21 de febrero de 2016
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Un enfermo de fútbol al que muchos aman y envidian

"Nos une algo difícil de explicar pero que genera una suerte de complicidad que sólo el fútbol lo puede dar", asegura Daniel Frescó, autor de "Enfermo de fútbol", un libro que ya ha sido leído por miles de argentinos.

Por Marcelo Pasetti

Todos los que amamos el fútbol alguna vez soñamos con ser como Jesús José Miranda. Es el personaje principal de la novela “Enfermo de fútbol” (Emecé), de Daniel Frescó, quien rápidamente genera una relación con el lector de este libro que, sin dudas, tiene destino de película. Miranda es un contador público, fanático de Independiente, quien asume que está enfermo de fútbol y decide a partir de ese momento no hacer otra cosa que quedarse en su casa mirando partidos frente al televisor. Se separa y entra en una apasionante polémica con las autoridades de la empresa donde trabaja, mientras el tema acapara la atención de todos los argentinos, e incluso de miles de otros “fanáticos” del exterior que se enteran a través de las redes sociales.
“Todos tenemos un poco de Miranda, sólo que él lo lleva al extremo. Es un emergente. Alguien que hace posible lo que muchos quisiéramos hacer pero no podemos”, señala Frescó en diálogo con LA CAPITAL.
El periodista y escritor sostiene que quienes leyeron el libro “ahora hasta me “exigen” que se transforme en película. Todos los que lo leyeron me dicen quién debería hacer el rol de Miranda, de su jefe o de su esposa. Y hasta me dicen quién debería ser el director. Es increíble porque las coincidencias son llamativas”, expresó.
-¿Cómo se te ocurrió, cómo nació Enfermo de fútbol?
-Me acuerdo perfecto de ese momento. Fue en febrero de 2012 y era la época que estaba trabajando en el libro para escribir la biografía del Kun Agüero. Parte de ese trabajo me significaba, con mucho placer, por cierto, ver los partidos del City. Era un día de semana por la tarde en pleno horario de oficina. Y pensé que en ese momento seguramente muchos hinchas no lo podrían estar viendo. Me sentí un privilegiado. En ese instante, “vi la luz”. Y me surgió el dilema que pasamos todos los que nos gusta el fútbol en una época donde hay partidos -y de los mejores- casi sin interrupción todos los días de la semana. Una cosa llevó a la otra y así nació la idea de alguien que un día asume que no puede hacer otra cosa que quedarse en su casa a mirar partidos uno tras otro, dejando atrás su vida “normal” a pesar de todas las consecuencias que le acarrea esa condición. Me propuse recrear en una novela qué pasaría si a alguien le sucediera algo así. Y el resultado es “Enfermo de fútbol”.
-Este es un libro de fútbol pero a la vez se puede catalogar como una novela hasta costumbrista.
-Sí, desde luego. Además, creo que pinta una época. A veces las cosas suceden tan rápido que no nos percatamos de los cambios que se generan en la sociedad. En los últimos años, los avances tecnológicos, el satélite, las diversidad de canales de TV, internet, han hecho que la televisión, y en especial la transmisión de los partidos de fútbol, formen parte de una cotidianeidad que antes era imposible. Si a eso le sumamos la aparición de las redes sociales que permiten que hechos que antes tardaban mucho en ser conocidos o prácticamente pasaban desapercibidos, tenemos un combo perfecto para que un caso como el de Jesús José Miranda, sea posible.
-Todos en el fondo soñamos con ser José Jesús Miranda…
-Creo que sí. Miranda nos representa a muchos. Los que hacemos malabarismos en nuestras vidas para ver la mayor cantidad de partidos posibles. Todos tenemos un poco de él. Sólo que Miranda lo lleva al extremo. Es un emergente. Alguien que hace posible lo que muchos quisiéramos hacer pero no podemos.
-El libro te sirvió también para hacer ciertos homenajes personales, se percibe…En primer lugar a Independiente, al Bocha y a determinados escritores como Sacheri…
-El fútbol es parte ineludible de nuestra historia personal, de nuestra identidad. Y asociado además a hechos muy significativos de nuestras vidas. Es permanente. Como dice Miranda es un amor para siempre, de los pocos que son para siempre. Y especialmente del cuadro del que sos hincha. Yo como Miranda, soy del Rojo. Me tocó vivir la época de oro del Bocha, la aparición del Kun… tantos años de gloria. Creo que me hubiera sido imposible hacerlo hincha de otro equipo. El es un enfermo de fútbol. De todo el fútbol. Pero hincha de Independiente al fin.

