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15-03-2015

Avanzan las gestiones para que la ciudad tenga un submarino museo

Es el San Luis, que tuvo una actuación destacada en la Guerra de Malvinas y permanece en desuso en el astillero Domecq. La mayoría de sus tripulantes viven en Mar del Plata y la zona.

"Fue una preocupación constante para los comandantes de la Marina Real", reconoció el capitán de navío británico John Morgan. "Se convirtió en la única amenaza real para los británicos", analizaron en Estados Unidos. "Escribió una de las páginas más heroicas de nuestra Armada", se repite en los círculos militares de Argentina.

Los elogios tienen un único destinatario: el submarino San Luis, que tuvo una actuación destacada durante la Guerra de Malvinas y un grupo de submarinistas y ex tripulantes busca trasladar a Mar del Plata para convertirlo en museo.

"La intención es ponerlo en la escollera Norte y que sea atendido por los propios veteranos de guerra del año 82, para que ellos mismos cuenten la historia", contó a LA CAPITAL Sergio Campagnoli, integrante de la Asociación Civil Museo Histórico Submarino San Luis, la entidad en la que se agruparon los impulsores de la iniciativa.

En 1997 el buque fue declarado en desuso. El Poder Ejecutivo facultó al Estado Mayor General de la armada a que "proceda a su venta" previo al "retiro de abordo de todos aquellos elementos y materiales que pueden ser de utilidad para el servicio naval". Pero determinó que, en caso de que no lo pudiera vender, podía concesionarlo "como buque museo".

Esa posibilidad comenzó a tomar forma en 2007, cuando nació la asociación que ideó la iniciativa, dio sus primeros pasos en gestiones ante la Armada y se consolidó en los últimos días, cuando el diputado nacional Alberto Asseff (UNIR-Frente Renovador) presentó un proyecto de ley con ese objetivo.

La propuesta contempla enajenar libre de todo gravamen e impuestos al submarino San Luis a favor de la Asociación Museo Histórico con el fin de destinarlo exclusivamente "a buque museo" y "contribuir a la memoria perpetua de las acciones llevadas a cabo en el conflicto bélico por la recuperación y defensa de nuestras islas Malvinas".

De aprobarse, la ley autorizaría al estado Mayor General de la Armada a trasladarlo desde Buenos Aires (está en el astillero Domecq) a Mar del Plata para "su emplazamiento 'en seco' sobre el sector medio de la escollera Norte".

"Mar del Plata fue la base del submarino. Salió de acá y tiene que volver acá", dijo Delfino Vargas, uno de sus tripulantes en la guerra. "Es importante traerlo a la ciudad porque la gran mayoría de nosotros vivimos acá y en la zona", comentó Eduardo Lavarello, que en 1982 fue uno de los tripulantes más jóvenes: se subió con apenas 21 años, recién egresado de la Escuela de Submarinos.

La asociación busca que el buque no permanezca en desuso, no se oxide ni se venda. "Ahora está preservado, por afuera está pintado con antióxido. Pero tenemos que verlo para ver cómo está por dentro. Seguramente habrá que restaurar algunas partes", estimó Campagnoli, que si bien no participó de la contienda en el San Luis es un entendido en la materia: fue tripulante del destructor Hércules.

Bajo el comando del capitán de fragata Fernando Azcueta, el San Luis zarpó de la Base Naval Mar del Plata el 11 de abril de 1982 para hacer pruebas de mar previas a su despliegue. Cuando a los dos días regresó, recibió la orden de "desgastar a la fuerza incursora expedicionaria británica" para "contribuir a mantener y consolidar la conquista de Malvinas".

En 40 días, y pese a que operó con sólo tres de sus cuatro motores diésel y tuvo fuera de servicio la computadora del sistema de armas, llevó a cabo tres ataques. Claro que también debió soportar un hostigamiento de 22 horas por parte de una fuerza de buques y helicópteros.

"Enfrentó por sí solo a la flota británica, la mejor entrenada del mundo en guerra submarina. Y si bien no pudo hundir ningún buque británico por defecto de sus torpedos, causó verdadero pánico entre la marinería", elogió el diputado Asseff entre los fundamentos de su proyecto de ley, en el que también propone declararlo "de interés histórico nacional".

En 1990, el buque permaneció 59 días en el mar: navegó 6.253 millas náuticas y estuvo inmerso 799 horas para realizar adiestramiento básico, pruebas de recepción de la corbeta Clase Espora y ejercicios antisubmarinos.

En 1994 ingresó al astillero Domecq para su modificación de media vida: había que cortarle el casco para permitir el cambio de sus motores y los 480 elementos de sus baterías. "Lamentablemente, por razones presupuestarias, estas tareas no se cumplieron", sostuvo el diputado. Y el buque quedó depositado en el astillero.

Más de veinte años después, Campagnoli, Lavarello y Vargas se muestran entusiasmados con el avance de las gestiones para convertirlo en museo. "Tenemos que conseguir la tierra. Estamos en tratativas con el municipio. Necesitamos 100 metros para poner el submarino", coinciden, y agradecen el apoyo del concejal Carlos Arroyo (Agrupación Atlántica).

El 24 de abril, cuando se conmemore en Mar del Plata un nuevo aniversario del bautismo de fuego de la Fuerza de Submarinos, la asociación donará a la Armada un cofre para preservar la bandera de guerra del buque, exhibida en el museo de submarinos, ubicado en la escollera Norte, donde quizá algún día comparta visitantes y prestigio con el histórico San Luis.