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Publicado el 05/08/2009

La señora del mar austral es una joven marplatense

Erica Bibbó es la primera mujer en comandar un navío en toda la historia de la Armada nacional es una marplatense. Apostada en Ushuaia, tiene bajo su mando la tradicional lancha Zurubí.

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La guardiamarina Erica Bibbó junto a la tripulación de la Zurubí: Néstor Rodriguez, Jorge Saban y Diego Bermúdez.

La guardiamarina Erica Bibbó junto a la tripulación de la Zurubí: Néstor Rodriguez, Jorge Saban y Diego Bermúdez.

Erica Vanesa Bibbó, marplatense, está haciendo historia en la Armada Argentina: a los 23 años se convirtió en la primera mujer a cargo de una embarcación, la lancha Zurubí, con la que navega por las frías aguas que rodean a Ushuaia.

De paso por Mar del Plata, dónde aprovechó los días finales de sus vacaciones para visitar a su familia y amigos, la joven contó a LA CAPITAL la vida que lleva en la ciudad más austral del mundo, su destino profesional hasta fin de año por lo menos.

Durante sus estudios secundarios en el colegio Don Orione, cuando debía responder a los estudios psicopedagógicos de orientación vocacional "no encontraba nada que dijera es lo mío. Entonces con unas amigas decidimos estudiar Ciencias Económicas", relató.

"Cuando me enteré  -continuó con su relato- que la Armada también tenía contadores empecé a averiguar más y me enteré de todas las opciones que tenía". Entonces se inscribió, rindió el ingreso al Liceo Naval y en febrero de 2004 comenzó a cursar en Río Santiago.

A fines del año pasado, después de haber dado la vuelta al mundo en la fragata Libertad durante 8 meses, llegó a su primer destino profesional: la base de Ushuaia. Y también allí se convirtió en la primera mujer en la historia de la Armada Argentina en estar al frente de un navío, la señora comandante, ostentando el primer rango -guardiamarina- del largo escalafón de la fuerza. El título con el que egresó es la licenciatura en Recursos Humanos para la Defensa.

Así que desde el 17 de diciembre gasta sus jornadas de 8 a 17 a bordo de la lancha Zurubí, mientras vive con sus compañeros solteros en el anexo de la base principal. A la Ushuaia ya había ido "dos veces, navegando desde Buenos Aires, pero ahora es diferente porque estoy instalada ahí", cuenta.

En cuanto a la comarca más austral del mundo asegura que "a mí me gusta, dicen que cuando vas llegando y la ves desde el avión y te gusta ya no hay marcha atrás. Lo mismo pasa si no te gusta, es una ciudad que no tiene grises".

En estas primeras vacaciones australes pudo invitar a sus dos hermanas menores a descansar unos días. "El clima -describe- es bastante parecido a Mar del Plata, puede amanecer con sol y a la tarde llover y no hace más frío que acá. Eso sí, el viento te mata. A mí me encanta, en verano y ahora con nieve".

Trabajo

Sobre su función histórica en el navío Zurubí, reseña que "los oficiales jóvenes como yo tienen cargos de segundo comandante, algún jefe de cubierta, entonces cuando me dijeron que sería la comandante no lo podía creer. Un oficial naval aspira siempre a comandar un buque, obviamente que yo comando una lancha y no se compara con un buque de guerra, pero es como la aspiración que siempre tenés y que me toque de primer destino es como un sueño".

De 75 estudiantes con los que compartió sus años de formación, 7 fueron mujeres, mientras que en Ushuaia hay 9 guardiamarinas.

¿Cómo es un día de trabajo? Erica responde ayudada por sus grandes ojos vivaces: "Se debe cumplir permanencia, pero no navegamos todos los días. Hay tareas administrativas, navegación, las lanchas para patrullar. La mía tiene muchos años y se denomina la lancha del almirante, ya que hace una función más que nada protocolar, con presencia en nuestras bases y aguas y para hacer las visitas protocolares".

La Zurubí fue botada en 1939, tiene 70 y lleva 65 en Ushuaia, lo que la convirtió en un "emblema de la ciudad. Está muy bien mantenida, trabajamos con dedicación los cuatro tripulantes. Me encariñé, muchas cosas juegan a favor, es como mi casa, es mi lugar de trabajo", dice sin ocultar el orgullo.

En toda la geografía de los mares australes hay "diferentes puestos para hacer vigilancia, de un mes a 45 días. Nunca un día es igual a otro, eso es lo bueno que tiene". Y, después de las 17, "hago una vida normal, voy al gimnasio, paseo, cada tantos días me toca una guardia", cuenta Erica.

Futuro

Las estadías profesionales normalmente se extienden un año, mientras que a medida que se avanza en las jerarquías suelen alargarse a 2 o 3 años, dependiendo de la situación particular de cada uno.

A Erica le falta la especialización, de teniente de corbeta, que deberá hacer "al llegar al tercer año de ser oficial, ahora estoy en el primero. Tenemos que definir qué queremos, a mi me gustaría seguir el curso para ser aviador naval pero tampoco es que me limite a hacer eso y nada más, también puedo seguir con los barcos".

Así, deberá rendir los exámenes correspondientes y la comandancia decidirá si está capacitada o no para seguir. Entre las posibilidades para los próximos dos años figuran la mudanza -puede ser Puerto Belgrano, la base más grande de todo el país, Buenos Aires, Mar del Plata- o continuar en Ushuaia.

Si bien en la base estaban acostumbrados a las mujeres integrantes de la Armada, las féminas son médicas o ingenieras o incluso suboficiales. pero cumplen con sus tareas laborales en la base.

Erica es la primera en "estar metida entre los lancheros, como le decimos nosotros. Fue extraño para todos -reconoce-. Mis compañeros de la escuela estaban más acostumbrados, en la lancha nos ayudó la adaptación y también cómo te manejás. Se respetan las jerarquías sin opacar el trabajo en equipo", sentencia como si estuviese a bordo de su navío.

 

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