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Publicado el 09/08/2009

"Hay poseídos porque se practica magia o se hacen embrujamientos"

El sacerdote Carlos Mancuso es uno de los pocos exorcistas que admitieron públicamente esa actividad en la Argentina. Hoy se retira definitivamente de la vida parroquial aunque asegura que seguirá quitando demonios de las personas poseídas.

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Antes de dejar su cargo en la iglesia San José, el cura Carlos Mancuso contó a LA CAPITAL algunas de sus experiencias como exorcista.

Antes de dejar su cargo en la iglesia San José, el cura Carlos Mancuso contó a LA CAPITAL algunas de sus experiencias como exorcista.

por Juan Suárez (*)

LA PLATA (Corresponsal).- Diablo, Satanás, Belcebú, Demonio o Lucifer son todos y el mismo personaje que el padre Carlos Mancuso sabe sacar del cuerpo de los hombres poseídos. Mancuso es conocido como el cura de los exorcismos. Quizás haya varios en el país pero él se dio a conocer -como dice- por "parlanchín", a pesar de que la Iglesia prefiere manejar este ritual de manera reservada.

El cura de los exorcismos fue hasta hoy el párroco de la iglesia San José de la arquidiócesis de La Plata, después de "33 años, 4 meses y 20 días", como él precisa. Toma su retiro con algo de nostalgia: ya no oficiará casamientos, bautismos, ni comuniones a no ser que se lo pidan especialmente y a título de otra parroquia. Sí, continuará con la tarea que lo distinguió a lo largo de su carrera.

A la persona endemoniada se la pone en el piso sobre una manta. Hay que agarrarla fuerte porque los movimientos son bruscos y peligrosos, sobre todo cuando el poseído ve a este cura de frente amplia y corona canosa que llega con parsimonia, una cruz y agua bendita. Los poseídos dicen malas palabras, se atragantan, tiene convulsiones y hasta pueden vomitar. Nada es como en las películas, afirma Carlos Mancuso. "Hacen las cosas más embellecidas para que sea taquillera. Se lo ha exagerado. Yo nunca vi esas cosas", dice.

El retiro del cura de los exorcismos movilizó a la prensa. El día que se conoció la noticia atendió a una decena de medios locales y nacionales. Por la tarde, ya insistía en que "no hay nada misterioso" y explicaba que "el exorcismo y el bautismo son dos ceremonias religiosas" similares. Luego aflojó. La primera no goza del mismo "rating", reconoce y sonríe.

- ¿Cómo llega a ser exorcista?

- Durante años, cuando me preparaba y no era sacerdote, no sabía qué función iba a tener. Leí mucho sobre temas esotéricos, lo que es el espiritismo, lo que es la masonería, esas sectas que son secretas y que la gente no conoce. Eso me facilitó la tarea. En el país de los ciegos el tuerto es rey. Entonces como los otros no sabían, cuando hubo necesidad se llamó algún sacerdote que supiera de algo y como a mí me interesaba la temática me acerqué. Nunca pensé que llegaría a ser exorcista. Uno quiere ser sacerdote, entre las funciones del sacerdote está hacer exorcismo pero es una función, digamos, del tipo errática.

-¿Dónde aprendió a hacerlo?

-No hay que aprender en ninguna parte. Es como los bautismos. Yo aprendí a bautizar porque después que me recibí de sacerdote fui a una iglesia donde había un cura bautizando. Me mostró como era, después el me acompañó la otra vez cuando yo bauticé y ya después me dejo solo. Con el exorcismo pasa lo mismo. Fui con el padre (Antonio) Salguera, vi como exorcizaba y después lo hice yo. No tienen ningún misterio, es una oración que hay que rezar y una conminación al demonio para que se retire. Mandarlo afuera.

- ¿Y cuándo llegó esa oportunidad?

