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La Ciudad 23 de febrero de 2018

Polémicas instalaciones que reflexionan sobre el arte, el museo y la sociedad

Cristian Segura expone en la ciudad, durante el verano, en dos lugares emblemáticos y ubicados frente al mar. Revolución artística, skaters y trabajo de campo. Todo para descubrir.

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X-Museum” y “El museo en ruinas” son dos grandes instalaciones del artista Cristian Segura: la primera recibe a los visitantes en el Museo de Arte Contemporáneo (MAR) cuestionando el vínculo artista-institución-sociedad; la otra está montada en el foyer del Teatro Auditorium e invita a reflexionar sobre el estado de cosas en lo referente a la conservación del patrimonio cultural.

Cuando el público traspasa la puerta del museo se encuentra con una gigantesca “X” roja montada sobre el cruce de sus escaleras mecánicas -siete metros por doce- que lleva hacia tres gigantografías donde se ve al artista en distintas situaciones de riesgo; una de ellas, agarrado con una mano del borde de la terraza del museo, pendiendo sobre el vacío.

La letra equis que se agrega al nombre de algunas prácticas para señalar su condición extrema es la que conduce al público hasta el primer piso donde se encuentran las fotografías, las mismas que son visibles desde la planta baja y a las que se puede ver como un panóptico, apenas con mover la cabeza de un lado a otro, desde un punto determinado del edificio ubicado en avenida Camet y López de Gomara, frente a la costanera marplatense.

Distancia

A cuadras de ahí, sobre Boulevard Marítimo 2280, la entrada del teatro Auditorium exhibe en grandes dimensiones algunas de las imágenes tomadas por Segura al Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile luego del devastador terremoto de febrero de 2010.

Allí, el artista nacido en 1976, que además se desempeñó como curador y gestor cultural, muestra los daños sufridos por el museo santiaguino: fotos blanco y negro con un toque de color que en principio parecen desfasadas, evocando la visualidad del movimiento sísmico, pero que con lentes 3D cobran cuerpo e introducen al espectador en la escena del desastre.

En 2012 Segura publicó esas fotografías en la digital art international contemporary magazine y en 2016 las exhibió a gran escala en la fachada del Centro Cultural San Martín, lo cual se reiteró un año después en Mumbat.
Con esta metáfora entre los efectos de una catástrofe natural y los desafíos de los espacios que albergan la memoria artística histórica y contemporánea, Segura ahonda en un trabajo crítico dentro del que se inscribe “X-Museum”, vinculado, además, al rol de las instituciones museísticas y culturales dentro del tejido social y el de los artistas dentro de esas instituciones.

Segura es maestro nacional de dibujo, con 23 años dirigió el Museo de Bellas Artes de Tandil (Mumbat) y recibió el premio al Museo del Año otorgado por la Asociación Argentina de Críticos del Arte. Esas experiencias lo llevaron a crear obras donde se cruzan y cuestionan los roles del artista, curador y gestor cultural, su vínculos con los museos y los de éstos con la comunidad.

Extremos

– ¿De qué se trata “X-Museum”?

– Es una performance extrema en la terraza del museo, cuya acción consistió en colgarme sobre el vacío sin equipo de seguridad ni red de contención, sujetado solamente por mis manos. Que la misma fuera realizada a sabiendas del museo y no clandestinamente, lo cual es, posiblemente, uno de los mayores logros de este proyecto. Fue una acción pactada con su directora, Micaela Saconi, quien me invitó a pensar una propuesta para presentar en el MAR. “X-Museum” es una subversión desde dentro, donde ambas partes tuvimos que asumir riesgos y sus posibles consecuencias en pos de una reflexión profunda sobre su rol, arquitectura, el espacio que ocupa en la comunidad y el que ocupamos en él los artistas y el público.

– ¿Cómo te preparaste física y mentalmente para esa acción?

– No soy un deportista extremo ni tuve un entrenamiento especial para hacerlo, solo me cercioré de que podía resistir colgado por un buen tiempo y el museo contrató un seguro para mí y mi equipo de asistentes. Hice la performance tres veces en dos días sin anunciarlo al público, solo las personas que se encontraban en la explanada pudieron ver lo que sucedía a más de 20 metros de altura, y todo se registró fotográficamente, la última vez con una cámara GoPro colocada en mi cuerpo. Con tres de esas fotografías -de nueve metros de altura por once de ancho una, y por seis y medio las otras- intervine el hall del museo, anulando la masa de hormigón y permitiendo ver dentro del museo lo que ha sucedido afuera. Las escogí por su valor estético y porque permiten comprender la performance en solo tres golpes de vista.

En la foto más grande tengo el porte de un gigante que se corresponde con la dimensión del edificio, en busca de la identificación simbólica del espectador como forma de empoderamiento. En las otras dos se ve el momento más peligroso de la performance desde perspectivas opuestas: una recrea en tamaño real el ángulo de visión desde la explanada, volviendo parte de la escena al público que ahora observa; y la otra sitúa al público sobre el vacío, como si estuviera colgado a mi lado, rescatando una vista desconocida del museo ya que está prohibido acceder a la terraza desde donde fue tomada.

Preparación

– ¿Cómo fueron los preparativos de campo?

– Planifiqué tres viajes a Mar del Plata para conocer el museo en términos arquitectónicos y de funcionamiento. En el primero me enfoqué en conocer la espacialidad y materialidades del edificio; en el segundo me propuse leerlo a través de los ojos de sus trabajadores -personal de guardarropa, seguridad, montaje, sala y guías-; y en el tercero me dediqué a observar al público, dentro y en torno al museo, cómo circulaban en cada espacio y si se apropiaban de ellos o no. Leía los comentarios de la gente en las redes sociales, miraba videos en Youtube y al final de cada jornada revisaba las notas, fotografías y videos que había recabado, conservando lo que me parecía valioso.

– ¿Qué surgió de ese material?

– Que en el museo MAR la gente se ha apropiado de los espacios exteriores de una manera extraordinaria, debido a las características de su arquitectura. Tiene cinco fachadas, cada una con su explanada y mobiliario o escaleras donde sentarse, incluso con una plaza verde y la proyección de una sala de exposiciones que con la lluvia se convierte en un espejo de agua, pero que en verano se seca y es el lugar elegido por algunos skaters para patinar. En todos estos espacios se reúne la gente, por las mañanas es frecuente ver personas haciendo tai chi chuan o aeróbico, ciclistas que usan el lugar como punto de encuentro o descanso. Todos ellos son potenciales públicos. Quienes hacen del museo su lugar de reunión, en algún momento también entran para ver de qué se trata.

– ¿Cómo ideaste “El museo en Ruinas”?

– Son fotografías que pueden comprenderse en cualquier parte del mundo: un desastre natural que arruina la arquitectura de un museo y pone en riesgo el patrimonio que resguarda. Pero quería ir un poco más allá e involucrar al público, por eso las convertí en imágenes anaglíficas (3D). En el caso del Teatro Auditorium tiene que ver con ir al encuentro de nuevos públicos, ubicadas en el espacio de ingreso a las obras y shows musicales, gente que quizá no está habituada a visitar un museo se detiene a mirarlas.