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Policiales 22 de abril de 2018

Radiografía de una banda narco en Mar del Plata

Ocho integrantes de una organización dedicada a la venta de drogas fueron procesados por la Justicia Federal. A fines de febrero la policía los sorprendió mientras desarmaban una camioneta que venía de Paraguay para extraer 60 kilogramos de marihuana.

El hombre manejaba y la adolescente iba en el asiento del acompañante de la camioneta Honda de color azul. Era la tarde lluviosa del 23 de agosto de 2014 y ambos acababan de salir del barrio Centenario con un paquete de marihuana. La policía investigaba el secuestro extorsivo de una mujer gitana y por las escuchas de líneas intervenidas sabía de esa compra de droga, de modo que había montado un operativo. Unos tenían pensado irse, los otros los querían interceptar.

La camioneta Honda azul se detuvo en el semáforo de Juan B. Justo y Jara. El conductor no tuvo tiempo de reanudar la marcha porque, como fantasmas acechantes, lo rodearon hombres armados de la DDI. Debe haberse sentido perder en ese momento, aunque no podía saber que allí recién todo estaba comenzando.

Aquella transacción de drogas en apariencia sencilla y pequeña –la cantidad de marihuana era muy poca- pondría al descubierto a una banda de narcotraficantes compuesta por varios miembros de una misma familia que operaba en la zona sur de la ciudad. Los investigadores no lo sabían entonces, lo presumían. Mientras continuaron la pesquisa por el secuestro extorsivo iniciaron una causa por la droga secuestrada con la única certeza de desconocer lo que estaba pasando por detrás, pero con la esperanza de alguna vez sumar prueba para saberlo.

El secuestro extorsivo de la gitana se resolvió fácilmente: más que un secuestro era un “apriete” por negocios de drogas mezclados con compra y venta de autos. En cambio, la causa por la provisión de marihuana a aquella camioneta Honda Azul avanzó con lentitud y tuvieron que pasar más de 3 años, el entrecruzamiento de datos con otros expedientes iniciados en Mar del Plata y en Azul, intervenciones telefónicas y trabajo encubierto para llegar a fondo y lograr uno de los mayores secuestros de los últimos tiempos. El 27 de febrero pasado, la Policía Federal sorprendió a tres hombres cuando desarmaban una camioneta BMW con 60 kilogramos de marihuana provenientes del Paraguay.

Siete hombres y una única mujer esperan en prisión. La Justicia está convencida de que la banda de Cato, por varios años, no estará operativa.

En total nueve personas fueron detenidas, entre ellas aquel hombre que manejaba la camioneta Honda en agosto de 2014 y su cuñado “Cato”, a quien la Justicia Federal le atribuye el liderazgo de la banda considerada de las más importantes de Mar del Plata, con un poder de logística y distribución que la hicieron gravitante incluso en las localidades de Necochea y Miramar.

Hoy ocho integrantes de la banda, a los que la policía les secuestró 29 vehículos y 60 kilos de marihuana, están procesados –una mujer fue sobreseída- y esperan en prisión el juicio tras ser embargados por un total de 21 millones de pesos. Están presos pero hace apenas dos meses controlaban la venta de drogas con un perfil tan bajo que no se los conocía como narcotraficantes más allá del alcance de los rumores del propio barrio.

La nena

La investigación comenzó en 2014 con aquel fallido secuestro y se radicó en la Fiscalía Federal Nº 2, a cargo de Nicolás Czizik, y tuvo en el año 2016 dos circunstancias determinantes que la impulsaron de manera definitiva. Por un lado la Justicia Federal desplegó un megaoperativo de detención de personas –la mayoría hombres gitanos- y secuestro de automóviles –cerca de 200- y la calificó periodísticamente “Lavado Total”. Se trataba de un supuesto entramado financiero para lavar activos provenientes del narcotráfico. En esa causa aparecía imputado aquel hombre que manejaba la camioneta Honda azul con un rol lateral a partir de su informal condición laboral de revendedor de autos.

