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12-12-2010

Los jardines perdidos de Chauvín

José Francisco Chauvín fue el florista de la aristocracia en las primeras décadas del siglo XX. Explotó un predio de 18 hectáreas en la zona del actual Hospital Privado de Comunidad. Allí levantó su casa y montó una obra maestra del paisajismo. El barrio, que lleva su nombre, guarda algunos recuerdos de aquellos jardines perdidos.

Una serie de fotos recibidas en el marco del proyecto Fotos de Familia nos recuerdan que hubo en la ciudad un lugar paradisíaco llamado Villa Chauvín.

El arquitecto Roberto Cova -con sus años de investigación y su memoria- nos ayuda a reconstruir la historia de aquel lugar y de su artífice, un florista que alcanzó el esplendor y tuvo un final trágico.

"Se llamaba José Francisco Chauvín -dice Cova- y sabemos que era uruguayo e hijo de franceses. Llegó a Buenos Aires, aparentemente empezó de abajo y prosperó porque era un visionario".

El comienzo de la historia de Chauvín en Mar del Plata debe ubicarse, según Cova, en la primera década del siglo XX, cuando compró 18 hectáreas delimitadas por las calles Juan B Justo, Matheu, Córdoba y una línea imaginaria entre Hipólito Yrigoyen y Mitre.

Allí Chauvín, que contrajo enlace pero no tuvo hijos, construyó su residencia y, además de cultivar flores, trazó jardines paradisíacos ornamentados con fuentes y esculturas.

"Chauvín -dice Cova- era un visionario. Realizaba lo que se denomina "cultivo forzado". Para ello había instalado calderas que llevaban calor a los viveros por túneles subterráneos".

Además, tenía un local de venta de flores naturales en la Rambla Lasalle, la última de madera antes de la inauguración de la Bristol en 1913.

"La gente que deseaba visitar Villa Chauvín tenía que anotarse en dicho local y luego se la invitaba, previa selección. Se dice que el presidente Marcelo Torcuato de Alvear y su esposa Regina iban a tomar el té a los jardines de Chauvín", comenta Cova.

Además, el próspero florista tenía su local en pleno centro de la metrópoli, ya que en aquellos años era el abastecedor de la aristocracia porteña.

Cova apunta que "todos los días a las 18 salía de Mar del Plata el "tren del pescado". Una formación ferroviaria llegaba desde el puerto hasta la estación del ferrocarril con la carga de pescado que era despachada hacia Buenos Aires. Ese tren tenía vía libre, y en uno de sus vagones iban las flores de Chauvín, debidamente acondicionadas y humectadas para que llegaran frescas a Buenos Aires".

Cuando a principios de la década del '30 comenzó a tomar cuerpo el proyecto de la ruta entre Mar del Plata y Buenos Aires, Chauvín se mostró entusiasmado con un proyecto que jamás llegó a realizar: el trazado de grandes jardines y parques a lo largo del camino.

Cova recuerda que Chauvín se suicidó en 1935 por causas que sólo se conocen con grado de presunción. Los terrenos fueron loteados y dieron lugar a otras historias que Cova relata con abundancia de detalles pintorescos

La residencia del florista fue demolida y en el predio avanzó la obra del Hospital Privado de Comunidad. Cova fija sus últimos recuerdos del lugar en la década del '60.

Los árboles centenarios que hoy embellecen los parques que subsisten en la zona fueron sembrados por Chauvín. Las esculturas y maceteros del Jardín Azul y Rojo -así se llamaban, de acuerdo a la tonalidad de la vegetación- salieron de aquel paraíso para ornamentar plazas de la ciudad. Y el barrio heredó el nombre de aquel hombre que soñaba con parques y jardines a la vera del camino entre Mar del Plata y Buenos Aires.