"La literatura y la música están en contacto, en ambas tiene que haber swing"
Marcelo Gobello, autor de treinta y dos libros sobre rock. Sus libros fueron editados por editoriales importantes, algunas de Europa. Especializado en el rock, dice que sus textos forman parte de la literatura. "En Argentina existe el prejuicio de que se es escritor cuando se escribe ficción", aclara.
En su planeta, el tiempo se mide con libros. "Hace dos libros atrás", dice sobre la fecha de aparición de "El rock ha muerto", una antología que escribió a su vuelta de Europa, que contiene diferentes artículos sobre música y que, recientemente, supo que había tentado el interés de Javier Malossetti. Claro, Marcelo Gobello se da el lujo de imponer su propio sistema de medición a los años que pasan porque es autor de treinta y dos libros. Algunos de ellos aparecieron con seudónimo, la mayoría con su verdadero nombre.
Excepto en el primero ("El alarido de la mariposa"), que fue de poesía, en todos los demás libros unió sus dos pasiones: la música y la literatura. Ahora acaba de aparecer "Medio siglo con los Rolling Stones", donde analiza la vigencia de esta gran banda de rock, cuenta cómo llegó el blues a Gran Betaña, incorpora datos de la vida de Brian Jones, el primer líder de los Stone que fue encontrado muerto en 1969, evoca el recital maldito de Altamont del mismo año y traduce entrevistas realizadas a algunos de estos músicos. También dedica un apartado a la vida de Muddy Waters, cantante de blues que influenció en Jagger. Y el prólogo es de Black Amaya.
-¿Por qué optaste por firmar algunos libros con seudónimo?
-Porque la gente te encasilla. A mi a esta altura de mi vida el rock me tiene un poco reventado... Hice un libro sobre el bolero con Gabriel Cabrejas. Firmamos como Emiliano Chavez Cortes, un nombre que me encanta. Después hice otro sobre Depeche Mode que firmé como Marco Gatts, para respetar las letras de mi nombre.
-Editaste treinta y dos libros en treinta años años, más o menos un libro por año. ¿Cómo hiciste?
-Son demasiados, yo sospechaba de los tipos que tenían tantos libros... Tuve mucha producción en los primeros años, me contrataron para hacer diez libros de movida. A mi me parece que la producción independiente es muy loable pero yo siempre escribí sabiendo que se iba a publicar, me editaron distintas editoriales, la más importante fue Planeta, con la que hice "La poesía del rock", que fue un estudio estilístico de las letras de la historia del rock con una antología bilingue. Y los más importante fueron los libros que hice en Europa, con la editorial Le noire, que está especializada en rock y es de Barcelona. Trabajé sobre Peter Hammil y sobre Los Ramones. En Le noire están los más grandes escritores sobre el tema, estuve en una reunión en Londres con todos ellos, tipos de los que me había comprado libros. Cuando vi mi libro al lado de los de ellos, me dije "vuelvo a la Argentina". Es que había estado siete años afuera y publicar allá fue como un sueñlo hecho realidad.
-¿Considerás que sos un escritor leído sólo por un público específico, el que gusta del rock?
-Mis escritores favoritos están dentro de la narrativa, sobre todo de la narrativa norteamericana, los del nuevo periodismo, desde Capote, Norman Mailler a Raymond Chandler, con la novela negra. En Argetina lo seguí a Rodolfo Walsh. Ese estilo me tiró siempre. Yo traté de hacer ficción dentro del periodismo y de meter periodismo dentro de la ficción, una cosa así. Escribí mucha ficción pero no me la publican, tengo cuentos, novelas, la poesía fue lo primero, pero además está todo este nicho de la escritura de rock que es bastante rara. En mi último libro, todo el capítulo central está novelado. En Argentina existe el prejuicio de que se es escritor cuando se escribe ficción, si no escribís novelas no sos escritor.
