24 de febrero de 2018
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Por qué razones la vida útil del relleno sanitario está a punto de concluir

El predio requería que se realizaran obras que no se hicieron a tiempo y que se aplicaran medidas para reducir el ingreso de residuos, las cuales, fueron discontinuadas o canceladas por la gestión de Arroyo. En los últimos meses también hubo serias deficiencias en la operación y el mantenimiento.

Esta semana el intendente Carlos Arroyo se aventuró a mencionar dos cifras con las que intentó diluir la responsabilidad de su gobierno por el estado de emergencia en el que se encuentra el predio de disposición final de residuos.

Durante una conferencia de prensa en la que s dedicó a cuestionar los informes del Organismo Provincial de Desarrollo Sustentable y al diario LA CAPITAL por haberles difundido, el jefe comunal habló sobre un “error” en el diseño del relleno sanitario.

Dijo que su construcción, financiada por el Banco Mundial, contempló el ingreso de un promedio de 600 toneladas diarias de basura y aseguró que en la actualidad el lugar recibe entre 1300 y 1400.

Con estos números Arroyo pretendió justificar el estado crítico en el que se encuentra el relleno sanitario, cuya vida útil estimada por la OPDS, es ahora de apenas un mes.

Lo cierto es que ni una ni otra cifra son comparables, porque en la actual situación no existen condiciones para hacerlo.

Es que la afirmación sobre la capacidad del predio para recibir 600 toneladas diarias de basura sólo sería válida si las 63 hectáreas disponibles en el lugar contaran con la infraestructura necesaria para asegurar su uso, cosa que actualmente no sucede debido a que el municipio aún no realizó las obras de ampliación previstas.

En tanto que la afirmación relacionada con el actual ingreso de 1300 o 1400 toneladas de basura por día es imposible de determinar por una sencilla razón: la báscula ubicada en el acceso al centro de disposición final se encuentra rota desde hace meses.

Por eso no existe ningún dato fehaciente sobre cuál es la carga que transportan los camiones que están ingresando al relleno sanitario.

“Para saber cuánta basura entra hacemos una estimación mirando qué hay arriba de cada unidad”, reconoció esta semana un funcionario del Emsur ante los concejales que visitaron el lugar.

Las últimas cifras disponibles

Los últimos registros disponibles, correspondientes al año 2014, indican que durante ese año el relleno sanitario recibió un promedio de 1076 toneladas de basura por día, una cifra bastante alejada de la mencionada por el intendente.

Según datos de la Iniciativa Mar del Plata entre Todos, ese año, el mes durante el cual se produjo el mayor ingreso de basura fue octubre, con 36.127 toneladas (un promedio de 1165 al día) y el de menor ingreso fue mayo, con 28.723 toneladas (un promedio diario de 926).

Durante ese período, la mayor parte de la basura estuvo constituida por un 41% de residuos domiciliarios, un 12% de escombros y un 11% de restos de poda.

El centro de disposición final de residuos se inauguró en 2012 recibiendo desde entonces una cantidad creciente de material.

Para evitar que ese proceso se consolidara la consigna era la de cumplir constantemente con obras y con la implementación de medidas para acercarse a la meta ideal de disponer 600 toneladas de basura por día.

Durante los primeros tiempos, varias de esas iniciativas comenzaron a ser puestas en práctica, pero todas ellas fueron discontinuadas o canceladas desde que el intendente Carlos Arroyo se hizo cargo de la intendencia.

Una de ellas es el programa de separación en origen, que arrancó en 2012 como una experiencia por la que se convocó a los vecinos a colocar sus residuos recuperables en bolsas verdes para que pudieran ser recibidos y recuperados en la planta de reciclaje de la cooperativa CURA.

La iniciativa arrancó con el propósito de empezar instalar un hábito entre los vecinos, a los efectos de perfeccionar el programa en sucesivas fases.

Pero con el correr de los años, ante la falta de campañas, esa práctica fue debilitándose cada vez más.

Así, el trabajo de los recuperadores de CURA fue tornándose cada vez más dificultoso.

La cooperativa llegó a recuperar en sus primeros tiempos aproximadamente el 1,5% de la basura total que ingresaba al predio y todo indicaba que con el apoyo adecuado esa cifra podría haber crecido de manera considerable.

