Por problemas económicos, el tradicional Museo del Mar vive un momento de transición
Pablo Cisterna, director de este espacio, confirmó que analiza alternativas de continuidad del museo, que abrió sus puertas hace doce años. Entre ellas, figura la venta o la asociación con otra entidad.
El Museo del Mar, sitio emblemático de Mar del Plata ubicado en la loma de Colón y Viamonte, vive un momento de transición, confirmó ayer su director, Pablo Cisterna. "No es seguro que cierre, ojalá que no", le indicó a LA CAPITAL.
La nueva etapa que se viene en este espacio cultural, que se caracterizó por exponer en forma permanente una colección de cerca de veinticinco mil caracoles de todo el mundo que atesoró Benjamín Cisterna -padre del actual director- se debe a los problemas económicos que enfrenta.
"Desde que lo abrí, en septiembre de 2000, todos los años tuve que poner dinero de mi bolsillo. No se autofinanció ni un solo año. En estos últimos meses he ido achicando algunas áreas, obviamente manteniendo lo que es el corazón del museo: su acuario y los caracoles, pero aún así no pude lograr el equilibrio. Por eso tomé la decisión de no seguir más así", contó Cisterna, que es físico y, a la vez, músico.
Aunque el director no quiso dar detalles del futuro del museo, sí admitió que se define por estos días de qué manera será su continuidad. Podría venderlo o asociarse a alguna entidad pública o privada para trabajar en otro tipo de estructura de gestión.
"Podría haber una venta o una asociación, no descarto nada y estoy analizando todas las alternativas. Confío en poder tomar una decisión en el corto plazo, porque hay personas cuyo futuro depende del museo", agregó y precisó que en la institución trabajan diez personas durante todo el año, más el personal que se agrega en los meses de verano.
"Estoy tratando de que los acuarios y los caracoles sigan, pero veremos, mi idea es que siga la mayor cantidad de áreas posibles, no sé si yo seguiré o no, no lo puedo precisar, pero tal vez no seguiría solo".
Además de los caracoles, otro atractivo del museo son sus acuarios, en los que nadan peces de todo el litoral marítimo bonaerense. Por ello, una de las actividades más importantes es la educativa: se organizan desde visitas guiadas a charlas sobre ciencia diseñadas a pedido de los mismos docentes.
"Creo que es muy difícil hacer una actividad rentable con la cultura y con la ciencia, el museo es un lugar donde lo que se hace es divulgar ciencia, divulgar las riquezas del mar, los principios de la física, la biodiversidad con los caracoles, no conozco casos en el mundo en el que una actividad de este tipo sea rentable, quizá yo le pedí peras al olmo. Quise lograr algo rentable en torno a una actividad que es difícil que lo sea", recalcó Cisterna, como modo de autocrítica.
Asimismo, mencionó la falta de subsidios como otro de los factores responsable de la crisis económica del museo. "Ningún factor por sí solo hubiera salvado al museo, pero la suma de varios factores fue lo que determinó que nunca se lograra autofinanciarlo. Un factor fue la ausencia de subsidios, en estos doce años el único subsidio que hubo fue un descuento en el impuesto municipal, pero debido a que la casa de la esquina, que es parte del museo, es patrimonio arquitectónico, goza de una exención parcial impositiva", indicó. "Y traté de pedir exenciones impositivas en la provincia y no lo logré".
A su vez, no gestionó subsidios internacionales porque, dijo, muchos de ellos van dirigidos a proyectos especiales. "Quizá hubiera logrado un subsidio pero para un nuevo proyecto y mientras tanto lo anterior seguía dando pérdida, por eso no intenté, más allá de tener vínculos con Temaikén, con Fundación Vida Silvestre y con la misma Universidad Nacional de Mar del Plata", agregó.
Con el municipio, en tanto, dijo tener buen diálogo. "Con el intendente Pulti tengo una relación de hace varios años, no creo que vaya a cambiar ahora, todo lo contrario", agregó.
-¿El museo fue el sueño de tu padre?
-En realidad, mi papá nunca me pidió que yo hiciera un museo. El falleció en el 95, simplemente quería que la colección de caracoles siguiera siendo expuesta, en ese tiempo estaba expuesta en un local de la calle San Luis. El museo fue quizá un sueño o locura mía, por un lado un homenaje a mi padre bastante importante y por el otro lado quise darle a Mar del Plata un lugar diferente, con muchas actividades, un lugar interdisciplinario en el que viniera gente con curiosidades diferentes. El lugar que construimos hace doce años es un lugar de nivel internacional.
