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9 de March de 2010

"La teta asustada", último acercamiento del cine peruano al terrorismo

La película refleja la evolución de Perú a la hora de entender y explicar el conflicto armado.

Un grupo de mujeres sostiene afiches de la película peruana "La Teta Asustada" en el barrio Manchay de Lima.

por Paco de Campos (*)

LIMA, Perú.- "La Teta Asustada", que hizo historia como la primera película peruana en los Oscar, es el último acercamiento del cine nacional al fenómeno del terrorismo en el país, presente en los últimos 20 años y que refleja la evolución de Perú a la hora de entender y explicar el conflicto armado.

Desde que Sendero Luminoso comenzó en 1980 su lucha contra el Estado peruano, en un periodo que se alargó hasta el año 2000 y que dejó por el camino más de 69.000 víctimas mortales, el cine ha mostrado todo tipo de puntos de vista sobre la guerra interna.

Se rodaron películas de ficción que retratan el drama de las principales víctimas: los campesinos de la sierra andina peruana, atrapados y flagelados por terroristas y fuerzas del Estado por igual; así como visiones no exentas de nostalgia que buscan la reconciliación de un país roto.

Tampoco falta el retrato de algunos de los principales personajes en el conflicto, o intentos de limpiar la imagen del Ejército.

Y es que, como señala el director peruano Alberto Durant, la época del terrorismo marcó tanto al país que durante muchos años era difícil eludirlo: "¿De qué hablamos los cineastas? De lo que nos toca, y nada nos ha sacudido tanto ni removido tanto la vida como esos 20 años de violencia que nos tocó vivir", dijo en entrevista con EFE.

Como sucedió con "La Teta Asustada", la primera película peruana que se acercó al fenómeno del terrorismo, "La boca del lobo" del director Francisco Lombardi, recibió numerosas distinciones internacionales, como el premio del jurado del Festival de San Sebastián de 1988.

La película tiene como protagonistas a un grupo del Ejército peruano destinado a un aislado pueblo andino durante los primeros años del conflicto, cuando el Estado trataba de luchar contra un enemigo que desconocía y contra el que no funcionaban las estrategias y armas tradicionales.

El filme de Lombardi se centra en la paranoia que crece entre los soldados ante un enemigo presente en el ambiente, pero que nunca es mostrado, y donde las desnudas montañas que rodean el pueblo encarnan este amenazante peligro en el horizonte.

El final de la película, en la que un desengañado joven soldado abandona el Ejército y emprende camino hacia un rojo atardecer, motivó las críticas de algunos sectores de la sociedad y la política peruana, en una tónica que se ha repetido en casi todas las películas que cuestionaban la lucha del Estado contra el terrorismo.

Aunque "La boca del lobo" logró el favor del público peruano, otros intentos en los años posteriores de acercarse al fenómeno fueron fracasos de taquilla, lo que, según señaló el crítico e historiador Ricardo Bedoya a EFE, creó un tabú, donde "nadie quería hacer ni ver" películas sobre terrorismo.

Entre ellas, destacan "La vida es una y sola", del año 1992 y que analiza cómo la lucha entre Ejército y terroristas destruye la vida en un pueblo de los Andes, y "Ni con Dios ni con el Diablo", que estrenada en 1993 muestra el problema de la migración hacia la capital limeña que provocó la violencia en el interior del país.

Tampoco faltó un "biopic", como el que Durant realizó en 1998 sobre Maria Elena Moyano, célebre activista social asesinada por Sendero.

Sin embargo, el rebrote del cine peruano no ocurrió hasta 2003, cuando el tiempo permitió verter una nueva mirada reconciliadora sobre el conflicto y se estrenó la ópera prima de Fabrizio Aguilar, "Paloma de papel", que de nuevo fue un éxito de público.

Para Bedoya, este filme tuvo éxito "porque daba una visión reconciliadora, la de un hombre que regresa a su pueblo porque ya pasó la violencia y vuelve a trabajar mientras recuerda su experiencia de niño".

Poco a poco, la tendencia fue derivando hacia películas como "La teta asustada" o "Tarata", también de Aguilar, en donde el terrorismo ya no es protagonista de la trama, sino que es utilizado como metáfora o contexto para contar conflictos internos y personales.

Ante la proliferación de sentencias contra militares y ex gobernantes por su implicación en asesinatos y abusos durante el conflicto, no faltaron intentos de limpiar la imagen de las Fuerzas Armadas.

Con ese objetivo, se estrenó en 2008 el drama "Vidas Paralelas", financiado por militares y con guión del capitán Carlos Freyre, y que deja muy claro que único culpable de la violencia fue Sendero y las víctimas ocasionadas por el Ejército males necesarios para lograr la ansiada paz.

(*): EFE.