13 de febrero de 2018
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Un verano con pocas luces

La decisión de la televisión de no emitir en horarios "pico" por la crisis energética alteró la programación inicial. Se jugaron apenas tres partidos de la copa prevista. En compensación, llegó el primer River-Boca, que dejó mucho que desear.

Arriba: Fillol, Mastrángelo, López, Morete, Alonso y Ghiso. Abajo: Passarella, Pena, Wolff, Zuccarini y Merlo. Ese día el "Kaiser" debutó en River como marcador de punta izquierdo.

Por Juan Miguel Alvarez

El de 1974 fue un verano con pocas luces. La decisión de las teledifusoras de no emitir en sus horarios “pico”, por la crisis energética, dejó inconcluso el torneo entonces organizado por Canal 13. Para minimizar las pérdidas económicas se concretó la realización del primer Superclásico de la historia en esta ciudad, que como pocas veces unió a las dos hinchadas antagónicas en un solo cántico para mostrar la desaprobación por el espectáculo.

Desde agosto de 1973 el escenario mundial se vio afectado por la primera crisis del petróleo, debido a la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo de elevar sideralmente el precio del crudo. Con serias dificultades para cubrir la demanda interna de energía, el gobierno nacional de Juan Domingo Perón debió tomar medidas. Y algunos canales de TV, entre ellos el organizador del torneo, prestaron colaboración al no emitir programas dentro del horario de 20 a 23.

Como los partidos de verano (al principio iban a ser no menos de diez) se disputaban en horario nocturno, las consecuencias negativas no tardaron en llegar. El calendario se fue achicando y mutando continuamente.

El Boca-Huracán inaugural cambió de fecha con menos de 24 horas de antelación: “Por el imperio de la TV no habrá fútbol esta noche”, tituló el diario LA CAPITAL. Finalmente abrieron el telón recién el 20 de enero, con triunfo del “xeneize” 4-2 sobre el campeón del Metropolitano’73. Después, apenas se disputaron otros dos encuentros de la Copa de Oro: Boca 3 -Aldosivi 1 y Huracán 2 -San Lorenzo 1.

Entre tantas alteraciones, el miércoles 23 de enero se jugó el primer Superclásico, que entregó el trofeo “Centenario”, en adhesión a la celebración por los 100 años de la ciudad de Mar del Plata.

Su realización la anunciaron apenas unos días antes el intendente municipal, Luis Nuncio Fabrizio, y el promotor del certamen, Oscar Martínez. Pero la expectativa igual fue mayúscula. Tal es así que el partido generó una recaudación record “muy difícil de superar”, según la prensa de la época, con casi 46 millones de nacionales. Cifra que ni siquiera estaba en los pronósticos de los organizadores.

Nunca antes el estadio San Martín presentó un lleno completo como esa noche. Más de 22 mil personas se ubicaron en distintos sectores. Se vendieron 7.800 populares; 4.000 oficiales; 5.500 boletos de la tribuna “Carlos Varela” y 2.800 plateas sobre el sector de Champagnat.

Un dato, hoy llamativo, es que hubo apenas 200 personas entre policías, personal de boleterías y controles. Y “hubo orden para el ingreso y salida de los espectadores”, describieron las crónicas.

En el Superclásico más reciente, el de 2018, más de mil efectivos estuvieron encargados de la seguridad. Otros tiempos.

“Mar del Plata y el estadio San Martín están preparados para ser subsede del Mundial ’78”, se leyó en LA CAPITAL tras el Superclásico de 1974. Recién dos años después se decidió la construcción del Mundialista, que finalmente albergó aquella competencia.

El debut de Passarella y un cántico unánime

El primer Superclásico en Mar del Plata marcó el inicio del segundo ciclo como entrenador de River de Néstor “Pipo” Rossi, quien apenas permaneció un Metropolitano. Pero lo más relevante fue el debut de Daniel Passarella, recién llegado de Sarmiento de Junín, equipo que militaba en la Primera C.

“¿Se anima a jugar el Superclásico?”, le preguntó el técnico al joven de 20 años. Y Passarella respondió: “Hay que ver si usted se anima a ponerme”.

El “Kaiser” -apodo que se ganaría con el tiempo- fue titular como marcador de punta izquierdo y resultó el más regular del partido. “Mostró sobriedad y simpleza”, describió el periodismo. Igual todavía nadie imaginaba que ese joven iba a ser el único futbolista argentino con dos Mundiales ganados (como capitán en Argentina 1978) y uno de los mejores defensores de la historia del fútbol.

En tanto, Rogelio Antonio Domínguez, entrenador de Boca, dejó en el banco de suplentes al flamante refuerzo procedente de Chacarita, Carlos María García Cambón. Sí, el mismo delantero que once días más tarde debutó oficialmente justamente ante River marcando cuatro goles en el 5-2 de la primera fecha del Metropolitano 1974.

En Mar del Plata, la historia fue distinta. El partido terminó 0-0 y defraudó a todos. Tal es así que en los últimos minutos los hinchas de River y Boca coincidieron en un cántico unánime: “Que se vayan…”. Prueba cabal que fue un verano con pocas luces.

Arena, sol y Selección

Pese a la disputa de pocos partidos, Mar del Plata igual fue epicentro del ambiente del fútbol en enero de 1974. Aquí veranearon las principales figuras del país y también se decidió el técnico de la Selección Argentina para el Mundial de Alemania.

El 4 de enero, en el Teatro Opera, fue la reunión cumbre entre Baldomero Gigan, interventor de AFA, y Vladislao Cap, quien resultó electo como entrenador de la albiceleste.

Mientras, el fútbol “se tomó vacaciones” en la ciudad. Carlos Griguol, de parabienes tras llevar a Central al título del Nacional ’73, disfrutó del vóleibol en la arena. A falta de partidos en el verde césped, Rubén “El Chapa” Suñé, por entonces en Huracán, fue el principal promotor de los “picados” cerca del mar. Su compañero Alfio Basile se conformó con andar en bicicleta, en pleno proceso de recuperación por una operación de meniscos.

Carlos Bilardo descansó a medias: se la pasó con la cabeza en su Estudiantes, que necesitaba “dos o tres refuerzos”. A pocos metros de distancia, Hugo “el Loco” Gatti pedía a gritos irse de Gimnasia, esperando volver a jugar en un “grande”, lo que ocurrió recién dos años más tarde con su llegada a Boca.

César Luis Menotti, en tanto, aprobaba la llegada de Cap-Zubeldía al combinado nacional, sin saber que meses después -tras el Mundial de Alemania- tomaría el cargo para lograr una “revolución” en la Selección Argentina.

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