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20-06-2010

Las raíces y los orígenes

por Vito Amalfitano

esde Johannesburgo, Sudáfrica

¿Qué mejor manera de esperar el Día del Padre y el Día de la Bandera, a miles de kilómetros, que entre argentinos de acá y de allá? Pues bien, así fue, y fue una de las noches más emocionantes que vivimos desde que estamos en Johannesburgo para el Mundial de fútbol.

La Asociación Argentina de aquí convocó a todos los argentinos visitantes con los que pudo contactarse y organizó un gran asado en la sede de la entidad, en el Marks Park Sport Club de Emmarentia.

Todo fue muy argentino, salvo el horario: el asado, un sábado a la noche, empezó a las 19 y todo, todo, se terminó a las 22. "Esto es Africa, todo se termina a las siete de la tarde", nos explican.

Lo cierto es que asistimos con placer y lo disfrutamos entre banderas y compatriotas que hace años viven aquí y muchos otros que vinieron para la Copa del Mundo, hinchas y periodistas. Decenas de familias, ningún "barra brava" -vale aclararlo una vez más, son una ínfima minoría entre los miles de aficionados que viajaron desde Argentina-, de Buenos Aires, de Rosario, de Bahía Blanca? Y un puñado de periodistas, los que pudimos ser contactados y convocados, porque vivimos en una zona cercana a la Asociación: Sergio Gendler, de Canal 13 y TN; Daniel Mollo, de Radio Mitre, Radio América y Magazine TV; el necochense Jorge Barbieri, quien está relatando aquí para Radio La Red; y quien esto escribe, del diario LA CAPITAL, LU6 Radio Atlántica y Canal 2 de Mar del Plata. Los anfitriones: la presidenta de la Asociación, Diana Acosta Alarcón; el anterior presidente, el marplatense Eduardo Todisco -quien está hace casi 30 años en Johannesburgo-; la secretaria de la entidad, la licenciada en Química Mabel Coyanis; la también marplatense Patricia Giachino; la tesorera Wilma Thom; la encargada del salón, Sandra Peña; y la encargada de "cine y peña", Nora Heredia, que es la mujer de Alejandro Heredia, ex arquero argentino, quien jugó 13 años aquí y ahora es entrenador de goleros, instructor FIFA y columnista en televisión durante el Mundial.

Además, algún otro anfitrión no oficioso, como Alfredo Aravena, quien dio muestras de su generosidad y mano tendida a argentinos que llegaron aquí para el Mundial con un gesto notable: alojó en su casa a los dos periodistas cordobeses que fueron asaltados y que se quedaron prácticamente sin nada.

Además, lo trae a Gendler, nos quiere llevar a nosotros. Su disposición es permanente. Alfredo vive aquí hace veinte años con su esposa, tiene cuatro hijos, dos viven en Sudáfrica y dos en el exterior. "Llegué como un humilde colocador de azulejos y pude montar aquí una pequeña empresita de colocación, yo sigo poniendo azulejos y cerámicos y ya mi vida está acá. Mis hijos, mis nietos?", nos cuenta con un sentimiento que parece mezcla de resignación con satisfacción por el deber cumplido. "Este país me abrió los brazos y me dio todo, no puedo quejarme, y tengo una excelente relación con negros y blancos", nos aclara ante una pregunta nuestra.

Mientras traen la tercera bandeja de parrillada por la llegada a nuestra mesa de Sergio Gendler y su mujer, la velada se matiza con cánticos a favor de la Selección (manda el clásico "Vamos, vamos, Argentina?") y con anécdotas imperdibles del colega Jorge Barbieri, que nos hace llorar de risa y nos pide que le mandemos saludos a su gente de Necochea y San Cayetano, teniendo en cuenta la llegada de LA CAPITAL a toda la zona.

Poco después de disfrutar de un asado de primera (ya consignamos en este espacio que aquí la carne es muy buena y también las achuras, agregamos ahora), bien rociado, claro, algunos hasta se le animan al baile, con música de fiestas de la que conocemos hoy en Argentina. Mientras tanto, continuamos escuchando con mucha atención las historias de vida de algunos de los anfitriones "argentino-sudafricanos". Por ejemplo, Alejandro Heredia nos reseña que le fue muy bien como arquero aquí y que después fue muy respetado como entrenador de arqueros de la selección de Sudáfrica. "Trabajé con todos los seleccionadores, verdaderos caballeros como Phillipe Troussier o Joel Santana. Este es el primer Mundial en mucho tiempo, con eliminatorias incluidas, que no estoy en la selección. Pasa que Parreira llegó y trajo nueve colaboradores, entre ellos un entrenador de arqueros que es el primo de la mujer", cuenta. También Heredia entrenó arqueros para Angel Cappa, cuando el actual DT de River dirigió aquí al Mamelodi Sundowns, y ganó la Charity Cup. "Angel es otro señor con quien trabajé muy bien", dice Alejandro, quien en este Mundial se desempeña como instructor FIFA y comenta los partidos en TV junto a un campeón del mundo, Julio Ricardo Villa. Heredia es otro que ni piensa en volver a Argentina, no por resentimiento ni mucho menos, sino porque más de media vida la hizo en este país, y de aquí son sus hijos y nietos. Uno es de dónde echa raíces, se dice. Y es así. Aunque esta gente no disimula su emoción por compartir este momento, junto a la bandera celeste y blanca que cuelga de estas paredes, y con los argentinos que llegaron para el Mundial. El origen y el barrio vuelven a estar aquí, el fútbol los trajo con su magia.