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23-02-2011

Editan discos con las mejores actuaciones de Martha Argerich

Con motivo del 70 cumpleaños del pianista, la casa discográfica EMI sacará una edición especial con algunas de sus actuaciones más destacadas.

La casa discográfica EMI sacará próximamente una edición especial de discos compactos con algunas de las actuaciones más destacadas de Marta Argerich con motivo del 70 cumpleaños de la pianista argentina.

Constará de cuatro estuches de varios discos que cubrirán el período 1965-2006 y se completará con la compilación anual de actuaciones en directo de "Argerich y sus amigos", correspondientes al último festival de Lugano (Suiza), al que está íntimamente asociada desde su primera edición en 2002.

La colección discográfica, titulada "El Sonido de Martha Argerich", se dividirá en grabaciones de piezas para uno o dos pianos (1965-2009), música de cámara (1981-2009) y conciertos (1997-2006).

Argerich, una de las auténticas leyendas vivas del instrumento rey, ha fascinado a las audiencias de todo el mundo desde que ganó en 1964 el concurso internacional Chopin, de Varsovia.

Aunque últimamente ha renunciado a los recitales como solista, sus actuaciones en conciertos y junto a sus amigos en música de cámara están siempre rodeadas de enorme expectación.

A pesar de los elogios de que ha sido objeto por la crítica de todo el mundo por su virtuosismo y pese al respeto que inspira a sus colegas, Argerich es una intérprete reacia.

"Me encanta tocar el piano -declaró en cierta ocasión- pero no me gusta ser pianista. No me gusta la profesión como tal, los continuos viajes como forma de vida. Es algo que no tiene absolutamente nada que ver con la música".

Pese a la voluntad de hierro y al autocontrol que se le atribuyen, la pianista argentina explica que si alguien está totalmente seguro de sí, "no es un artista".

Su timidez es legendaria, como su resistencia a conceder entrevistas, y ella se explica así: "Soy Géminis (...) Una no elige su carácter. Creo que el carácter se forma muy pronto y luego una se dedica a la interpretación".

"No es ambiciosa -dice su amigo y frecuente cointérprete Mischa Maisky- no le importa la fama o la fortuna, detesta la noción de estrellato. Todo lo que quiere es que la dejen llevar la vida que quiere, hacer las cosas a su aire y que no la acosen o presionen".

Su primer profesor importante llegó a intimidarla: Argerich ha calificado a Vicent Scaramuzza, con quien estudió desde los cinco a los diez años, como "un déspota con tendencias sádicas". Pero sus enseñanzas dieron fruto y con ocho años, Argerich debutó interpretando conciertos de Mozart y Beethoven.

Después de dos años más de estudios en Argentina con un ayudante de Scaramuzza llamado Francisco Amicarelli, viajó a Europa, donde estudió con Madeleine Lipatti y Nikita Magaloff, aunque su mayor influencia fue el austríaco Friedrich Gulda, a quien conoció al regresar a Argentina.

Gulda aceptó darle clases en Viena, algo que se vio facilitado por el hecho de que el jefe de Estado argentino Juan Domingo Perón nombrase a su padre agregado económico en la Embajada en Viena.

Con dieciséis años, en 1957, Argerich ganó el primer premio del concurso internacional Busoni en Bolzano (Italia) y tres semanas más tarde, el concurso internacional de Ginebra, pero pese a aquellos éxitos perdió la autoconfianza, que sólo recuperó tras una reunión en Bruselas con el pianista polaco Stefan Askenase y su esposa.

En 1964 reanudó su carrera, ganó el concurso internacional Chopin y "el resto ya es historia", como escribe la firma discográfica.

Martha Argerich tiene un amplísimo repertorio que va desde Prokofiev, Ravel, Rajmáninov o Liszt hasta Bach o Scarlatti, pasando por Mozart, Beethoven, Schumann, Debussy, Bartók y naturalmente Chopin.

El proyecto Lugano, lanzado en 2002 bajo su patrocinio, ha ayudado a descubrir talentos musicales de todo el mundo al tiempo que la han permitido explorar nuevo territorio musical tocando obras para dos pianos de Guastavino, Mozart, Janácek, Pletnev, sin dejar de volver a sus viejos amigos "La Valse", de Ravel, o la "Suite número 2", de Rajmáninov.