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04-03-2010

El mismo estilo, distintos protagonistas

Por Walter Schmidt (DyN)

La oposición comenzó a adueñarse del Congreso nacional, en lo que marca el fin de una etapa hegemónica del kirchnerismo pero también la continuidad de una manera de hacer política, caracterizada por los intereses sectoriales y partidarios.

Kirchneristas y antikirchneristas contribuyen, por estas horas, a que parte de la sociedad manifieste una sana envidia por la convivencia política en el Uruguay o en Chile, por citar sólo dos ejemplos de países vecinos.

¿Por qué? Difícil es explicar cómo en un país de la magnitud de la Argentina en el continente, lo que aprobó el oficialismo luego será modificado por la oposición, ante el cambio de las mayorías.

La reconstrucción de la Argentina no puede realizarse a imagen y semejanza de lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, cuando el monstruo del nazismo que asesinó a millones de judíos fue derrotado por los aliados, para después dar lugar al dominio soviético que exterminó a cientos de miles de nazis, en los mismos campos de concentración.

El gobierno del matrimonio Kirchner nunca contó con el espíritu democrático como para convocar a sentarse a una mesa de discusión a los referentes de los principales partidos de la oposición. A su vez, los líderes del antikirchnerismo --salvo alguna excepción-- jamás pidieron, seriamente, una reunión con la presidenta para discutir en torno a la "real politik".

El oficialismo ya no tendrá lugar para presentar proyectos de su autoría, mas allá de las manifestaciones de convivencia política de muchos dirigentes de la oposición. El mismo oficialismo que hasta hace unos meses cajoneaba o se bufaba de las iniciativas opositoras así como de las decenas de pedidos de interpelación que cayeron en el olvido por falta de quorum.

Como fiel reflejo de esa confrontación que sólo plasmará un macartismo cuyo perseguidor y perseguido sólo cambiarán de roles cada determinados años, la presidenta Cristina Fernández no tuvo un mensaje mas claro que el de iniciar un nuevo período de sesiones ordinarias en el Congreso Nacional con el anuncio de un decreto, en lugar de enviar un proyecto de ley. Claro, las mayorías habían cambiado.

Paralelamente, la oposición se hizo de las mayorías en el Senado y en Diputados, e inmediatamente comenzó a deshacer lo hecho por el kirchnerismo en relación con el Consejo de la Magistratura, el impuesto al cheque, el Indec, el rechazo a la designación de Marcó del Pont, por citar algunos puntos. No se trata de juzgar si esas medidas eran correctas o no, sino en la necesidad de establecer lo que muchos promulgan pero pocos practican: las políticas de Estado en función de acuerdos básicos.