Según los registros disponibles, en agosto de 2012 CURA procesó 75 mil kilos de basura y a partir de entonces comenzó a elevar sus cifras de producción, llegando a los 208 mil kilos en enero de 2014.

Hace poco más de un año, desde la cooperativa surgieron reclamos porque sus socios comenzaron a percibir una caída en la cantidad de material recuperable, lo que atribuyeron a una “baja del consumo” y al hecho de que los vecinos comenzaron a abandonar el hábito de separar.

“No sabemos exactamente cuántas son las toneladas menos que estamos recibiendo. Pero es muy claro que la producción se está cayendo”, dijo en ese momento el presidente de CURA, Daniel Figueroa, quien señaló la menor presencia de cartón, plástico, vidrio, metal y papel en la planta.

Según recordó, en los momentos de mayor actividad la planta llegó a recibir hasta 14 camiones por día y esa cifra se redujo considerablemente, hasta llegar a apenas a 2 unidades diarias en 2016.

Figueroa se lamentó por cómo se redujo el cumplimiento de la separación en origen. “Empezó bastante bien en el año 2012 pero no se arraigó como un hábito y una costumbre. Ya no se publicita ni se la promociona y eso nos perjudica. Cada vez son menos los que cumplen”, sostuvo.

La gestión de Arroyo no sólo se caracterizó por haber debilitado el programa de separación en origen y por haberle soltado la mano a la cooperativa CURA, la única herramienta disponible por ahora para avanzar con la recuperación, reciclado y comercialización de los residuos y ampliar la vida útil del relleno sanitario.

Desde su asunción, el gobierno local tampoco avanzó con otras acciones dirigidas a minimizar la generación de la basura producida a nivel local, que según las últimas cifras disponibles, llega a los 1,8 kilos diarios por habitante.

Sin contenerización

Además de haber desatendido la experiencia de la separación en origen, de restarle apoyo al trabajo de CURA y de no implementar ninguna acción para disminuir la generación de residuos, el gobierno tampoco adoptó otras medidas previstas para contener y reducir el ingreso de basura al relleno sanitario.

Cuando asumió en diciembre de 2015, Arroyo se encontró con un proceso de licitación en marcha para instalar 1740 contenedores en el área del micro y macrocentro, para que los vecinos pudieran depositar allí sus residuos de manera diferenciada, en recipientes destinados a la basura orgánica e inorgánica.

El cumplimiento de ese proyecto, que ya contaba con un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), era crucial para perfeccionar la separación en origen, incrementar la recuperación y el reciclado y disminuir el ingreso de basura en el relleno sanitario.

Sin contenerización, entonces los camiones recolectores aún hoy siguen llevando los residuos al predio sin ninguna clasificación previa, lo que limita las chances de recuperarlos y provoca que la mayor parte de su carga siga colmando el relleno sanitario.

Sin obras a tiempo

A la ausencia de políticas públicas para disminuir el volumen de basura que ingresa al predio, el gobierno local le sumó sus deficiencias para cumplir con el plan de obras previsto, que requería la construcción de nuevas áreas acondicionadas para seguir disponiendo residuos.

Actualmente el predio cuenta con un módulo casi completo, junto al cual, si las cosas hubieran sucedido como estaba previsto, ya debería haber un segundo.

Su construcción ya había sido planificada por la gestión del ex intendente Gustavo Pulti, que dejó en marcha un proceso licitación que la gestión de Arroyo también decidió cancelar.

Aquél pliego, con algunas reformas, recién fue presentado ante el Concejo Deliberante a mediados de 2017 y nunca prosperó porque el gobierno no resolvió cómo financiarlo.

Así, hacia finales del año pasado, y tras numerosos conflictos, la OPDS realizó un relevamiento en el predio donde detectó las pésimas condiciones de mantenimiento en las que se encuentran sus instalaciones.

Los especialistas encontraron focos de incendio, una báscula que no funciona, una planta de líquidos lixiviados desbordada, una tarea de descarga “caótica”, presencia de recuperadores informales y un relleno sanitario casi colmado por no haber respetado la “secuencia de llenado por terrazas”, lo que provocó que su vida útil esté ahora punto de concluir.

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