De salarios, viejos y mañas
El del aumento del costo de vida es el dato saliente de una sucesión de semanas de pulseadas de dudosa credibilidad entre sindicalistas y empresarios.
por Luis Tarullo (*)
Y finalmente un día el Salario Mínimo, Vital y Móvil quedó establecido en 2.300 pesos y terminó de consagrar, con la bendición oficial, el reconocimiento de una inflación sideralmente superior a la que calcula el propio Gobierno.
Sin dudas que el del aumento del costo de vida es el dato saliente de una sucesión de semanas de pulseadas de dudosa credibilidad entre sindicalistas y empresarios, donde volvieron a mostrar en público discrepancias entre las cifras sostenidas por unos y otros para la actualización de ese haber.
Así, mientras los dirigentes de la CGT, con Hugo Moyano a la cabeza, con la adhesión de su socio gremial de los últimos tiempos, HugoYasky, reclamaban 2.600 pesos -41 por ciento de incremento-, la última oferta empresarial apenas rozaba el 20 por ciento, lo cual hubiera llevado el monto a 2.200 pesos cuanto mucho.
Era una fija, como ocurre desde siempre, que el número iba a ser intermedio y no distaría mucho de lo que venía barajándose en el ambiente. Y así quedó establecido en 2.300 pesos, producto de la aplicación de un aumento de 25 por ciento.
El escepticismo acerca de la real disputa entre gremialistas y empresarios lo corrobora el hecho de que en apenas un día -encima viernes-, y más allá de un cuarto intermedio justificado en las diferencias pero con tufillo a "pour la gallerie", se cerró el acuerdo y lo homologó la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
La política del tero es aplicable a muchos ámbitos de la vida. Por si alguien no lo sabe, la simpática pero celosa ave tiene la característica de depositar los huevos en un lado y gritar en otro lo suficientemente lejos, como para alejar a los intrusos y a los eventuales peligros de sus futuros polluelos.
Por eso es posible apostar doble contra sencillo que mientras los contendientes se ladraban por los medios de comunicación, había un hervidero de llamados telefónicos y reuniones secretas y, en consecuencia, habrían llegado a las oficinas ministeriales con el tema prácticamente "cocinado"".
Ahora bien, no es ocioso reiterar que Gobierno, sindicalistas y empresarios coinciden, como el resto de los ciudadanos -oficialistas y no oficialistas- en que en todos los ámbitos desde hace largo rato ya se reconoció la inflación real ("la de las góndolas", como acertadamente la bautizó Moyano) por sobre la habitualmente anunciada por el INDEC. Y esta negociación por el Salario Mínimo puede ser considerada la frutilla del postre.
Pero esto no termina a aquí, en cuanto a salarios se refiere, porque a la evidente destrucción de las estadísticas de inflación oficiales a través de los hechos, le está sucediendo una exhaustiva requisa de los acuerdos firmados no hace mucho por los dirigentes gremiales.
Por un lado, van sumándose paulatinamente -tanto de manera por ahora reservada como públicamente- las organizaciones que advierten que las mejoras celebradas en la última ronda de paritarias están siendo pulverizadas por el aumento de los precios.
Por ello, ya están anunciando que pretenden una renegociación para superar esas pérdidas. Pero como seguramente habrá reticencia -tanto en el ámbito empleador privado como en el estatal- a reabrir las paritarias, en el horizonte parece asomar una práctica ya aplicada en ciclos anteriores, como el otorgamiento de sumas fijas o a cuenta de futuros aumentos para compensar las caídas.
Y a no confundirse porque, aunque parezca mentira, ya está a la vista el recodo del último tramo del camino que lleva de manera acelerada al fin del año, cuando se agudizan los gastos y los bolsillos terminan raquíticos.
Por otro lado, como cada vez que se actualiza el Salario Mínimo, hay que pasar revista a aquellos básicos de convenio que podrían quedar por debajo de ese haber, más allá de que el ingreso conformado de esas eventuales actividades esté muy por encima.
Es que, como lo indica su propia definición, es el ingreso Mínimo que debe percibir cualquier asalariado. Claro que, dicho sea de paso, entre la denominación de ese salario y la realidad de una multitud de trabajadores, básicamente los no registrados, suele haber, históricamente, un abismo.
Hay quienes ganan menos -y mucho menos- que esa cifra (lo cual anula su calidad de Mínimo) y también está demostrado que no es absolutamente Vital (si se tiene en cuenta que debería ser suficiente para cubrir gastos elementales). Así, se le podría reconocer entonces apenas la característica de Móvil (por la mera formalidad de que es actualizado una vez por año).
De todas maneras, el capítulo del Salario Mínimo quedó cerrado y hay entonces una ventana abierta menos antes de las elecciones en las que el Gobierno quiere revalidar sus títulos.
La Presidenta aprovechó la ocasión del anuncio para dar una palmada con aroma preelectoral a gremialistas y empresarios. Incluso se permitió una lisonja al aludir a los "Hugos" -por Moyano y Yasky- calificando al camionero como el "Hugo Negro" y al docente como el "Hugo Blanco", lo cual fue obviamente festejado por los asistentes al acto oficial.
Pero este acuerdo evidentemente no alcanza para neutralizar otros reclamos sindicales de mayor envergadura, cuales son el aumento del sueldo mínimo no imponible, para evitar que los salarios continúen siendo masacrados por el Impuesto a las Ganancias; la universalidad del pago de las asignaciones familiares y la cobertura de deudas con las obras sociales por parte del Estado.
Acerca de este último punto habrá que seguir con atención la evolución de un supuesto plan -que hasta ahora no fue mostrado oficialmente- para producir una reestructuración drástica en el sistema de obras sociales. De acuerdo con lo trascendido, de concretarse, el proyecto podría significar un mandoble mortal al poder económico de los gremios.
Pero como en muchas otras iniciativas que no han sido llevadas a la práctica, también en este caso anida la sospecha de un posible "apriete" a los sindicatos para que al menos moderen sus demandas y se mantengan alineados y sin condiciones en el oficialismo.
Claro que los dirigentes saben hasta donde tirar de la cuerda y cuando soltar carrete. Estos días, en los que hubo andanadas contra Moyano, unos y otros estuvieron practicando con mensajes y advertencias para la tropa propia pero también para la ajena, aunque digan que transitan por la misma senda. Hasta alguno, como el textil Jorge Lobais, se animó a decir, esquivando cualquier atajo diplomático, que hay en el oficialismo quienes quieren verlos fuera de carrera y, como si fuera poco, que consideran a los dirigentes gremiales -sobre todo a los más veteranos- como "una manga de viejos pelotudos".
Hacer esta afirmación implicó en simultáneo una manera inequívoca de advertir que pueden ser viejos, pero no lo segundo. Razón no le falta. Si algo han demostrado históricamente los gremialistas de raigambre peronista es que pueden ponerse viejos, pero, como el zorro, jamás perder las mañas.
(*): DyN.
