17 de January de 2015

?Me faltó tener un amor marplatense"

Repasa sus amores, aunque aclara que no es mujer para romances de un verano. "Necesito enamorarme", dice. Recuerda cómo fue su primer desembarco en Mar del Plata y por qué esta ciudad guarda un sabor especial. De "la lechuguita" a su presente en "Mujeres de ceniza".

Zulma Faiad, cincuenta y dos años de trabajo en Mar del Plata

Intensa y negadora, tal el perfil que traza de sí misma Zulma Faiad, una de las actrices de ?Mujeres de ceniza?, la obra de teatro que sube a escena este verano en la sala del Santa Fe. La bailarina y vedette que acrecentó su fama a partir de ser ?la lechuguita? en una publicidad de aceite de cocina en la década del `60 cumple este 2015 cincuenta y dos temporadas de trabajo en Mar del Plata. ?Si tuve temporadas malas no me acuerdo?, asegura ella, siempre cálida y pausada. ?Fui muy feliz, en el saldo aparece eso. Si fui primera, segunda, tercera a mí me da lo mismo, lo que no quiero es que pierda el productor, si al productor le va bien quiero que a mí me vaya mejor, tiene que ver con el amor propio?, sigue la actriz.

Esa cualidad de olvidar las experiencias fallidas aparece, según Faiad, por motivos zodiacales. ?¿Sabés qué pasa? Como buena pisciana con ascendente en tauro resulto ser negadora. No recuerdo aquello que me duele, lo cambio, lo hago bueno?, explica. Acaso por eso mismo es que tiene a flor de piel que en Mar del Plata conoció a uno de sus grandes amores. Ese recuerdo está intacto.

?Mi primera temporada fue en vacaciones de invierno?, evoca. Mientras hacía teatro de revistas en el Maipo, el empresario Carlos Petit le ofrece mejor sueldo y un estreno en Mar del Plata: ?La lechuguita y el plato volador? era el título de la obra, en el invierno de 1963. Ella acepta, entusiasmada y aprovechando el éxito de aquella publicidad que le permitió hacerse conocida. Aunque Zulma venía trabajando desde hacía tiempo. ?Soy una laburanta: trabajo desde los siete años?.

Y ahí, en medio de una ciudad fría, se choca con ?el gran amor de mi vida?, lo recuerda. ?Se llamaba Melchor Arana Casón y fue mi primer amor. El venía de comprar ganado, lo vi en el hotel, no sabía quién era yo. Y fue quien me hizo mujer. Melchor representa la historia risueña de mi profesión de vedette. Yo salía al escenario y todos decían `guau, qué sexy, qué matadora´. Y era virgen. A los 22 años era virgen. Era una actriz que hacía un personaje de vedette?, dice entre risas.

A la vuelta de los años, asegura que con ese primer hombre ?estrenó? emociones y sentimientos. Y hasta decidió seguirlo a México, donde ella logró insertarse como actriz de cine. ?Melchor era arquitecto pero no ejercía. Tenía casas de antigüedades en Buenos Aires, París y China. Vivimos juntos siete años. O sea que Mar del Plata guarda para mí hermosos recuerdos?.

La historia de sus amores sigue teniendo a estas tierras estivales como epicentro. ?Con Daniel Guerrero (el padre de sus dos hijas) nos hicimos una escapada a Mar del Plata cuando nos conocimos?, desliza sin dar más detalles. Y ambos, como pareja consolidada, trabajaron en numerosas y exitosas comedias teatrales. ?Con Daniel vivimos un amor intenso, nos casamos, formamos una familia y también estuvimos siete años juntos?.

?Las temporadas que hicimos en el teatro Provincial eran maravillosas: dos funciones y se agregaban sillas. No paré de venir a Mar del Plata?, indica y evoca a compañeros con los que compartió escenario: Rodolfo Bebán, Claudio García Satur, Carlos Calvo, Mónica Vehil, Marcos Zucker, Alberto de Mendoza, Silvia Montanari, Marta Bianchi, Susana Giménez, Gabriela Gilli y muchos más. ?Veranos impresionantes?, los describe. Y recuerda que entre medio de tanto trabajo, sus hijas ?entonces niñas- pasaban los veranos en la colonia de vacaciones de la Villa Marista.

?Nunca sentí que hubo una mala temporada, creeme, no hay peor temporada. Yo viví en todas las zonas de Mar del Plata, alquilé casas en todos los barrios. Esta es la primera vez que vengo a un hotel, al Provincial, una idea que fue de Mercedes Carreras?, su compañera de elenco en ?Mujeres de ceniza?. Las otras dos actrices son Luisa Albinoni y Nora Cárpena, con quienes comparte nuevas y viejas amistades, respectivamente.

