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30-05-2010

Homenaje a dos artistas marplatenses

La Escuela de Arte Martín Malharro recordará a Mercedes Esteves y Sergio Avello.

El que sigue, es el resumen de un texto escrito por Pilar Altilio para un homenaje que se hará en la Escuela de Arte Martín Malharro, por el fallecimiento de dos notables artistas de la ciudad, Mercedes Esteves y Sergio Avello.

"Hay muchos artistas trabajando fuera de la ciudad que han tenido como base de su formación la Escuela Martín Malharro. De todos ellos, tenemos que lamentar dos grandes bajas en este año, que nos ponen un poco tristes a quienes tuvimos la suerte de conocerlos pero que, sin embargo, hemos notado la forma con que son valorados y queridos...

*Mercedes Esteves*, quien fuera una de las primeras egresadas de la escuela y formó parte del equipo de profesores durante un tiempo, tuvo junto a Pablo Menicucci, una rápida aceptación en el medio nacional a partir de finales de los '60, participando activamente de premios, reconocimientos y muestras.

Siendo los dos únicos marplatenses que figuran en el enorme proyecto de fuera el Instituto Di Tella para la década, casada con el crítico Carlos Espartaco, frecuentaba siempre su familia, que vive aún en la ciudad. Estaba siempre llena de proyectos, viajando mucho por las mismas cuestiones a Nueva York y Roma en un encuentro con otros grupos que la valoraban como artista destacada. Compartí con ella y otros notables marplatenses una de las muestras que tiene un significado especial para mí, pues volvíamos a usar el espacio emblemático del Museo Castagnino, nada menos que en el verano de 2004 luego de la gran crisis que había paralizado al país e impactado con fuerza en Mar del Plata. En *Objeto y representación*, no sólo se volvieron a juntar Mercedes, sino que también estuvieron Marie Orenzans y Alejandro Pérez Becerra, artistas que reconocen su punto de partida en la ciudad y hacía mucho no se reencontraban en una convocatoria. Falleció en enero, cuando estábamos todos asistiendo a la pelea por los fondos del Banco Central, y si bien su memoria rápidamente fue honrada por el IUNA, donde trabajaba desde hacía varios años, dejó un vacío entre quienes la queríamos y no alcanzamos a acompañarla en su despedida.

Y hace un poco menos, nos dejó un ser luminoso, Sergio Avello. Muy querido por todos quienes lo conocimos, un artista en plena actividad y evolución, quien no sólo hizo un trabajo notable en el campo de las artes sino también en la gestión cultural. Se recibió en la Escuela Malharro y rápidamente comenzó a armar muestras en la espiral energética que sobrevino a los primeros años '80, cuando se abrían en la ciudad dos lugares que siguen siendo emblemáticos: Villa Victoria y Museo Castagnino. Todos los que recuerdan esa época, pueden tomar en cuenta algunas de sus primeras incursiones: la muestra *Criptonita verde* que se hizo en Castagnino, de la que participaron hasta el propio Guillermo Kuitka, por ese entonces joven promesa como otros, que hicieron ingresar al arte las energías de la pintura renovada por aquellos años. Se trasladó a Buenos Aires a finales de esa década y continuó su ascendente carrera que incluye haber sido parte de la gestación del proyecto de la Fundación Proa en La Boca, de la Beca Kuitka y de la representación del país en la Bienal del Mercosur, donde mostró *Bandera*, hecha con neones con los colores de nuestra bandera, que pasaban del esplendor al funcionamiento deficiente, en una alegoría que irónica y bellamente era leída por todos como una representación de la gloria y caída recurrente de nuestro propio destino. Participé el viernes último de un homenaje que se le rindió en las escalinatas del Museo Malba donde está expuesta su obra *Volumen*, que usa los mecanismos del semáforo para detectar el nivel de ruido de la avenida Figueroa Alcorta. Allí, con una fina garúa porteña cayendo suave, nos emocionamos todos, pero no hubo llantos sino una sensación de que estábamos ahí porque era alguien que queríamos. En un momento, mientras nos sacaban fotos para dejar sentado el homenaje formalmente, alguien comenzó a vitorear su nombre y comenzamos a aplaudir como un mensaje de afecto y despedida, aunque nadie hablaba de cosas tristes en honor a Sergio, que seguramente esgrimía una sonrisa desde el cielo.