una participación más amplia porque tanto el ritmo, la música y los bailes son fáciles de aprender, a diferencia del candombe, género artístico-popular afro-rioplatense que requiere más especialización.
Todo regulado
Aún hoy el carnaval sigue siendo un tiempo de libertad, pero detrás hay una organización que regula las actividades. Antes existía la figura del corsero, pero en la actualidad hay, desde 1997 en la Ciudad de Buenos Aires, una comisión de carnaval en la que participa un representante del Poder Legislativo y otro del Ejecutivo porteño, más delegados de las agrupaciones de carnaval.
Esta comisión, además de lo referido a las distintas presentaciones, tiene un presupuesto para la organización de los corsos que incluye lo necesario para iluminación, sonido, tarimas, escenografía, coordinación de cortes de calle, seguridad, etcétera.
En Mar del Plata también los corsos están organizados con participación de entidades organizadoras y miembros del municipio.
Un poco de cada lugar
Esta fiesta popular que llegó de la mano de la colonización tuvo su máxima expresión con la inmigración que aportó lo humorístico desde Italia, y los orfeones (coros) y rondallas (orquestas) desde España.
Lo autóctono se manifestó a principios del siglo XX con el género gauchesco que representaba la vida rural. "Tirarse agua, por ejemplo, era una especie de guerra simulada", advierte Canale.
Aunque se trataba de la fiesta de San Juan en España, Joan Manuel Serrat canta algo que puede sintetizar el espíritu de carnaval
"Apurad
que allí os espero si queréis venir
pues cae la noche y ya se van
nuestras miserias a dormir.
Vamos subiendo la cuesta
que arriba mi calle
se vistió de fiesta.
Hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha".
Y es que detrás de trajes, disfraces y máscaras, los que participaban del carnaval se sentían con permiso para cambiar su identidad por un rato. Gente de clases sociales bajas ataviados con trajes principescos, se escondían detrás de sus máscaras para no mostrar quiénes realmente eran.
"Algo está cambiando y en la actualidad las murgas actúan durante todo el año y a lo largo de todo el país participan de concursos entre ellas, animan fiestas empresariales, etcétera" aclara la becaria Canale.
La apertura de talleres de murga hace maravillas en poco tiempo y en tres meses forman murgueros, que ya dejó de ser de las clases bajas e incluye a la clase media.
Allí aprenden a diseñar y hasta coser las lentejuelas de muchos colores de los trajes que usarán para diferenciarse entre murgas, al tiempo que crean sus canciones.
Estas canciones tienen también su esquema:
* Canción de la entrada: hacen referencia al nombre y barrio de la murga y establece un vínculo con el público.
* Crítica: es lo que caracteriza el discurso de la murga y es cuando parodian y ridiculizan personajes o sucesos públicos ocurridos durante el año.
* Canción de retirada: tiene que ver con la promesa de encontrarse el año próximo.
Aunque en la actualidad dure mucho más tiempo, el carnaval llega a su fin con la misión cumplida en el que cada murguero, candombero o disfrazado, "por una noche se olvidó / que cada uno es cada cual".
