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10-01-2010

"El propósito del libro no es derribar estatuas ni quitarle el lustre al bronce"

El escritor Federico Andahazi presentó en la ciudad "Argentina con pecado concebida", el libro donde cuenta la vida sexual de los próceres. Los secretos de Sarmiento, San Martín, Belgrano y Rosas mano a mano con LA CAPITAL.

por Pablo Falcone

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Belgrano no sólo que no era homosexual, sino que tuvo dos hijos a los que no reconoció para salvar el honor de las mujeres. San Martín se enamoró en el Perú de una espía, pero sufrió porque Remedios de Escalada lo engañaba con dos soldados de su tropa. Sarmiento era una fanático de las orgías. Y Rosas casi sometió a la esclavitud a una niña que un oficial le había dejado en custodia antes de morir.

Federico Andahazi cuenta en su libro "Argentina con pecado concebida" historias impensadas, polémicas y hasta macabras de los próceres argentinos. "El propósito no es derribar ninguna estatua ni quitarle el lustre al bronce. Mostrar ciertas conductas humanas de los próceres nos da una dimensión que vuelve sus gestas más valorables", dice el escritor antes de presentar su obra en la apertura del ciclo Verano Planeta 2010.

Mano a mano con LA CAPITAL, Andahazi explica por qué decidió hacer esta investigación y relata historias de Belgrano, San Martín, Sarmiento y Rosas.

-¿Por qué decidió investigar la vida sexual de los próceres y principales figuras políticas del país?

-Hay dos hipótesis que rigen esta investigación. En la primera sostengo y compruebo a medida que voy avanzando con la investigación que no puede entenderse la historia de un país si se desconoce la historia de su sexualidad.

¿Y la segunda?

-Es que no pueden entenderse determinados actos de distintos personajes públicos si se desconocen algunos aspectos de su vida privada. Por supuesto que este libro no tiene el propósito de meterse debajo las sábanas de nadie, sino justamente buscar aquellos acontecimientos de la vida íntima de determinados personajes que de alguna forma cambiaron el destino del país.

-¿Por ejemplo?

-El caso de Belgrano. Cuando ya estaba decidida la independencia argentina y tenía que pensarse cuál iba a ser la forma de gobierno, él, junto con Rivadavia, eran partidarios de una monarquía constitucional. Entonces viajan a Inglaterra con el propósito de buscar un rey para la Argentina. Y afortunadamente antes de encontrar al rey, Belgrano se encontró con una francesa y olvidó por completo cuál era su propósito: se encerró con esta mujer durante días enteros. Ahí Rivadavia le golpeaba la puerta y Belgrano no contestaba. Cuando se les vence el tiempo de estadía en Inglaterra y están por volver, ahí Belgrano se acuerda del rey. Siempre digo que si no hubiese sido por estos impulsos sexuales, la Argentina muy probablemente hubiese sido una monarquía.

-No le parece una hipótesis un poco exagerada. El proceso de la revolución fue muy complejo como para que por una mujer no se haya vuelto a instalar una monarquía.

-Es una interesante hipótesis. Claro que escribir esa historia hubiera sido muy interesante desde el punto de vista de la novela. Esto que se llama ucronía, que significa que hubiera pasado si... Realmente no hay forma de saberlo.

- En el libro cuestiona el mito sobre la homosexualidad de Belgrano. Es más, afirma que tuvo dos hijos a los que no reconoció para salvar el honor de sus madres. ¿No le quedó ninguna duda sobre la sexualidad de Belgrano?

-No. En principio hay que decir que Belgrano no contribuyó a crear una imagen muy viril de su persona. Era bastante afrancesado, amanerado y con una voz muy finita. Además, era muy atildado y estaba muy pendiente de su aspecto. Entonces a mi me interesó saber de donde surgía este mito porque si tenía dos hijos que conoció y nunca reconoció, en principio para salvar la honra de las madres de estos chicos, que eran mujeres casadas. Investigando, pude determinar de dónde surgieron estas habladurías acerca de su homosexualidad.

- ¿De dónde?

- Había una interna con Dorrego, que fue el primero en acusar a Belgrano de homosexual. Digo acusar porque en esa época era una una acusación seria y si se le comprobaba a un militar era pasible de graves sanciones, hasta el fusilamiento. Entonces Dorrego echó a rodar la versión de que Belgrano era homosexual y le puso una cantidad de motejos. Le decía el General Cotorrita, El Bomberito de la Patria, El Chupaverde... El propósito era quedar posicionado frente a los ojos de San Martín.

-En el libro cuenta que Remedios de Escalada le era infiel a San Martín con dos soldados.