Las redes sociales

-Trata Enfermos de fútbol hasta cuestiones legales. Fue necesario contar con ayuda de abogados…
-Sabés que sí. En un momento de la escritura me encontré con el dilema de cómo se podía resolver el problema de Miranda, que no podía aceptar que la empresa en la que trabajaba no le reconociera su enfermedad y, por lo tanto, le respetase su puesto de trabajo. Y ante el inevitable despido y amparado en su convicción y en el acompañamiento de su hijo que se solidariza con él, encuentra un recurso legal para reclamar judicialmente su reincorporación pero no para cobrar una indemnización sino para que se le reconozca su enfermedad y ser restituido en su puesto de trabajo. Era de difícil resolución pero un abogado amigo dio en la tecla y me ayudó a desentrañar algo que se presentaba como de difícil resolución.
-Otro tema interesante es el de las redes sociales que convierten a Miranda en una figura internacional. Se ve allí también tu veta periodística.
-Así como se nota mi corazón por Independiente, mi veta periodística fue de mucha importancia a la hora de construir la narración. Coloco a las redes dentro del esa transformación a la hora de la nueva forma de comunicación, de cómo llegan las noticias a la gente y de cómo la gente hoy es casi un incipiente periodista. De esto también habla la novela. Miranda se hace famoso gracias a la viralización en las redes. Y son los medios los que llegan después. Eso era impensado tiempo atrás. Y el fenómeno de la globalización masiva y al instante lo potencia aun más.
-Se lamenta Miranda de no haber tenido tanta tecnología, tanta televisión o internet en la época de Cruyff o De Stefano.
-¿No te lo preguntás vos también o cualquier hincha? Sin ir tan lejos en el tiempo, los partidos de Maradona en el Napoli no llegaban en vivo a la Argentina. Para cualquier joven hoy es absolutamente normal ver al Barcelona de Messi, al Madrid de Cristiano o al City del Kun. No se pueden imaginar que eso era imposible antes. Cuando yo era chico sólo los podías escuchar por radio. Y todos se jugaban a la misma hora. En cambio, en la actualidad, es totalmente normal que se transmita cualquier partido. Por eso se pregunta Miranda qué hubiera pasado si en esa época si hubieran existido tantas opciones para ver fútbol.
-Surge también del libro algo que a veces por cotidiano, lo vemos como algo normal pero en realidad somos privilegiados: ser contemporáneos, poder ver en vivo a Messi.
-Exacto. Das en la tecla. Excelente ejemplo. Hoy todos pueden decir “yo vi jugar a Messi” pero son pocos los que pueden decir que lo vieron a Cruyff u otros cracks de no hace tantos años atrás. Lo que antes era imposible o una excepción hoy es absolutamente normal.
-Tiene “olor” a argentino el libro. El fernet, la picada, la ceremonia de ver un partido junto al hijo. ¿Parte de nuestra identidad no?
-Crecemos con eso. Y con nuestras particularidades Tuve la suerte de ver partidos en Inglaterra, España, Francia e Italia. La pasión por el fútbol, el amor por la camiseta es algo que podés ver en todos lados. Pero las formas son muy distintas. Cada país tiene su folklore. Y el de la Argentina, además de nuestro, es único. Y también está eso que muy bien decís, eso que se transmite de padre a hijo. O el encuentro sin fisuras con gente que a veces ni conocés y te abrazás después de un gol en una cancha como si fuéramos hermanos. Ahí no entra en juego la condición social o el pensamiento político de cada uno. Nos une algo difícil de explicar pero que genera una suerte de complicidad que solo el fútbol lo puede dar. Por otro parte, y en referencia a lo argentino, no es casualidad que el primer “enfermo de fútbol” de todo el mundo sea argentino. Será en la ficción. Pero es Argentino. No podía ser de otra manera que sucediera en un país que dio a Di Stefano, Maradona y Messi.

Los caminos del héroe

-Estar en los medios también, satirizándolo, te permite contar aspectos de las presiones que a veces se reciben desde las esferas oficiales e incluso desde las privadas, a través de la publicidad.
-Sí, desde luego. Tengo la suerte de haber pasado muchos años en los medios de comunicación y es algo inherente a nuestro trabajo. Creo que pude retratar en la novela muchos aspectos de cómo nace una noticia, cómo se puede multiplicar, cómo se puede investigar o las presiones que se viven. La experiencia en este sentido me jugó a favor a la hora de recrear la historia.
-Uno de los grandes “climas” del libro se da en la conversión de Miranda, de héroe a antihéroe. ¿Fue de lo más dificultoso del libro?
-Fue uno de ellos, sí. Hasta te diría que si bien tuve en claro desde el principio que eso le pasaría -es algo que lo vemos en la cotidianeidad con gente que pasa para la sociedad de héroe a villano sin filtros- también supe que finalmente volvería a condición de héroe. Un tipo como Miranda, y el desenlace que se da en la novela, no se merecía otro final.
-¿En lo personal sos también “enfermo” de fútbol?
-Creo que todos somos un poco como José. Me gusta muchísimo el fútbol. Pero, claro, es imposible poder ver todo lo que uno quiere a pesar de que hoy están dadas las condiciones para ver partidos todos los días en forma ininterrumpida. Y más con la oferta tan pero tan buena que hay a diario. Lo que hace Miranda es absolutamente posible. Sólo que a todos los “normales” las obligaciones laborales, la familia, y demás compromisos hacen que no sea realizable.
-¿Qué repercusiones tuviste del libro?
-Estoy muy feliz por todo lo que está generando la novela. Tenía una expectativa razonable pero por suerte me está superando. Estoy recibiendo muy buenas críticas. Creo que el hecho que todos se sientan identificados con Miranda, la forma en la que está escrito, la historia desopilante pero al mismo tiempo tan real, logró una combinación que está dando sus frutos. Y ahora hasta me “exigen” que se transforme en película. Todos los que lo leyeron me dicen quién debería hacer el rol de Miranda, de su jefe o de su esposa. Y hasta me dicen quién debería ser el director. Es increíble porque las coincidencias son llamativas. Hubo algunas aproximaciones ya. El tiempo lo dirá. Pero lo cierto es que un libro es como un hijo. Hay que saber soltarlo y dejarlo volar.

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