14 de April de 2015

El olor de las harineras de pescado en el puerto, un problema sin solución

Desde hace muchos años la ciudad sufre un conflicto ambiental en la zona del Puerto que afecta a muchos sectores de nuestra comunidad.

Las industrias elaboradoras de harina de pescado son empresas importantes en el circuito productivo, porque además de generar empleo, producen un materia prima de calidad empleada para la elaboración de alimentos balanceados para animales. Y procesan para la elaboración de esa harina, restos de pescado provenientes de la industria pesquera que serían de muy difícil disposición final. Es decir, convierten residuos en materia prima.

Pero la displicencia de muchos años por parte de organismos públicos encargados de controlar las externalidades ambientales de esa producción (efluentes gaseosos -malos olores- y líquidos) llevó en los últimos años a agudizar el conflicto con aquellos sectores que sufren sus consecuencias.

Por una parte los malos olores que afectan principalmente a barrios vecinos -entre ellos Puerto, Colinas de Peralta Ramos, Punta Mogotes, etc.- y que perjudican la calidad de vida de miles de personas, y por otra, el impacto que genera en las colectoras cloacales y en la Planta de Pretratamiento, el vuelco de un efluente líquido que contiene un alto porcentajes de grasas que dificultan su tránsito y posterior disposición en el mar.

El turismo, afectado

Otra cuestión a tener en cuenta es el impacto negativo que los malos olores generados por estas industrias tiene sobre otra actividad productiva: el turismo. El Complejo de Punta Mogotes concentra la principal oferta de sombra de nuestra costa y hay días con condiciones climáticas particulares, que se convierte en insoportable estar en esas playas. Es histórico el reclamo de los agentes inmobiliarios y otros comerciantes de la zona de Punta Mogotes y Faro Norte por este tema.

Años atrás, por el empeño de la defensora del pueblo de la Municipalidad de General Pueyrredon, Beatriz Arza, se logró coordinar el accionar de distintos organismos públicos con responsabilidad en el control de estas industrias. A partir de allí se vivió un conflicto judicial con una de las tres fábricas en particular, Moliendas del Sur, que tuvo repercusión pública. Los avatares de las distintas instancias judiciales permitieron seguir a la empresa volcar a la cloaca efluentes líquidos fuera de los límites admitidos por la ley, pero Obras Sanitarias Sociedad de Estado, logró hace poco tiempo, una medida judicial que terminó con esa situación.

Y llamativamente el conflicto se reavivó. Para muchos, Moliendas del Sur era, por su histórica falta de compromiso ambiental la ?responsable? de los malos olores en la zona. Pero está cerrada, y durante los meses de verano y principalmente marzo, los barrios cercanos se vieron invadidos por los fétidos olores del procesamiento de la harina. De acuerdo a los responsables de las áreas de control, las otras dos empresas, si bien no habían alcanzado los parámetros de vuelco a cloaca exigidos por la legislación, venían incorporando mejoras tecnológicas en el tratamiento de los efluentes líquidos en forma sostenida, evidenciando una actitud diferente a la fabricada cerrada.

Una propuesta...

Hoy el debate sobre las harineras tomó nueva dimensión, y hubo declaraciones de un funcionario provincial del área portuaria que planteó cómo solución trasladar a otras zonas del partido a las harineras. Es llamativo que quienes tienen la obligación de controlar la actividad industrial portuaria propongan mudanzas en lugar de ir al fondo de la cuestión. La mejor localización de esas industrias procesadoras de residuos tienen que tener una obvia cercanía con las fábricas que los producen, y a la vez tienen que cumplir con las normas legales necesarias para evitar que las molestias y los costos ambientales de esa producción los paguemos -y los suframos- todos los marplatenses.

Mudar las harineras sin resolver el tema de sus externalidades, es esconder la harina debajo de la alfombra. Y encima, con olor a pescado podrido.

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