- Fue en 1984, con una chica que me presentaron. Después tuve una ola de endemoniados en La Plata y en todas partes. Después de esa película "El exorcista". Yo no sé si ya había endemoniados y nadie se enteraba o si ahí la gente empezó a practicar cosas extrañas. Pero hay poseídos porque la gente practica magia o hacen embrujamientos o van a algún hechicero. Es decir alguien actuó para que la cosa se desenvolviera así.

- ¿A qué lo atribuye?

- Yo lo atribuyo mucho a un descreimiento y abandono de la práctica religiosa. Una familia bien constituida que va a misa todos los domingos, que recibe los santos sacramentos no se va a sentir tentada de ir a consultar al curandero, ni al tarot, ni al espiritismo, esa está a salvo. Le pasa a gente que no tiene conceptos claros o le pasó una desgracia y entonces recurre a cualquier lado. Y en lugar de conseguir lo que ellos pretenden la persona que estaba afectada con algo ahora está afectada con algo mucho más grave. Y después me preguntan cómo se saca. Y digo por qué no me preguntas si había que haber ido ahí. Yo te hubiera orientado del vamos y la cosa hubiera sido más sencilla. Yo les digo que tienen que llevar una vida cristiana para volver a sintonizar con Dios y se niegan. Después qué hay que hacer, dicen. Después yo les digo qué hay que hacer pero empiecen con eso. Ellos quieren que les diga abracadabra y que la cosa se resuelva. Pero esto no es magia. Es una relación entre el ser humano y Dios. Si me pongo a tiro con Dios y hago buena letra, el ser humano recibe la bendición de la gracia divina que lo ayuda a sortear este tipo de obstáculos, pero si no, no.

- Usted cuenta un caso de un hombre que estuvo en una secta.

- Ese muchacho después se casó y después se murió. Ya terminó todo. El fue a un centro de brujería de magia negra en Santiago de Estero. Quería contactar con el Diablo porque quería 'facilonga' la cosa. El diablo entonces se acercó y le prometió que le iba a dar placer, dinero y mujeres hasta los 60 años. A los 60 iba a morir y se lo iba a llevar al infierno: una ganga, digamos. Después se murió a los 40, lo cual demuestra que la vida no iba a ser tan larga como el diablo le permitía.

- ¿Cómo llega este hombre a usted?

- Entonces hace un pacto con el Diablo y llega un momento en que le Diablo le pide a vida de un ser querido, quería hacerlo asesino de un chiquito, era padrino del hijo de la hermana. Y dijo que no, "hacer pactos es una cosa, pero ser asesino es otra cosa distinta, yo esto no lo quiero hacer". Entonces el diablo le dijo "no te quiero más" ¡Pum! Le pegó en la nariz, con lo cual se ve que el Diablo tenía forma humana y le quedó toda hinchada. Yo le pregunté por qué tenés la nariz así: "Porque me pego el Diablo, cuando se enojó conmigo me pegó". Y no solamente que le pegó sino que se le quedó adentro, el quedó poseso por el Diablo. Esto me lo explicó el después de que quedó liberado con el exorcismo. Era un muchacho muy lindo, simpático agradable, no sé cómo se le ocurrió hacer un pacto con el Diablo para ganar el corazón de las mujeres, las hubiera ganado sin el Diablo. Al contrario lo único que ganó fue acortar su vida, porque yo pienso que si vivió tan poco tiempo es porque la presencia diabólica en su cuerpo le tiene que haber afectado la salud. Eso no va dejando buenos rastros en el alma y en el cuerpo. Este pobre muchacho se acortó la vida inútilmente.

- ¿Cómo era cuando estaba endemoniado?

