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Deportes 10 de febrero de 2018

Córners en la madrugada

El verano en el que Mar del Plata perdió su torneo: 1994.

Uno de los jugadores de Yokohama Marinos patea un córner en la insólita definición del partido rápido ante Newell's. Duró tanto que la gente se fue de la cancha.

Por Sebastián Arana

Paréntesis para una historia de cincuenta años. Mar del Plata no tuvo torneo veraniego en 1994. Varios motivos confluyeron para que Recova y Torneos y Competencias resolvieran llevarse a los cinco “grandes” (Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo) a Mendoza.

El primero fue la aparición en escena de la empresa Telemarket -uno de cuyos integrantes, Hugo Jinkis, con los años estuvo acusado de pagar sobornos en el FIFA Gate-, con su Proyecto Alvarado y su apetencia de lograr la explotación del entonces estadio “Ciudad de Mar del Plata” por un largo plazo. Una cuestión que, en definitiva, pasó a un segundo plano.

Entonces surgió el interés de la firma Soccer SA, representada entonces por el ex jugador Ricardo Omar Giusti, con el pedido de tres fechas para traer a Mar del Plata a Newell’s Old Boys de Rosario con Diego Maradona. Como si fuera poco, las negociaciones siempre estuvieron enturbiadas por una supuesta deuda que Torneos y Competencias mantenía con el Municipio desde el verano anterior.

Los concejales intentaron resolver el entuerto redactando entonces una ordenanza en la que se adjudicó la explotación del estadio para ese verano a la Liga Marplatense (en consecuencia, a Recova y Torneos y Competencias) por doce fechas y por otras tres a Soccer SA, con el añadido de severas cláusulas para percibir los cánones y otro tipo de impuestos, más la exigencia de respetar fechas de prácticas y partidos de Alvarado en el Torneo del Interior. Molestos por la pérdida de la exclusividad, los directivos de Torneos se llevaron el fútbol y a los “grandes” a Mendoza.

¿Cómo se procuró llenar el vacío? Con Alvarado, que entonces se preparaba con un gran plantel para afrontar la aventura de intentar llegar a la B Nacional, y fundamentalmente con el Newell’s de Diego Maradona.

Pocos recuerdan que “el primer partido del verano” lo jugaron Alvarado y el Irgiz, un ignoto equipo de la ciudad de Balakovo, de la Segunda Liga de Rusia -una tercera división-, traído al país por Telemarket. Había sido fundado dos años antes y en ese mismo 1994, después de alcanzar los octavos de final de la Copa de Rusia, se disolvió. Duró tan poco como casi todo lo que tocó aquel verano la Mar del Plata futbolera.

El conjunto marplatense se impuso 2-1 con goles convertidos por el ex internacional Juan Barbas y Claudio “La Rata” Rodríguez. Se recaudaron 9.184 pesos por la venta de 1.146 entradas. Apenas un aperitivo que sólo disfrutaron los hinchas del “Torito”.

Mucho mayores expectativas, en cambio, hubo en torno a la primera presentación del Newell’s de Diego Maradona, la gran apuesta de Soccer SA. El equipo rosarino iba a disputar el martes 25 de enero un partido ante Vasco da Gama de Brasil. “Ojalá pueda dejarle una diablura a Mar del Plata”, dijo el astro tres días antes del partido en declaraciones a LU6.

Nadie puede decir que Diego no cumplió. Ese 25 de enero una lluvia torrencial obligó a posponer el encuentro para el día siguiente. El “10” aprovechó la noche libre para ir al Súper Domo a ver un partido de Liga Nacional de Básquetbol entre Peñarol y Atenas de Córdoba y luego se fue a cenar al restaurante “Amigos”, con su representante Marcos Franchi -acompañado por sus hijos-, el DT de Peñarol Néstor García, su amigo Darío Donadío y uno de sus guardaespaldas.

Lo que ocurrió luego ingresa en el terreno de los mitos urbanos. Lo único comprobable es que Maradona desapareció de escena y regresó tres días después “tiroteando” a periodistas en una quinta de Moreno. Mientras se retiraban de incógnito sus pertenencias del Hotel Primacy y se llevaban a Buenos Aires, los organizadores del partido intentaron protegerlo argumentando que se había resentido de una lesión y ofrecieron la devolución del dinero de la entrada al partido a todos aquellos defraudados por la imprevista ausencia del crack.

Finalmente, con tribunas raleadas -alrededor de cinco mil personas compraron su ticket, aunque se dejó pasar gratis a cerca de dos mil- y la expectativa por los suelos, Newell’s y Vasco da Gama jugaron el cotejo y, tras un entretenido 2-2, el capitán brasileño Pimentel levantó la Copa “Diario La Capital” en juego aquella noche. El entonces presidente “ñulista” Walter Cattáneo, días después en Mar del Plata, anunció la rescisión del contrato con Maradona.

El último capítulo de este verano tumultuoso se escribió el jueves 3 de febrero. Soccer SA organizó un triangular rápido entre los japoneses de Yokohama Marinos (con Ramón Díaz, David Bisconti y Gustavo Zapata en el plantel), de pretemporada en Mar del Plata, el propio Newell’s y Alvarado. Tres partidos de 45′, con intrincados métodos de desempate en caso de igualdad.

No fueron necesarios tras el primer mini-partido, un triunfo 2-1 de los titulares de Alvarado sobre los suplentes nipones, con goles de Rudman y Claudio Rodríguez.

El mamarracho llegó en el segundo turno. Rosarinos y japoneses (con los tres argentinos) igualaron en un tanto. Los organizadores dispusieron que desempaten ejecutando córners sin arquero. Nadie sabía muy bien qué hacer. A regañadientes los dos equipos patearon los “olímpicos”: una decena cada uno y sólo una conversión por bando. La impaciencia inicial del poco público creció hasta llegar a los insultos. Después de cuarenta minutos de desempate, el árbitro Guillermo Marconi y Ricardo Giusti decidieron que se pateen penales. Yokohama Marinos, por esa vía, se impuso 3-2.

Para entonces, la mayoría del público se había ido del “José María Minella”. Ni los nipones se quedaron a la premiación. Sólo un puñado de estoicos hinchas de Alvarado presenció, ya de madrugada, el triunfo 1-0 de sus suplentes (gol del “Pato” Hugo Subiledt) sobre los titulares “leprosos”.

Ese cierre pintó a la perfección el verano futbolero. Así como Diego Maradona abandonó a Newell’s, meses después Telemarket dejó en Pampa y la vía a Alvarado. Ricardo Giusti continuó su carrera empresarial orientado a la representación de jugadores y se alejó de la organización de eventos. Los hinchas, espantados, terminaron huyendo del estadio. Y los jugadores, tan solos como José Sacristán, pateando córners en la madrugada.