Proceso de paz en Pakistán, ¿y ahora qué?
por Pau Miranda (*)
ISLAMABAD, Pakistán.- La reciente muerte del líder talibán de Pakistán, Hakimulá Meshud, en un ataque de Estados Unidos hizo descarrilar el incipiente diálogo de paz en el país asiático, y dejó al Gobierno local en fuera de juego y ante múltiples interrogantes.
Desde la muerte hace once días del líder de Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), la principal agrupación insurgente, en la incursión de un avión espía, uno de los aspectos más comentado por medios y analistas locales es la confusión imperante en la clase política.
El viernes 1 de noviembre, un misil estadounidense acabó con el líder del TTP apenas horas después de un anuncio del Gobierno en el que daba cuenta de que todo estaba a punto para sentarse a negociar con la cúpula de los talibanes después de meses de preparativos.
En un texto publicado ayer en el rotativo The News y titulado "Confusión y claridad", el articulista Amir Zía compara la velocidad y aparente eficacia con que los talibanes se han repuesto de la pérdida de su líder y la contrapone a la estupefacción del Ejecutivo.
Pero los efectos de la muerte de Mehsud van más allá del Gobierno, que insiste en su plan negociador a pesar de la clara negativa de los insurgentes a dialogar, y se extienden a una clase política caracterizada por un discurso ambiguo sobre el terrorismo.
Una muestra de la fragilidad del consenso político la ofreció el partido religioso Jamaat-e Islami (JI), cuyo líder, Munawar Hasán, calificó al fallecido líder talibán de "mártir", un calificativo que en cambio negó a los soldados muertos a manos de los insurgentes.
Las declaraciones del responsable de JI, una formación con poca representación institucional pero gran influencia, provocaron una airada y muy inusual reacción del Ejército, que afirmó en un comunicado que los paquistaníes tienen muy claro "quiénes son sus enemigos".
Las grietas del frágil consenso institucional en el país asiático sobre cómo afrontar el terrorismo se han hecho evidentes, y aunque los principales partidos se mantienen por el diálogo, la posibilidad de una negociación de paz parecen haber quedado en vía muerta.
El principal partido opositor, el PTI del ex criquetista Imrán Khan, también quedó con el paso cambiado y, aunque insiste en su discurso populista de culpar a Estados Unidos de todos los males, no logra liderar el descontento popular por la ineficacia de los mandatarios.
"El Gobierno insistirá en el diálogo, entre otras cosas por la presión de una opinión pública a la que se ha convencido de que es la mejor opción, pero ante el previsible fiasco, el Ejecutivo estudiará la vía militar", dijo hoy a EFE el analista Razá Rumi.
En su opinión, si las conversaciones no funcionan, el Gobierno encabezado desde junio por la conservadora Liga Musulmana sondeará con el Ejército la posibilidad de una operación a gran escala en la zona tribal de Waziristán del Norte, el principal bastión talibán.
"Un problema añadido en ese caso es que el Ejército está a punto de cambiar a su jefe (el actual, Ashfaq Pervez Kiyani, agota su mandato este año), y habrá que ver si el nuevo liderazgo apoya un operativo tan complejo y arriesgado", afirmó Rumi, director del Instituto Jinnah, un prestigioso centro de estudios paquistaní.
Por si el escenario interno no fuera suficientemente complejo, el incidente que acabó con la vida de Hakimulá Mehsud y cinco de sus seguidores también evidenció que, a pesar de las buenas palabras, las agendas de Washington e Islamabad están lejos de sintonizar.
"El momento y la forma de la operación para matar a Mehsud prueban que Estados Unidos va a seguir con su política en la región sin tener demasiado en cuenta la opinión de Pakistán respecto a los 'drones' (denominación habitual de los aviones espía)", reflexionó Rumi.
Los ecos del operativo secreto contra el líder del TTP incluso llegan al vecino Afganistán, donde el presidente, Hamid Karzai, criticó la oportunidad del ataque estadounidense poco después de saberse que intentaba usar en su favor a los talibanes paquistaníes.
Por último, la forma como se produjo la sustitución del cabecilla talibán muerto también sugiere disensiones en las filas del TTP, que por primera vez tendrá un líder no originario de las áreas tribales.
Tras un proceso de apenas unos días, el consejo rector de la agrupación insurgente escogió la semana pasada al mulá Fazlulá, exponente de la facción insurgente radical y presunto instigador del ataque contra la joven activista Malala Yusufzai.
"Eso indica diferencias internas entre los diversos clanes del TTP, pero a la vez lleva a pensar que ahora el movimiento talibán paquistaní ya es realmente nacional, y eso es muy peligroso", alertó el director del Instituto Jinnah.
La muerte de Hakimulá Mehsud dejó un escenario que pone una vez más al descubierto la complejidad de la violencia talibán y del entramado de intereses que operan en la región.
Como dijo el ex militar y analista local Samson Simon Sharaf en un artículo publicado este fin de semana en las redes sociales, "el polvo que ha dejado este 'drone' tardará años en despejarse".
(*): EFE.