- Hacía un gruñido como un cerdo. Atacaba. Intentó ahorcar a uno. La gente le tenía miedo. Y cuando él veía que llevaba agua bendita salía a campo traviesa, como era en Olmos que era todo campo. Cuando se sentía bien decía "agárreme, agárreme, que después viene". Cuando venía el diablo él se disparaba, ya no era dueño de sus actos. Y así lo tomaron, lo llevaron a la parroquia San Cayetano, me llamaron a mí para que participara hicimos el exorcismo y esta historia me la relató él estando en el suelo sobre una alfombra contándome como había sido su vida anterior. Eso me contó cuando ya quedó liberado. Ahora que lo pienso, éste fue el primero que yo vi. Después el segundo lo hicimos acá con esta chica que tenía veintitantos años.

La "torta embrujada"

El segundo exorcismo del padre Mancuso lo realizó a una catequista que comió una "torta embrujada" de frutillas que le dio la suegra. Fue en 1984, según recordó. La chica se iba a casar pero la madre del novio pensaba que no era la indicada para su hijo.

Según reconstruyó el padre, la señora consultó a un brujo y éste le dio un preparado y le pidió que lo mezclara en una torta para la chica. Después de comer la torta la catequista comenzó a sentirse mal, vomitaba y perdía la conciencia. Luego cambió la personalidad, insultaba y parecía demente. En algunos momentos ella misma aseguraba tener una presencia maligna, el cura de su parroquia la escucho y fue a buscar a Mancuso.

Pasó un tiempo para que el párroco, ahora retirado, tenga permiso de la Iglesia para practicar el ritual según su consideración. En ese entonces, el obispo de La Plata era Antonio Plaza y era encargado de autorizar cada una de las intervenciones. Ahora el monseñor Héctor Aguer le ha dado permiso especial a Mancuso para realizar esas ceremonias según su criterio.

- ¿Dónde se hacen los exorcismos?

- Se hacen en cualquier parte, con tal de que sea un lugar decente. Yo lo hice a veces en la iglesia, otras veces en el salón parroquial. Es un ritual, nada más que oraciones y conminación al demonio para que se retire. Lo mando al demonio, a que se vaya en nombre de Cristo. No hay nada misterioso. A veces, se establece un diálogo nada amistoso entre el sacerdote y el Diablo.

- Uno se imagina lo mismo que pasa en las películas.

- Para nada. La película es una obra de arte. Entonces hacen las cosas lo más embellecidas posible para que sea taquillera porque si no, no llamaría la atención. Todo es falseado, se lo ha exagerado. Yo nunca vi esas cosas y creo que no las voy a volver a ver tampoco. Lo que se ve es una persona que vomita por ahí si está descompuesta. Que está sobre una alfombra, que dice malas palabras y el Diablo se expresa a través de ella. Tampoco habla lengua desconocida, lo que pasa es que a veces bajo esa emoción hace un "glogloglo" que la gente que no entiende de lengua piensa que es una lengua misteriosa. No hay lengua misteriosa, solamente que no puede expresarse bien.

- Usted atribuye las posesiones a las sectas ¿Quiere decir que reconoce otros demonios o espíritus además de Dios?

- No, no, no. El poder es de Dios solamente. El Demonio es un ángel creado por Dios que se reveló contra el plan de Dios y está perturbando la obra de Dios. Es el que le mete palos en la rueda a la obra de Dios. Pero es una obra de Dios, que si quisiera podría eliminar pero no lo va hacer, lo deja actuar. Como Dios del mal saca bien, cuando la gente soporta las tentaciones y desdichas que vienen del Maligno la gente alcanza mayor grado de santidad. Quiere decir que la persecución del mal en la vida de un ser humano redunda en bien del alma porque la purifica de sus pecados y la eleva a un grado de perfección superior. Así que el Demonio no se sale con la suya. Pierde.

Un verdadero milagro

Suena el teléfono en la oficina del párroco. Es una madre que escuchó hablar del padre y le aseguraron que curó a una chica con fibrosis quística. Un "verdadero milagro", asegura después Carlos Mancuso a LA CAPITAL desde un sillón desvencijado.

