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La Ciudad 27 de noviembre de 2016

Héctor Magnetto: “Percibimos que nuestro riesgo era de vida o muerte”

El CEO del Grupo Clarín es protagonista de "Así lo viví. El poder, los medios y la política en Argentina", un libro en el que dialoga con el historiador Marcos Novaro.

El CEO y uno de los principales accionistas del grupo Clarín, Héctor Magnetto es el protagonista de “Así lo viví. El poder, los medios y la política en Argentina”, un libro en el que dialoga con el historiador Marcos Novaro y que saldrá a la venta, a través de Editorial Planeta, en los próximos días. “Durante el kirchnerismo -admite- percibimos que nuestro riesgo era de vida o muerte. Y nos preparamos para soportar un ataque de esa envergadura, con peligro de extinción o de mutilaciones importantes”.

Más adelante, Magnetto, respecto de lo que sucedió en los medios kirchneristas, dijo que “mi evaluación tiene que ver con la falta de responsabilidad y, en muchos casos, de moral, de quienes pretendieron montar un modelo de negocios desentendiéndose de la sustentabilidad y optando por ser apéndices del Estado”.

En su diálogo con Novaro, el empresario periodístico dijo que “nos demonizaron, quisieron convertir nuestra marca y nuestro logo en sinónimo de vergüenza. Pero ellos siguieron teniendo valor para la sociedad, para las audiencias y también para los periodistas, incluso en lo peores momentos”.

Héctor Magnetto ingresó a Clarín en 1972 y como gerente general logró recuperarlo de una crisis económica y consolidarlo como el diario de mayor tirada en español. En las siguientes dos décadas impulsó la expansión a la radio, la televisión, el cable y el mundo digital, dando origen al Grupo Clarín. Hoy es su CEO y uno de sus principales accionistas. También es vicepresidente de la Asociación Empresaria Argentina e integra el consejo directivo del Foro Iberoamérica, que nuclea a ex presidentes, intelectuales y empresarios de América Latina, España y Portugal.

“Héctor Magnetto protagonizó el conflicto más paradigmático de la década kirchnerista”, señala Marcos Novaro.

En tanto, Marcelo Longobardi, en el prólogo, señala que “los límites que encontró, al menos por ahora, el intento de los Kirchner de embarcar a la Argentina en un experimento chavista, se debieron seguramente a múltiples factores. Pero el papel personal de Héctor Magnetto ha sido crucial”. Por su parte, Carlos Pagni considera que “la reconstrucción de ese conflicto es la excusa para analizar los desafíos a los que están expuestas las empresas de comunicación por una revolución tecnológica incierta; las estrategias de esas compañías para mantener su autonomía; la discusión sobre su dimensión y su poder”.

A continuación, un tramo de “Así lo viví”.

– ¿Cuánto rencor queda de esos años? ¿Hay ajuste de cuentas? Muchos periodistas militantes han denunciado que los echaron de sus trabajos, en medios públicos o privados, como represalia. Y que la tortilla se dio vuelta, pero sigue siendo la misma tortilla.