Por el otro lado, un tal Marcos (su apellido se preserva por orden judicial) el 9 de septiembre de 2016 declaró como arrepentido en otra causa por narcotráfico (“Marea Verde”) y dio detalles de cómo operaba la banda liderada por “Cato” y por su cuñado, el hombre de la camioneta Honda Azul. Dio nombres, direcciones, roles e incluso cómo traían a Mar del Plata la droga.

En función de esos datos, y principalmente de escuchas telefónicas, el juez Santiago Inchausti concluyó que la banda de “Cato” tenía como base de operaciones un corralón, un kiosco y una compraventa de artículos usados de Génova al 8500, donde se vendía marihuana a punteros de otros barrios de la ciudad que se encargaban de mantener girando una rueda económica de gran magnitud. Ocasionalmente, también se asistía a clientes simples o consumidores que llegaban en motocicletas.

La droga había sido escondida dentro la carrocería de la camioneta BMW.

La droga había sido escondida dentro la carrocería de la camioneta BMW.

Lo recaudado no siempre era dinero y habían establecido una moneda de cambio más efectiva que el efectivo: vehículos. “Para lograr su cometido se manejan con el intercambio permanente de rodados como modo de pago y de resguardar las ganancias obtenidas de la venta de estupefacientes. Esos rodados, en su mayoría, no son puestos a su nombre, sino que tan sólo los almacenan para luego revenderlos o intercambiarlos”, lo señaló la Justicia Federal días atrás, cuando confirmó el procesamiento de los 8 detenidos.

“Para lograr su cometido se manejan con el intercambio permanente de rodados como modo de pago y de resguardar las ganancias obtenidas de la venta de estupefacientes”. (original del fallo)

Toda esa información hipotética empezó a respaldarse en pruebas –llevó tiempo por los constantes cambios de líneas telefónicas y domicilios de los investigados- pero faltaba aguardar el momento ideal para allanar todos los domicilios sobre los cuales había sospechas de ser usados para acopiar y vender. En las causas por drogas debe primar un sentido de paciencia extremo para desplegar los recursos en las condiciones ideales, aquellas que permitirán un secuestro de estupefacientes que es lo que, más tarde, será injustificable por su propia flagrancia.

En febrero último la investigación tenía un cuerpo y una solidez adecuados, había madurado lo suficiente y la intervención policial sólo dependía de ese dato clave que posibilitara sorprender a los miembros de la banda en plena acción. Los teléfonos intervenidos daban pruebas todo el tiempo de las operaciones y transacciones. Hasta que el 27 de febrero un monitoreo directo, en tiempo real, arrojó la conversación que todos esperaban.

-Holaaaaaa… –dijo alguien que entró a la línea de Cato.
-Viejo, escuchame yo estoy acá en Necochea… –le respondió Cato.
-…Si, pero eeeeeh mandame la dirección, viste te acordás de donde estuvimos nosotros en la casita…
-…Seeeeee…
-…Bueno la dirección esa así llevo eso para ahí porque tenés que encargarte vos después ahí…
-Bueno sí, pero escuchame…
-Te doy con el muchacho esperá, esperá… ¿Cómo andas? todo bien….
-¿Cómo andas?, bien bien…
-Bien bien, che vos tenés Cato en la casa para desarmarlo a la nena…
-Sí, sí…
-Porque viene todo encanutado, viste… El vago, el mismo que lo cerró allá va a venir a desarmarlo, a las dos llega acá a Buenos Aires.
-¿A qué hora llegan acá?…
-Y no sé… seguro que llegamos como a las 8 de la noche.

La “nena” no era otra cosa que una camioneta BMW XI con patente paraguaya que estaba acondicionada de una manera singular: entre el chasis y la carrocería habían ocultado 59,190 kilogramos de marihuana. Quienes hablaban eran los transportistas. Las sofisticadas mulas.