La mujer quiere que el padre vea a su hija porque padece de un síndrome que hace que sus ovarios sean pequeños. Son cerca de las siete de la tarde y el cura le recomienda que vea a un ginecólogo. "El padre no la va a curar", le dice a través del teléfono. La mujer insiste y le repite sobre la curación de la fibrosis quística. Mancuso devuelve: "Eso ocurrió una vez y no va a volver a pasar. Fue un milagro de Dios".

La madre desesperada por el problema de su hija no renuncia. Antes de colgar aseguró al padre retirado ir a visitarlo después del 21 de agosto en la iglesia san Francisco de Asís de la ciudad, donde Mancuso seguirá recibiendo a "los fieles y a los infieles", como él los llama.

- ¿Es difícil discernir cuándo uno está poseído o tiene otra cosa?

- El discernimiento es difícil. Uno después va como creando un sexto sentido. Que es como le pasa a los médicos que desarrollan una cierta sensibilidad cuando te ven. Al sacerdote le pasa lo mismo. Con los años empecé a discernir las enfermedades mentales que son muy variadas. Si tiene una enfermedad mental la bendición la va a hacer bien, no lo va a curar. Como esta mujer que tiene los ovarios de la hija pequeños.

El sacerdote sólo volvió al tema. El pedido de la madre le quedó en la cabeza y saber que alguien escuchaba la conversación lo obliga a explicar. "No se van a agrandar los varios porque yo le dé una bendición. Lo de la curación de la fibrosis quística lo cuento a título de un hecho maravilloso pero no quiere decir que todos los chicos se van a curar. Había muchísimos muertos en Jerusalén y Jesús resucitó al hijo de Lázaro, los demás quedaron muertos y enterrados. Claro, tampoco Jesucristo lo hizo y es el hijo de Dios. Es decir que tampoco hay que exagerar", se sincera.

- Es muy sincero cuando se trata de cosas delicadas.

- Frontal. Yo trato de poner a la gente en la realidad porque hay gente que vuela en las alas de Pegaso. En la vida real no hay Pegaso, los caballos tienen cuatro patas y nada más. Entonces a la gente hay que darle la realidad. Señora usted va a traer a su hija con los ovarios pequeñitos y se va a llevar a la nena con los ovarios pequeñitos, no es mi función hacer eso. Y que Dios hace un milagro con un chico que tiene un quiste, bueno, pero es una familia muy creyente una familia llena de fe. Una vez sucedió pero no va a volver a suceder. Estoy seguro que si viene otro chico con fibrosis quística no le pasa nada. Porque el milagro es la suspensión de la ley natural pero el mundo se rige por leyes naturales no por suspensiones. Entonces tenemos que ser un poco fríos y cautos y poner las cosas en su lugar. Si usted la quiere traer le damos la bendición y manda a su chica de vuelta. A ese chico le di la bendición no le hice más nada.

- ¿Las posesiones y los exorcismos tampoco son del orden natural?

- Hay tres órdenes, el natural, el sobrenatural y el orden preternatural. La gente habla del orden sobrenatural y no es así, el orden sobrenatural es la gracia y Dios. Es el orden preternatural que está en el medio. Es el orden de las cosas angélicas. Están por encima de la naturaleza y por debajo de la gloria de Dios.

- ¿Cuántos casos reales tuvo?

- No te puedo decir eso, yo no llevo cuenta.

- Pero no son sólo estos dos.

- No claro, hay varios. Pueden ser cuatro o cinco por año a lo mejor. Así que pueden haber sido 40 casos. Tampoco sabremos nunca cuántos fueron reales del todo. Viene una persona con unas tremendas alteraciones yo le hago un exorcismo y se va curado.

- ¿Tenía un demonio?

- Qué sé yo.

- ¿Pero lo curó?

- Se curó. Yo no digo más nada. A él tampoco le interesa, se siente más feliz que un perro con dos colas.

 

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