-No lo hago yo, lo hace él. Hay una carta de San Martín en donde le confiesa a su amigo: "He descubierto que nací para cornudo". Entonces ahí sugiere algunas cosas, otras se pueden reconstruir con el relato del General Paz y otros cronistas de la época, sobre todo de Olazábal. Claramente San Martín descubre que su esposa le había sido infiel con dos oficiales de su propia tropa, los soldados Murillo y Ramiro, a quienes manda a rapar, que era un castigo muy grave, y los destierra. Lo más grave del asunto es que todo indica que estas infidelidades de Remedios de Escalada no se producían con estos soldados de manera sucesiva, sino más bien simultánea.

- Sarmiento tampoco se salva. ¿Es cierto que era un apasionado de las orgías?

-Sarmiento realmente era un apasionado del sexo y de las orgías en particular. Han muchas menciones a lo largo de la historia. Cuando Sarmiento se exilia en Chile, el gobierno le encomienda la tarea de viajar a Europa para hacer un relevamiento acerca de las nuevas tendencias pedagógicas. Hace un trabajo excelente, vuelve con los resultados y como corresponde liquida sus gastos. Esa lista es fantástica. Está en París y describe los gastos: un café, un paseo, viajes, orgías y sigue la lista. Lo mismo pasa en Milán. En Roma, Sarmiento gasta en retratos del Papa y un souvenir del Vaticano. Pero al final del día nos encontramos con un gasto formidable que es una gran orgía.

También me encontré con un titular del diario La Nación con Sarmiento ya siendo viejo, que decía: "Sorprenden a Sarmiento volviendo a la madrugada ebrio de una orgía".

-En el libro cuestiona en varios tramos la doble moral de los próceres. ¿Por ahí pasa la explicación de por qué Sarmiento avaló el fusilamiento de un joven cura y una mujer que se enamoraron y decidieron escaparse para no tener que separarse?

-Eso fue terrible y no tiene que ver con la hipocresía. Fue un acto político deleznable. El crimen de Camila y Vladislao es uno de los crímenes más espantosos de la historia argentina. Fue un fusilamiento miserable de dos jovencitos que eran chicos y cuyo único crimen había sido enamorarse y escaparse. Pero no tuvieron el apoyo de nadie. Es más, tuvieron la condena a muerte de Rosas.

- ¿Por qué tampoco intentó detenerla la oposición a Rosas?

- Lejos de tomar como causa a estos dos chicos, la oposición se ensañó y los usó para decir que ésa era la moralidad del rosismo, que era un gobierno enfermo que provocaba esas inmoralidades. La oposición salió a castigar a la parejita igual que el gobierno. Y en esas filas se encontraba Sarmiento.

- Sobre Rosas cuenta una historia macabra con una chica llamada María Eugenia Castro. Dice que el prócer la tuvo encerrada durante varios años, la violó y tuvo con ella varios hijos.

-Es un caso terrible. Parece el caso del austríaco que violó a su propias hija, la escondió en un sótano, tuvo seis hijos con ella y a sus hijos-nietos no le dio educación. La historia de Rosas también es monstruosa y está bien documentada.

- ¿Recibió cuestionamientos de los defensores del rosismo por la difusión de esta relación en el libro?

- Generó mucha polémica en un grupo rosista muy allegado a la dictadura militar, de ultraderecha. Ellos sacaron un artículo muy denigrante hacia mi persona y me acusan de pornocipayo, que lejos de ofenderme hasta me gusta un poco. Y dicen en defensa de Rosas, porque no hay manera de negar la veracidad del hecho, que no era una hija de sangre sino una hija adoptiva. Lo cual es un agravante porque María Eugenia Castro era la hija de un camarada de armas de Rosas que se estaba muriendo y era viudo. Entones le suplicó que adoptara a esta chiquita. Rosas traicionó a un amigo y llevó a la chica a la sumisión más humillante.

-Encarnación Ezcurra, la mujer de Rosas, tenía opinión propia y no era para nada sumisa. ¿Por qué permitió esta supuesta relación atroz?

-La gran pregunta es si la conocía o no. Para mí es imposible que la desconociera. Ahora, Encarnación Ezcurra era un personaje muy particular. Muy probablemente fue ella la ideóloga de la Mazorca, un grupo que fue como el antecedente más remoto de la Triple A.

-¿Cree que era necesario sacar a los próceres de una imagen de perfección que puede servir como ejemplo a imitar por otras generaciones?

-El propósito del libro no es derribar ninguna estatua ni quitarle el lustre al bronce. Al contrario, los próceres bien merecido se lo tienen. muchas veces mostrar ciertas conductas humanas de los próceres nos devuelve una dimensión que vuelve sus gestas más valorables.

Mostrar las debilidades y fortalezas que da la vida cotidiana a cada uno de los próceres creo que, lejos de ser un hecho denigrante, contribuye a ver la dimensión de lo que fueron aquellas gestas.