-Es decir, considerás que tus libros están dentro de la literatura.
-Para mi son literatura cien por cien, siempre lo defendí, por eso estoy tan contento con el premio Lobo de Mar, que me acaban de dar, porque es en el rubro letras. De los escritores, disfruto mucho el cómo escriben. Es que para mi la literatura tiene un contacto muy fuerte con la música, en el sentido de que en las dos la parte técnica es bienvenida, por supuesto que sirve, pero si no tienen swing y sentimiento no sirven. Un swing verdadero, eso que es inclasificable. Cuando alguien tiene afinada la oreja se da cuenta cuando un músico de jazz o de blues tiene swing, que es lo que la música ha perdido hoy. La literatura tiene que tener eso, no tiene que ser mera técnica. Una página tiene que estar cargada de emoción, tiene que tener sentimiento.
-¿Y cómo lográs eso?
-Yo aspiro a eso. A escribir, para mi, se aprende escribiendo y publicando, dije alguna vez y los que me escucharon pensaron que era pedante. Porque vos podés escribir y decir que es maravilloso pero si nunca te das a conocer... Al publicar uno queda muy expuesto. Además,
trato de tener un estilo bien despojado, que es lo que me gusta.
-¿Qué es un estilo despojado, cómo lo definís?
-Es lo más dificil, el estilo despojado es escribir lo menos artificial posible, lo más directo posible. Cuando hago poesía hago poesía y pongo metáforas y cuando hago una crónica o cuando escribo narrativa trato de que sea algo directo y contundente. Un estilo despojado en el sentido de los artificios.
-¿Tu artificio es el despojo? Porque la literatura siempre es artificio.
-Sí, exacto, por supuesto. Esas modas que se imponen de esos tipos que escriben como los tipos de la calle, viste que ahora se puso de moda el villero, el tipo que escribe como habla el villero, para mi eso no es literatura. O sea, admiro al tipo que no escribe como un villero sino que te hace creer que así hablaría un tipo de cierta condición social. Eso para mi es literatura.
-¿Cómo arranca tu interés por el rock?
-La literatura y el rock me gustraron desde siempre. En mi casa se escuchaba mucha música, mucho tango, tengo a mi tío abuelo que es de la Academia Porteña del Lunfardo. De parte de mis abuelos, que eran todos italianos, escuchaba opera y por mi vieja llegué al rock. Ella escuchaba el rock de la primera camada, la de los años 50. Era rocanrolera en el 56. Yo viví la década del 70 del rock sinfónico y los primeros shows a los que asistí fueron no los de los pioneros, sino que agarré la segunda camada, a Sui Generis, Invisible, Aquelarre, Pappo. Y en Mar del Plata fui cantante y bajista de varias bandas: de Los moscardones, canté con Némesis, con Los hijos de Adriano, con Garrote Vil. Ahora estamos tratando de reformar a Los moscardones, una banda en la que estaban Daniel Bramajo, Marcos Maldonado y Rodolfo Petersen, que está en Brasil.
-¿Qué estilo hacían?
-Un rock and roll duro, yo me ponía una cadena de perro, lentes negro y lo nuestro era no al pop. No éramos heavy. Los moscardones fuimos el antecedente del grunge antes de que existiera Nirvana, nosotros hacíamos una mezcla de cosas de Los ramones, alguna cosa de los Clash y rock duro de los 70, del estilo de Led Zepellin. Eramos medio incomprendidos pero teníamos nuestro público.
-¿Verdaderamente salías a tocar con una cadena de perro?
-Sí, me ponía una cadena de perro, una musculosa negra y unos lentes. Fue mi etapa de poeta maldito, cuando había descubierto a Jim Morrison. Después terminé haciendo un libro sobre él. Fueron las obras completas de Jim Morrison, que incluyeron traducciones, antologías y anotaciones de todo lo que dejó Morrison y q ue había adquirido la editorial que me contrató.