– Rencores no tengo. Realmente no es algo que recuerde haber sentido alguna vez. El camino que tomamos no fue fruto de sentimientos personales sino de un convencimiento, si se quiere institucional, de los valores que estaban en juego. No le voy a negar que pueda haber quienes se sintieran especialmente afectados por lo que tuvieron que vivir. No fue quizá mi caso, por mi carácter, pero eso es algo muy personal, de cada uno. Lo que sí está claro es que siempre hemos tratado de tomar decisiones con la cabeza y no bajo emociones como el enojo, la bronca o la revancha. Respecto de lo que sucedió en los medios kirchneristas, mi evaluación tiene que ver con la falta de responsabilidad y, en muchos casos, de moral, de quienes pretendieron montar un modelo de negocios desentendiéndose de la sustentabilidad y optando por ser apéndices del Estado. Digo de moral porque en varios casos se trata de individuos que se enriquecieron en lo personal con ese modelo, pero no armaron una estructura que pudiera sobrevivirlos ni siquiera un mes. Se financiaron con pauta en el mejor de los casos, o con deuda impositiva en los más groseros. Pero siempre dejando a la deriva a sus productos y a los que los hacían. En cuanto a las represalias que usted dice, hoy veo más profesionalismo y pluralismo en los medios estatales que durante el kirchnerismo. Incluso muchos de los referentes de la comunicación más identificados con el kirchnerismo hoy tienen más espacio que antes en los medios. No veo ninguna tortilla dada vuelta. Veo una situación más normal, más parecida a la de cualquier país medianamente democrático. Veo medios, tanto privados como públicos, donde pueden escucharse las diferentes expresiones políticas. Es cierto que ha habido algunos episodios de agresión a figuras kirchneristas. Pero eso lo hemos criticado siempre, antes y ahora. No se promueve el escrache a nadie en nuestros medios, nos repugna ese tipo de conductas. No nos olvidemos de que también los tuvieron que vivir nuestros periodistas, y además alentados desde lo más alto del discurso oficial. Hay anécdotas de quienes sufrieron insultos en restaurantes, en cines, caminando por la calle. Cuando nos enterábamos, además de solidarizarnos, tratábamos de explicar que, mientras hiciéramos nuestro trabajo, lo más probable era que esas agresiones continuaran. Me parece que era una forma de reconocer esa tarea, pero también de calmar la angustia. A Clarín quisieron arrastrarlo al barro en esos años desde el Estado. Nos demonizaron, quisieron convertir nuestra marca y nuestro logo en sinónimo de vergüenza. Pero ellos siguieron teniendo valor para la sociedad, para las audiencias y también para los periodistas, incluso en lo peores momentos. Más aún, sobre todo en los peores momentos. Y eso va a ser siempre, para mí, una fuente de satisfacción. Lo dije cuando faltaban días para el famoso 7D de 2012, en el que se quiso programar un desembarco sobre nuestra compañía. Recuerdo que terminé mis discurso con palabras que no eran demasiado optimistas, pero creo que se ajustaban al momento que se vivía y reflejaban lo que nos daba fuerza para seguir peleándola. Dije que no era la primera vez que el Grupo pasaba por situaciones críticas. Recordé cuando estuvo en riesgo la propiedad del diario, a principios de los setenta, o cuando sufrimos atentados con bombas, o secuestros de directivos. Y aunque, obviamente, la experiencia no inmuniza, quise transmitir que se trataba de un camino de largo aliento, en el que podíamos sufrir derrotas pero en el que no nos íbamos a dar tan fácil por vencidos.

– ¿Qué balance general hace de estos años? ¿Qué aciertos y qué errores puede destacar? ¿Qué momentos de decepción y de alegría?

– Cuando analizo lo que hemos hecho en estos años me siento conforme. No tenemos un problema con los errores. Los cometimos, claro, sobre todo en cuestiones de la ejecución cotidiana de un trabajo que está muy lejos de ser una ciencia exacta e involucra a tanta gente. Si metemos la pata y nos equivocamos, lo corregimos y damas vuelta la página. No nos trae problemas psicológicos. Tenemos que estar convencidos, eso sí. Tratamos de no ser una hoja al viento, de no depender de humores coyunturales o de oleadas de opinión instantáneas. Creo que nuestro mayor acierto fue poder vislumbrar el tipo de amenaza que enfrentábamos. Y por eso, cuando el conflicto fue escalando, aunque nos sorprendió la virulencia, en términos generales estábamos bastante preparados. Veníamos analizando cosas que sucedían e hicimos un diagnóstico del fenómeno que teníamos enfrente, de lo que era capaz de hacer. Seguramente, en algunos aspectos fallamos, pero acertamos en lo importante, en identificar en cierto modo la genética del kirchnerismo. Y por eso también percibimos que nuestro riesgo era de vida o muerte. Y nos preparamos para soportar un ataque de esa envergadura, con peligro de extinción o de mutilaciones importantes.

Entendimos que, si queríamos seguir siendo la especie que somos, medios con autonomía, debíamos estar dispuestos a sobrevivir acotados pero siendo lo mismo.

Que intentar transformarnos en otra especie para sobrevivir era extinguirnos a mediano y largo plazo, aunque pudiera ser más fácil y cómodo en lo inmediato. En otras palabras, que entregar autonomía era firmar nuestro certificado de defunción.