29 de May de 2010

A ocho años del insólito final de Horacio García Blanco

por Raúl Ramírez

Fue sin ninguna duda uno de los grandes comentaristas radiales en materia de fútbol y boxeo, principalmente en las décadas del '70 y del '80, cuando cumplía esas funciones en las transmisiones de Radio Rivadavia. En fútbol con el equipo de José María Muñoz y en boxeo con Osvaldo Caffarelli.

Apasionado, franco, por momentos vehemente, supo entender el deporte desde las palabras sencillas y la comunicación directa.

Por similitud de actividades, tuve ocasión de encontrarme con Horacio en memorables noches del Luna Park. Solíamos charlar a las apuradas momentos antes del inicio de nuestras respectivas transmisiones y con la fuerza y pasión que surgía de su personalidad, daba muchas veces algún pronóstico de lo que "podía pasar" en la pelea de fondo. Siempre defendió con firmeza sus convicciones, por lo general acertadas. A partir del año 80, cuando se encumbraba la figura de "Uby" Sacco y comenzaba a apagarse la potencia de Tito Yanni (h), nos veíamos seguido en el Luna. Horacio era admirador de "Uby". Me parece escucharlo la tarde-noche del 21 de julio de 1985, cuando en Campioni D´Italia el púgil marplatense demolía Gene Hatcher y se coronaba campeón mundial.

La voz de García Blanco repetía a aquel recordado 9° round, que sería el final: "el médico para la pelea y el referí la deja seguir!!! El médico la paró! esto no debe continuar". Y tuvo razón.

Horacio García Blanco fue un grande del periodismo. No merecía tener el triste final que se lo llevó. A los 65 años, falleció el 30 de mayo de 2002, en el Sanatorio de la Santísima Trinidad, víctima de una descompensación cardíaca, tras soportar una insuficiencia renal. Tenía previsto viajar a España para superar su mal. Una cirugía le salvaría la vida. No pudo ser. Todos sus ahorros quedaron atrapados en el maldito "corralito" bancario y no logró liberarlos para su atención médica.

Así se produjo el insólito final de un referente del periodismo deportivo. Se están cumpliendo ocho años de aquel desgraciado momento.

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