Dice que no tuvo amores de verano. ?No soy de un bolo, no soy de un `touch and go´, necesito un prólogo, necesito enamorarme. Es algo genético, mi hermana Virginia es poeta y yo me siento identificada en sus libros y mi hija Eleonora canta tangos y canta bien intenso, la gente los vibra? somos todas así en la familia, pasionales, qué locas que somos, no sé ser de otra manera?, se define.

Su tercer amor fue un médico oncólogo y su cuarta pareja un abogado diecisiete años menor. ?Tuve cuatro parejas gloriosas, con el último tenía a toda mi familia en contra. A mí no me importó: resultó ser el compañero más maravilloso que tuve en la vida, era como mi papá, me cuidaba?, dice. "El amor es estrenar, son distintos los amores que vivís con las personas, me faltó tener un amor marplatense, aunque por ahí, voy por la playa y me tropiezo con alguien", proyecta.

El don de saber ser libre lo aprendió en la casa materna, de la mano de un padre lector y ?buscador, que transitó todas las religiones? y que nunca terminó de aprobar que su hija mayor se dedicara a la revista. Sin embargo, Zulma siguió su camino. ?Todos hicimos lo que quisimos en casa, respetando al otro claro?, repite.

?Mi papá fue una vez a verme al teatro de revistas. No iba nunca. Y se puso a llorar. Yo pensé que se había emocionado por verme y no, lloraba de la tristeza por lo que estaba haciendo. De eso me enteré cuando falleció, porque me dejó una carta tristísima antes de morir. Se ve que soñaba otra cosa para mí?. De su madre, en tanto, evoca su rigidez. ?Quiso ser bailarina, admiraba a Alicia Alonso y me mandaba a estudiar, me gustara o no. Danza, solfeo, teoría, pasé por la Escuela Nacional de Danzas, después por el teatro Colón? ?, cuenta. ?Se separó de mi papá cuando yo tenía doce años, decía que se había muerto el amor, pero el amor estaba?, agrega.

-¿Y a vos te gustaba ese mundo de la danza?

-A mí me gustaba ser actriz, cuando me beca Hedy Crilla (maestra de actores en Buenos Aires, en la década del 50) me enamoro de la actuación. Era lo que yo quería hacer. Ella me hace debutar en el teatro Smart, que es hoy el Multiteatro, en La princesa y el pastor. Ahí arranco, hago castings, entro en Canal 13. En teatro estuve en la obra Blum, de Discépolo con Berdaguer, Maurice Jouvet, Silvia Legrand, en el Odeón. Ahí me ve un empresario, Alberto González y me lleva al Maipo, donde empecé a hacer revista a los 17 años. Me escondían cuando venían los inspectores. Y pegado, al año, sale lo de la lechuguita. Pero el tema de la lechuguita me perjudicó. Más allá de haber estado en Alta Comedia, un ciclo en el que agradezco haber estado, hay cosas que no hice y ya no me da el tiempo, ni la edad.

-¿En estos cincuenta y dos años, en cuántas guerras de vedettes participaste?

-No. Una vez fui a una mesa en el programa de Mirtha Legrand en la que también estaban Adriana Aguirre, Ethel Rojo y Violeta Montenegro. Adriana dijo que ella era la más chica y yo era recontra joven, imaginate que si me siento joven ahora cómo me sentía entonces. Acababa de ser mamá de mi primera hija. Yo le dije, ?pero si vos tenés la misma edad que mi hermana?. Y se puso como loca. Habrá creído que mi hermana tenía la edad de Tutankamon. Mi hermana es más joven que yo. Y ahí fue la guerra de las vedettes. Lo que faltó ahí fue humor, cuando no hay sentido del humor hay guerra. Mi padre me decía que no tenía que soportar nada, que para permanecer en el ambiente no tenía que perder la dignidad. Nunca hay que perder la dignidad, en ningún ambiente. Si todo es descartable uno puede agarrar otro camino, otro trabajo. Y si no está lo buscás.

-¿Pensaste alguna vez en abandonar tu carrera?

-Nunca. Hace dos años me dieron la medalla de los cincuenta años de socia en la Asociación Argentina de Actores. Y el premio a la honorable trayectoria. Tengo mi placa en el teatro Nacional. Ya me gané el bronce.

-Convengamos que no es un ambiente de trabajo fácil?

-No, no es fácil. ¿Hay alguno que lo sea?

-No, pero en este en particular hay mucha exposición, el ego.

-Yo tengo muy claro lo que quiero, al ego lo guardé en un cajón hace muchos años. Sí, los seres humanos padecemos esa enfermedad que no sirve para nada. Cuando no me siento cómoda me voy, suelo hacer mutis por la lateral, como diríamos los actores, no me sirve el pan amargo y la mala relación humana, no lo soporto. Soy una mujer emotiva, emocional, intensa, pasional, pienso con el corazón. ¿Cómo voy a poder estar en un lugar donde me jodan?

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