La cartelería, un foco de contaminación visual
Paradójicamente, uno de los peores "paisajes" está en el Teatro Auditorium, donde los carteles modifican la hermosa escenografía natural del lugar.
Todos los años, Mar del Plata recibe con los brazos abiertos a miles y miles de turistas que aquí pasan momentos inolvidables. Tan inolvidables, que no son pocos los que deciden, al término de su vida laboral, venir a vivir aquí. Y bienvenidos son y fueron siempre.
Lo que a la ciudad no le gusta, es que el paso de los visitantes deje "rastros", tan visibles como papeles, deshechos de comida, latas y otros elementos que no sólo contaminan sus calles, sino que se transforman en un serio obstáculo en las alcantarillas cuando llueve, provocando inundaciones que nos afectan a todos, locales y visitantes.
Pero esto no es lo único que preocupa a los marplatenses. Lo que más preocupa es, precisamente, la contaminación propia. Lo que los mismos marplatenses le hacen a su ciudad.
Y en este sentido, bueno es recordar que no solamente se contamina con basura. También se puede contaminar el paisaje. Y cuando de esto son responsables los propios, es más doloroso.
Un ejemplo de esto es lo que sucede en el Teatro Auditorium, donde la profusión de cartelería tapa no sólo el propio edificio -un orgullo de la ciudad-, sino que además modifica la hermosa escenografía natural que en esa zona, tiene Mar del Plata.
Levantando la vista, no es posible en esa zona ver el cielo, ni el edificio, ni otra cosa que no sean los enormes carteles con los que el teatro publicita sus obras más importantes (las otras, las más pequeñas, tienen carteles distribuidos en las veredas, a todo lo largo de ese sector de la Rambla).
¿No hubiera sido más prolijo colocar carteles "normales" en el mismo edificio pero en un sitio más respetuoso del paisaje marplatense?
Y en todo caso, ¿nuestra ciudad se merece que el teatro oficial más importante, el templo de cultura más grande, paradójicamente sea el que más oculte sus bellezas?