La camioneta finalmente llegó a destino, una casa de Génova entre Udine y Pehuajó bis. La ingresaron y comenzaron a desarmarla con moladoras, sierras, cortafierros y masas. Primero sacaron 46 “ladrillos” que estaban en la parte trasera y los colocaron en dos bolsas de consorcio negras. Cuando se disponían a sacar el paquete 47 del guardabarros delantero de la BMW debieron detenerse por una cuestión de fuerza mayor: varios policías de la División Antidrogas Mar del Plata de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal irrumpieron en la casa a los gritos. Fueron ellos, los policías, los que en las horas siguientes terminaron de extraer los 207 panes de marihuana, algunos más largos y finos, otros más cortos y gruesos.

Una de las armas secuestradas durante los allanamientos.

Una de las armas secuestradas durante los allanamientos.

“Cato”, el líder de la organización, y un joven conocido por el nombre de Angel –además de una mujer que no fue vinculada a la causa- fueron sorprendidos en el lugar. Los dos hombres que conducían la camioneta eran de nacionalidad paraguaya y, pese a que quedaron todos sus documentos allí, lograron escapar por los fondos apenas arribó la policía. Hoy son buscados del mismo modo que es investigada la procedencia de la valiosa camioneta, cuya titularidad era de una concesionaria de Asunción.

En esa casa fueron secuestrados otros 9 automóviles, 1 motocicleta, 411.000 pesos que “Cato” guardaba en el baúl de su vehículo y armas. También casi medio kilogramo de cocaína.

Al mismo tiempo otros domicilios fueron allanados, incluidos el corralón, el kiosco y la compraventa de la calle Génova. En total, se secuestraron 29 vehículos, 7 hombres y 3 mujeres fueron detenidos –dos de ellas, quedaron desprocesadas por falta de mérito-. Entre los detenidos estaba el cuñado de “Cato”, aquel hombre de la camioneta Honda azul, donde toda la historia comenzó.

Las cuentas claras

Tal como lo describe Don Winslow en su brillante novela “The Force”, el negocio de la droga suele ser aburrido y se trata de números y administración. Ese tedio podía detectarse en las anotaciones halladas en cuadernos durante los distintos allanamientos.

En uno de ellos, Rivadavia tapa dura color azul, resaltaban en un cifrado que no necesitó de un criptógrafo para entender la dimensión del flujo de droga y dinero que manejaba la banda. “Tato 110.000 pesos+70.000 en saldos de la fea”, “ahora 70+faso 45 queda”; “900 gramos+medio X+ 6300dolares y 3500 dólares”. En la misma hoja se lee “le queda 110 de hace un año, 70 de saldos +70 de la fea de hace 3 meses y ahora 900gramos”. En la última hoja: “eta me dio 3, 3 de 5500= 16.500+12.000=28.500, para continuar 484.500 pesos le di?, 150.000 +200.000-350 y me dio 2 más”.

La gran cantidad de automóviles secuestrados y que ninguno estuviera registrado a nombre de los detenidos formó prueba para que el juez Inchausti respaldara aquella hipótesis de que esa era una de las monedas de cambio. De hecho, en una de las anotaciones de un cuaderno se menciona una operación de manera explícita: “Total 147.000 – 120.000 focus = 27.000”.

En una de las escuchas telefónicas, el hombre de la Honda azul y cuñado del líder de la banda, habla con una mujer y le dice con claridad: “Yo se la compro (habla de una camioneta) me quedo con las chatas y las motos que tengo, si yo empecé hacer una cadenita con lo otro ahora. Yo mañana de lo otro compro 10 kilos, que lo pago con una moto. Que obviamente de cajón que se me va la moto de la negra… Y todavía le quedo debiendo 5 lucas al chabón pero no importa porque yo le hago 40 mil a eso. Pero de entrada se me va después hay que salir a remontarla”.

Siete hombres y una única mujer esperan en prisión. La Justicia está convencida de que la banda de Cato, por varios años, no estará operativa.