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5 de March de 2009

Un final abierto con pronóstico reservado

por José Mauro

Es poco probable que la controversia instalada en el Concejo Deliberante sobre cuál será el sistema que finalmente se adopte para el pago del boleto de colectivos se resuelva en siete días. Más allá de lo sucedido ayer en la reunión conjunta de tres comisiones -con el 80% del total de los concejales presentes-, la realidad es que ninguna de las alternativas que dan vuelta por los bloques convencen a muchos. No se vislumbran mayorías claras que inclinen la balanza hacia unas u otras.

Las monederas parecen liderar la columna de los rechazos. El público padece desde hace meses por la falta de monedas y lo único que le faltaría para amargarse más cada día es tener sumar la angustia de no conseguir cambio para viajar. Sólo por esa apelación al sentido común, al margen de objeciones técnicas -que también las hay-, debería desecharse esa opción. Las "tarjetas de aproximación" seducen por lo novedoso pero son una incógnita. Las máquinas que ya compraron los empresarios del transporte -y con eso ejercen presión sobre los concejales- tienen estos dos sistemas, es decir que o se aprueban juntos o no sirve. Como se sabe que lo que les interesa a los permisionarios es volver a las monedas, no insistir con tarjetas, nada asegura que una vez aprobado el sistema mixto vayan a cumplir con la otra parte. Y esto haría aconsejable no jugarse demasiado por el esquema "mixto".

Por último asomó la propuesta de un "boleto electrónico", siguiendo una sugerencia presidencial en la materia, un tanto vaga o falta de precisiones tecnológicas al menos por estas playas. Merecería un poco más de información y que no solamente se tengan en cuenta los costos (se habla de subsidios de la Nación y eso suele encandilar a más de uno), sino fundamentalmente las posibilidades de acceso para los usuarios. Esto último, para no repetir las experiencias del sistema actual, que casi tres lustros después de ponerse en marcha todavía sigue retaceándole a la comunidad la cantidad de bocas de expendio y la calidad de plásticos y máquinas lectoras prometidas por ordenanza. En definitiva, lo único cierto es que en algún momento habrá que cambiar el sistema actual, que ya bordea la obsolescencia. Pero no parece probable que sobrevenga en lo inmediato una mayoría clara para imponer un sistema sobre alguno de los otros, ni que esa mayoría exprese los intereses y expectativas de todos los actores, desde los empresarios al público.